EL TIEMPO QUE NOS TOCO VIVIR O EL ESPIRITU DE UNA ÉPOCA

Por: María Fernanda Ferrer

13 de Febrero de 2018

Por: María Fernanda Ferrer

El tiempo que nos tocó vivir, de Jorge C. Oliva, fue una de las novedades entregadas por Ediciones La Memoria a la Feria Internacional del Libro, que puso punto final el domingo último en su capítulo habanero.

El libro –presentado por su prologuista, el doctor Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí en la Casa del ALBA Cultural de la capital cubana–, cuenta la historia de un grupo de amigos en un barrio habanero, de la década del 50 hasta los 90 del siglo pasado, narrada por uno de sus miembros.

El protagonista, Joaquín Ortega, un muchacho a punto de entrar en la Universidad, se ve dividido entre los amigos, sus amores y la lucha contra el régimen de Batista; su vida evoluciona en paralelo con la historia de la Revolución, en la que el pueblo se ve involucrado desde los comienzos. Con Joaquín se recorre nuestra historia reciente desde el mismo golpe de Estado, ya que, junto a sus asuntos personales, describe los eventos nacionales e internacionales que vivieron y que influyeron en sus vidas, para bien o para mal.

Esta obra es el testimonio histórico de una generación que luchó por la Revolución Cubana, narrada con una atrapante polifonía de voces que se entretejen en dos tiempos: el primero, “el tiempo de crecer y de morir”, abarca siete días durante la dictadura de Fulgencio Batista, y el segundo, “el tiempo de luchar y de vencer”, doce meses durante los primeros 30 años de la Revolución Cubana.

Jorge C. Oliva describe los ambientes donde se desarrollan los hechos y nos pinta con maestría el escenario de una época y de unos personajes que persiguieron sueños, sufrieron desengaños, pero nunca perdieron la esperanza.

En sus palabras de presentación el doctor Torres Cuevas, felicitó “muy sinceramente” a Ediciones La Memoria –que es el sello editorial del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau–  por su aniversario 20: “la Editorial ha hecho una labor sumamente meritoria porque el problema no es leer sino qué se lee y tener un libro en la mano con el cual dialogar”.

Significó el historiador que existen “muchos olvidados” y rescatar la memoria es esencial y, de inmediato, le preguntó al auditorio: “¿cuántos cubanos saben que el 18 de febrero se cumple el 200 aniversario del natalicio de Perucho Figueredo?, ¿quién se ha acordado de Figueredo?” Y contó que, recientemente, solicitó buscar en la Biblioteca Nacional todo lo que se atesora y conserva de Figueredo: “solo encontré cuatro folletos y ninguno pasa de 30 cuartillas y Figueredo no tiene ni una sola biografía; con suerte, si preguntas, te van contestar que es el autor del Himno Nacional. Tenemos realmente una historia impresionante que no está en el conocimiento popular”, enfatizó.

El tiempo que nos tocó vivir, puntualizó, es “una obra que se adentra en el relato de los hechos del acontecer diario” –los que no son noticia, los que no están en los periódicos-, que constituyen la parte humana e individual de esa historia, el “espíritu de una época” y, a la vez, la individualidad espiritual que le dio vida”.

Comentó Torres Cuevas que el autor le contó la triste historia de que “la novela había sido publicada en España sin su consentimiento”, y narró cómo un entrañable alumno de Oliva había manipulado su nombre, publicando la obra y traicionando su confianza: “me comprometí con Jorge C. a escribir este prólogo cómplice y crítico aunque en ese momento no había la certeza de que el libro se fuera a publicar aquí. Sin embargo, la negra y juguetona muerte le impidió al autor el disfrute de ver la edición cubana de su novela, que era uno de sus sueños”.

En El tiempo que nos tocó vivir –insistió el académico– hay momentos en que todos necesitamos pensar la propia historia; necesitamos un momento en el cual uno analice lo que ha hecho y lo que ha vivido. Y hay un tiempo –el que nos tocó vivir– que en muchos sentidos es un tiempo pasado. Nuestros nietos no están aquí y, probablemente, les cueste trabajo leer   porque esta es una época en que el libro no es lo más atractivo: “el libro de contenido es una forma de honrar la memoria y el mundo del espectáculo trata de que la memoria se pierda. Muchas veces cuando se me habla de la memoria histórica yo digo: ¡un momento!, son dos cosas distintas. La Historia es otra cosa y la memoria es lo que se recuerda y cada generación parte de una tabla rasa y crea, va construyendo, su memoria”.

Insistió en que su generación construyó su memoria, mientras que los que pertenecen a una generación más joven tienen la responsabilidad de construir la suya propia; “tienen su historia, pero su memoria no es la nuestra. Y hay que tener la conciencia absoluta de que no se trata de que nos reunamos un grupo de personas –en el mejor de los casos que suman años por encima de los cincuenta–: lo que hay que lograr es que los jóvenes lean. Por todo eso tengo la firme convicción de que hay que publicar libros como éste”, sentenció.

Finalmente dijo el prologuista que El tiempo que nos tocó vivir –integrado a la Colección Coloquios y Testimonios–, “es un libro importante y no tanto para una lectura colectiva sino para una lectura silenciosa, en un diálogo entre el lector y el autor”, concluyó.    

 

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