CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

El Silvio de siempre: necio y ariguanabense

Por: María Fernanda Ferrer

26 de Diciembre de 2016

El pasado viernes 23 de diciembre, en el recién maquillado anfiteatro de San Antonio de los Baños, en la actual provincia de Artemisa, el trovador Silvio Rodríguez —hijo de esa tierra— ofreció un concierto, que intentaremos reseñar en estas líneas.

A las seis en punto de la tarde, según lo anunciado —y en un coliseo que poco a poco fue rebosándose de un público cómplice (cubanos y de otras latitudes) y representativo de varias generaciones—, comenzó el concierto con Yawar, veterano grupo ariguanabense que se ha mantenido fiel a la tradición trovadoresca durante décadas. Yawar quiso —quizás por un sentido de elemental reciprocidad — centrar su presentación en temas de la autoría de Silvio: La gota de rocío, un Imaginada en tiempo de chachachá, Venga la esperanza y Canción urgente para Nicaragua. Concluyó con Motivos, poema musicalizado del intelectual, escritor y destacado revolucionario Rubén Martínez Villena (1899-1934).

Luego llegó a la tarima el doctor Giraldo Alayón, integrante del Grupo Amigos del río, que impulsa una sistemática y sostenida campaña para “salvar el Ariguanabo”, río que nace y muere en el territorio y que otrora fue el orgullo del pueblo: lamentablemente hoy sus aguas se muestran contaminadas, sucias e insalubres, pero aun así se mantiene intacto el sentido de pertenencia y fidelidad de los habitantes de San Antonio hacia él.

Recordó el doctor Alayón que “hace aproximadamente un millón de años, comenzaron a correr las aguas del río Ariguanabo”. En  esa época —dijo— aún nuestra especie sapiens no existía, faltaban casi setecientos cincuenta mil años para establecerse: “Río y bosques, desde aquellas tempranas edades, formaban una unidad indisoluble. Nuestros propios desechos fueron contaminando al río Ariguanabo y ya en nuestra época sus aguas no corren cristalinas y limpias. Aquella unidad de bosque y río se ve amenazada y resquebrajada”.

Se ha dicho, apuntó  Giraldo Alayón, que “el río no tiene dueño, pero hoy estamos en este concierto para expresar, entre otras cosas, que el río Ariguanabo está en los corazones y en la voluntad de los ariguanabenses de nacimiento y de adopción y que vamos a luchar por devolverle su limpieza y su salud”.

De inmediato dio lectura a unas palabras que Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, hizo llegar vía correo electrónico: “Hoy es 23 de diciembre y Silviano llegará con sus músicos formidables y su tropa de imprescindibles para ofrecer el concierto de este mes en los barrios —la gira interminable y feliz y generosa— en el terruño natal de San Antonio de los Baños. No podré estar allí en la tarima improvisada anunciando los libros que se donarán a las gentes del Ariguanabo, porque me ha tocado, por casualidad, estar ‘lejos de la casa y el árbol’ en estos  días. Pero estaré. Estoy. Estoy diciéndoles a las hermanas y los hermanos del terruño querido, donde han decidido adoptarme de alguna manera como Amigo de Río, como Victoriano de las Causas (de las buenas, de las mejores causas), que estoy, cómo no, y que estaré siempre con ustedes (que es estar con nosotros), salvando un río, regalando una canción, acercando un libro, es decir, dando amor —que tanta falta hace”.

Y de inmediato se supo que —gracias a los esfuerzos coordinados entre el Centro Pablo, el Instituto Cubano del Libro y de los Estudios Ojalá— se donó una  biblioteca para la Escuela primaria José Martí, enclavada en San Antonio, localidad también conocida como “la villa del humor”.

SILVIO EN CONCIERTO

Varios aspectos hay que subrayar —y también aplaudir— de este concierto que forma parte del proyecto La gira por los barrios, que Silvio viene desarrollando en los últimos años. Hay que significar que el trovador fue enlazando tema tras tema, pero con pensado concepto, es decir, fue hilvanando canciones muy conocidas —que siempre establecen un lazo de complicidad con el público y que se agradecen sobremanera— con otras incluidas en su más reciente proyecto discográfico: Amoríos. Pero también cantó otras que son muy recientes y que aún no han sido atrapadas en soporte sonoro. Me pregunto: ¿será que conformarán un nuevo proyecto aún en ciernes? Probablemente, ojalá.

Tanto los temas incluidos en Amoríos como otros muy conocidos poseen una sonoridad absolutamente nueva: se percibe que se ha trabajado en colectivo y, seguramente, la mano del maestro Jorge Aragón (piano y orquestaciones) y la de Emilio Vega (vibráfono y percusión) están detrás de cada propuesta. El empaque total del concierto, es decir la sonoridad final entregada es, a no dudarlo, uno de los signos del trabajo —colegiado y colectivo— más reciente de Rodríguez.

Comenzó el recital —que tuvo como telón de fondo una hermosa e inmensa bandera cubana— con el tema Una canción de amor esta noche, incluida en Amoríos: Una canción de amor que se mueve / fuera del odio, el miedo, el quizás; /será de por si tú me quieres, / será canción por si tú te vas / Una canción.

A la muy conocida Balada de Elpidio Valdés —gracias a los nuevos arreglos— sonó muy contemporánea y singular, al igual que El reparador de sueños: siempre llega el enanito, / con sus herramientas de aflojar los odios, de apretar amores / siempre llega el enanito, siempre oreja adentro con afán risueño de enmendar lo roto.

Continuó con “una rumbita”, también del disco Amoríos, Día de agua de la que dijo Silvio: “la compuse hace algunos años, por supuesto viendo llover”. Pero la gran diferencia está en su poética: todos hemos visto la lluvia caer, pero pocos logramos hermosas imágenes: a la ventana le han salido dientes, / dientes de agua de lluvia en blanca red. / Más para allá se está mojando el lunes / para aliviarle al año su vieja sed.

Luego llegó su emblemática y conmovedora Tonada del albedrío: dijo Guevara el hermoso, viendo al África llorar/ en el imperio mañoso, nunca se debe confiar / nunca se debe confiar/ y dijo el Che legendario /  como sembrando una flor / al buen revolucionario solo lo mueve el amor / solo lo mueve el amor. /  Dijo Guevara el humano / que ninguna intelectual / debe ser asalariado del pensamiento, del pensamiento oficial / debe dar tristeza y frío ser un hombre artificial / cabeza sin albedrío, corazón condicional / mínimamente soy mío, ay, pedacito mortal. El hondo vuelo alcanzado hace que uno sienta que es un tema absolutamente renovado y, aunque uno conozca la letra de la canción, la siente y percibe renacida: Y, como para remarcar su actualidad, Silvio comentó: “muchas cosas dijo el Che”.

El mayor, dedicada al patriota cubano Ignacio Agramonte y que ha sido himno para más de una generación de cubanos, fue la siguiente propuesta. Igual, aplaudir la orquestación: va cabalgando, sobre una palma escrita / y a la distancia de cien años, resucita. / Brota sobre la espuma, seguido por un mar/ de negros en machete y sin encadenar. / Ordena su corneta, el toque de a degüello / y a un siglo de distancia entona nuestra canción.

El necio, uno de los temas más contundentes y de marcado compromiso, se ha concebido a partir de un concepto que lo remite a uno a danza guerrera en la que, particularmente, el vibráfono de Vega alcanza una altura mayor: me vienen a convidar a que no piense / me vienen a convidar a que no pierda / me vienen a convidar a indefinirme / me vienen a convidar a tanta mierda.

“Hace años musicalicé estas dos estrofas de su maravillosa poesía”, refiriéndose a Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena, “poeta de Alquízar, muy cerquita de aquí, uno de mis preferidos”, dijo Silvio.

Continuó con Viene la cosa, tema nuevo y necesario para lo que se nos avecina: Viene la cosa / Viene la cosa, / viene por todos lados / viene la cosa, rescribiendo el pasado // // porque viene una cosa, que solo la sinceridad destroza.

Para no botar el sofá, también un tema reciente y que tiene inflexiones y cierto olor a rock, deviene anclaje de principios y una clara declaratoria contra el oportunismo y la burocracia: que poco favor a las luces / que inútil y amargo disfraz / mientras lo prohibido seduce, sin tener que usar antifaz / no quiero el abrazo  con horma / ni el beso con obligación / no  quiero que vicios y dogmas dispongan en mi corazón. / Los vi truncar publicaciones inteligentes / y descalificar canciones por diferentes. 

Querer tener riendas  —que pertenece al disco Amoríos y está dedicada “a Sara González, en memoria”— es una bellísima canción de amor: Cuando me conduzcas no me apartes / del acantilado o del desastre / déjame correr la misma suerte / del que caminara con la muerte. / Pero cuando subas a mi cuerpo, / asegura que ya esté despierto. / Amar es como rodar un coche /. Por el precipicio de la noche. / Y ante tal peligro es muy humano /querer tener riendas en las manos.  

Le siguió un exquisito bloque de temas muy conocidos como Pequeña serenata diurna, La era y Ángel para un final, que fueron coreados y larguísimamente ovacionados; concluidos, Silvio deseó “¡mucha felicidades para todos!” y agradeció a “los invisibles/imprescindibles como les decimos siempre”, es decir, a todos aquellos que desde la logística hacen posible los conciertos. Igualmente agradeció el trabajo de los músicos con quien trabaja: Jorge Aragón (piano), Jorge Reyes (contrabajo), Oliver Valdés (batería y percusión), Emilio Vega (vibráfono y percusión).

Ante la insistencia del público entonó La tatagua —sinceramente no sé si es un tema nuevo o retomado, pero de un lirismo impresionante— y Quiero saber, que sí es nuevo, y concluyó con el antológico Ojalá: ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baje por tu cuerpo / ojalá que la luna pueda salir sin ti / ojalá que la tierra no te bese los pasos / ojala se te acabe la mirada constante / la sonrisa perfecta / ojalá pase algo que te borre de pronto / una luz cegadora / un disparo de nieve / ojalá por lo menos que te lleve la muerte.

Con este último concierto, cierra Silvio un agitado 2016 en el que ha llevado su música y poética  a distintas plazas y parques de humildes barrios cubanos, algo que hay que agradecer: sigue siendo un trovador comprometido y necio —igual que su canción— que no duda en poner acentos y usar su palabra para, desde la más hermosa lírica, criticar errores y fijar posturas. Creo que ahí está una de las claves que lo ha hecho, luego de varias décadas, seguir siendo el brioso Silvio fundador del llamado Movimiento de la Nueva Trova. Los años pasan y sigue mostrándose como un convocador de multitudes y mantiene fresca su capacidad y lucidez para hilvanar ideas. Solo que tiene que cuidarse un poco la voz, que ya se muestra un tanto dañada.

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