CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

EL TINTO: UN TEMERARIO DE LA IMAGINACION Y LA TENACIDAD

Por: María Fernanda Ferrer

16 de Noviembre de 2017

El pasado domingo 12 de noviembre a pesar de una intermitente, insistente y amenazadora lluvia en patio de las yagrumas del Centro Pablo,  Vicente Feliú, uno de los trovadores cubanos más emblemático y comprometido con su tiempo, tiene que haber estado feliz: ese día, allí, entre “hermanos de oficio”, familia y amigos, le celebraron sus muy bien llevados 70 años.

Aproximadamente a las 5:30 de la tarde sonaron los acordes habituales que los asiduos a los conciertos A guitarra limpia sabemos son el tiro de arrancada para el inicio del recital que esta ocasión tuvo un doble significado: no solo fue homenajear “al Tinto” sino también celebrar el Aniversario 19 de ese proyecto que –reconózcase o no- ha sido vital para sostener, alentar, e impulsar la nueva trova, género esencial de la cultura musical cubana, pero que, lamentablemente, en estos momentos no es, como debería ser, de interés prioritario ni de las disqueras ni de los medios de comunicación.

El poeta y cineasta, Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, situado en la calle Muralla de la vieja Habana, al presentar  el concierto aseguró que el título del recital –Créeme que seguimos siguiendo– engloba muchos aspectos, entre ellos las “poéticas políticas” que es “la propuesta centropabliana de que la poesía participe y se comprometa, a su manera, desde su territorio, con la realidad que nos rodea –esa que para entendernos llamamos casi siempre la vida”.

Insistió que la política tiene que tratar de “alcanzar, incluir y practicar algo de la magia, de la comunicación, de la belleza que la poesía se propone y algunas a veces logra” y de inmediato recordó que a los temerarios de la imaginación y la tenacidad pertenece A guitarra limpia desde que una tarde de 1998 se sentó en el modesto escenario Santiaguito Feliú, quien regaló el primer concierto de ese proyecto que inició un ciclo que ha incluido hasta el momento: “más de 160 conciertos, casi un centenar de discos producidos, carteles y obras gráficas, audiovisuales y presencia constante en los territorios imprescindibles y complejos de la Red, emisiones radiales, cuadernos y libros: todo lo posible (y a veces lo imposible) para que todas las generaciones y todas las tendencias de la nueva trova construyeran y defendieran con sus canciones este espacio de todas y de todos, cuya existencia tenaz, no exenta de atascos pasajeros o incomprensiones, estamos felizmente celebrando hoy”.

“Al  hacerlo, insistió Casaus, agradecemos a quienes han ofrecido apoyos decisivos: en primer lugar, a todas las trovadoras y los trovadores que han pasado por este escenario; y a la gente amiga y solidaria como nuestro hermano Silvio o las instituciones como el Ministerio de Cultura y su ministro, nuestro amigo Abel Prieto”.

Reveló que este concierto dedicado a Feliú muestra ese “espíritu solidario, cómplice y latinoamericano que también es necesario defender hoy” y aclaró que la idea surgió de un grupo de trovadoras y trovadores integrantes de Canto de todos, el espacio que Vicente ha animado y defendido, contra viento y marea, durante años”.

Dijo que la forma en que se estructuró el concierto, es decir, alternando a músicos cubanos con los que viajaron especialmente para cantarle a Vicente desde Argentina, Colombia, Brasil y Paraguay confirma que  “somos, de verdad, diversos en nuestra unidad y coincidentes en la búsqueda y la defensa de nuestras músicas auténticas y necesarios en este mundo globalizado en que vivimos. Aquí están y aquí estamos. Créanme que trataremos de seguir siguiendo”, concluyó.

El primer invitado fue el argentino Gabo Sequeira, quien dijo sentirse emocionado de estar ahí, cantándole a Vicente sus canciones “algo que me compromete aún más”. El tercer tema que interpretó Sequeira lo hizo acompañado por el guitarrista concertista cubano Alejandro Valdés, quien merece párrafo aparte. Esa noche Alejandro no solo ejecutó el tema Carnaval No. 3 con alta maestría sino que acompañó a varios de los músicos invitados, incluso, salvando escollos provocados por la lluvia y que impidieron cumplir rigurosamente el programa previsto y ensayado: Valdés contribuyó, decisivamente, a que el piano fuera sustituido por la guitarra sin que eso restara brillo a cada tema, además hay que congratularlo por la manera altamente profesional con que asumió ese reto: para el público todo fluyó sin que, casi, se percatara, pero sin duda eso implica una gran tensión de última hora, un imprevisto que solo con talento, entrega y capacidad se logra salvar. Estoy segura que Alejandro lo hubiera hecho en cualquier otra circunstancia, pero esta era especial porque se trataba de Vicente, “uno de sus amigos más queridos”, me dijo al término del concierto.

Continuó el colombiano Jaz Arenas, -acompañado por Oscar Alfonso en la percusión- quien cantó al cimarronaje, a los que siembran y le quiso regalar “al maestro” su versión del tema de Vicente, “Una canción necesaria”.

Siguió Pepe Ordás, que como siempre nos deja con ganas, y entonó un solo tema (“Ángel de amor”): “es que Vicente me pidió que lo cantara y con gusto lo complazco”, dijo. No obstante, creo que todos nos quedamos con deseos de escucharle, al menos, una canción más.

Llegó Karel García, quien inicialmente interpretaría tres canciones, pero todo varió para bien y es que la vida es mucho más rica y sorprendente que un programa preconcebido: leyó una suerte de elegía a Vicente en la que resumió, con palabras exactas, la magnitud de la obra de un hombre de izquierda, un revolucionario y también un raigal seguidor de las ideas del Che Guevara.  No podía ser de otra manera, Pepe Ordás, Aurora de los Andes Feliú, Karel y el propio Vicente, subieron al escenario y compartieron “14 versos por Guevara”.

Continuó A guitarra limpia con la participación Pedro Munhoz (acompañado por Joao Przyczynski en la armónica); el brasileño, que es un trovador muy emocional y comunicativo puso acento en su vocación latinoamericana y fue de los decires de la chilena Violeta Parra con el tema “Volver a los 17”, a preguntarse, “¿Quién tiene el coraje?” para concluir con su versión de “La felicidad”, de Feliú.

A mi juicio uno de los momentos más cálidos del concierto -no solo por su hermosa y timbrada voz y excelente afinación- fue el de Ricardo Flecha, que vino de Paraguay a cantarle a Vicente. Y lo hizo, a pesar de la lluvia que impidió que Oscar Fadlala lo acompañara en los teclados, lo que, obviamente, obligó a variar el repertorio. Flecha improvisó y ahí regresó la guitarra de Alejandro Valdés para asistirlo. No podía Flecha irse del patio de las yagrumas sin cantar en el idioma guaraní y así lo hizo con su voz de  tenorino, es decir, como un tenor ligero que canta con voz de falsete. “Créeme”, el tema más representativo de Feliú, lo hicieron compartido, pero sobre todo, disfrutado. Eso, creo, tampoco estaba en el programa inicial.

El concierto debía culminar con seis temas, todos de Vicente, cantados por su hija Aurora de los Andes, acompañada por el joven trovador Rey Montalvo, pero lamentablemente la lluvia impidió que se escucharan todos, pero lo que sí no pudo empañar fue el espíritu de hermandad, de solidaridad y de cariño que caracterizaron la celebración de las siete décadas de Vicente Feliú.

Prensa

COMENTARIOS

Novedades Ediciones La Memoria

Elpidio4
Elpidio3
Elpidio2
Elpidio1
pág-2
Elpidio-Valdés-sus-inicios