EN LA OLLA DE SAN TELMO…

Por: Estrella Diaz

23 de Septiembre de 2019

Por: Estrella Díaz

 Este domingo 22 de septiembre me estremecí ante la olla de San Telmo… Me habían advertido que sería una “experiencia única”. Y es cierto, pero no por “única” —en muchos sentidos— menos desgarradora, dura y difícil.

Llegamos pasadas las diez de la mañana y desde antes de las nueve –según nos comentaron— ya “muchos se habían acercado”: irrumpió en el lugar el “grupo de cubanos” que por estos días viven agitados momentos argentinos: el poeta Víctor Casaus, el trovador Ángel Quintero, la argentina-cubana María Santucho y quien suscribe estos desordenados y poco pensados párrafos.

La olla de San Telmo —que lleva el nombre del barrio en que está enclavada y se ubica en el mismísimo centro histórico de Buenos Aires, San Juan y Piedra, Barrio de San Telmo— es una experiencia comunitaria que nació en el año 2001 y que aún hoy se mantiene. ¡Cada domingo! se propicia un encuentro para que la gente “se reconozca”, hable entre sí de sus problemas, de sus angustias, de sus incertidumbres, de sus penas y, si es posible… de sus esperanzas. Pero lo esencial, lo que verdaderamente los convoca a ir a ese sitio, es a disfrutar (a comer) un caldo, caliente,  enjundioso, ¡necesario! que se prepara en grandes calderos gracias a la SOLIDARIDAD.

Y cuando escribo esa palabra es que comienza a tener sentido su verdadero significado: son personas que viven “en situación de calle”; gentes que no tienen un hogar ni “una mínima pieza” donde resguardarse en este aún agudo invierno bonaerense y que encuentran en la Olla de San Telmo una mano amiga, una mirada solidaria, un oído presto. Los vecinos cercanos que tienen comercios aportan lo suyo gratuitamente: arroz, carne, verduras… todo lo que pueda ser utilizado para confeccionar ese caldo esencial, que da vida.

Pero a pesar de la precariedad, no pudo haber público mejor: el poeta leyó sus versos, el trovador cantó lo suyo y la periodista habló de Cuba: silencio casi total, ojos atentos, miradas entre asombradas y enojadas… Un niño de apenas dos años juega con vasos de papel como si el mundo fuera suyo… ¿Será cierto que el sol sale para todos? Me viene a la mente Lucas, mi nieto, que tiene una edad similar y me quedo callada. Pienso en Cuba, en “la coyuntura”, en la falta de transporte público, en el calor asfixiante de La Habana… también otras muchas cosas hermosas que tenemos y que, por cotidianas, no apreciamos en su verdadero valor ni magnitud.

La Olla de San Telmo hierve y un olor peculiar emana de ella: yo solo pienso y me estremezco.

 

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