CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

ENTREVISTA A JORGE FELIX HERRERA: “DECIR LA LENIN ES DECIR AMOR ETERNO A UNA ESCUELA QUE NOS ENORGULLECIÓ A TODOS»

Por: Shaima Legon Garcia

14 de Diciembre de 2020

ENTREVISTA A JORGE FELIX HERRERA: “DECIR LA LENIN ES DECIR AMOR ETERNO A UNA ESCUELA QUE NOS ENORGULLECIÓ A TODOS”.

Por Shaima Legón

Jorge Félix Herrera Duharte (La Habana, 23 junio de1961) se graduó de ingeniería industrial en la CUJAE.  El pasado año 2019 presentó el proyecto Que nos queremos tanto. Historiografía de la quinta graduación de la Escuela Vocacional Lenin a los Premios Memoria que convoca el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau desde 1996.

El objetivo del Premio, es promover el género testimonio y la historia oral. Al mismo tiempo, se propone contribuir al rescate de nuestra historia pasada y reciente, mediante la publicación de obras que, por su contenido y elaboración literaria, amplíen las posibilidades expresivas de un género que reclama mayor difusión en el panorama cultural del país.

Jorge Felix, obtuvo la beca y no solo propuso el proyecto investigativo para construir un futuro libro lleno de anécdotas y testimonios valiosos, y emotivos, sino que lleva apasionadamente la coordinación de encuentros virtuales y presenciales, reuniones, fiestas y ha creado hasta una aplicación móvil para reunir en una base de datos, información de todos los integrantes y no dejar pasar ni un cumpleaños. Además, hace un extenso trabajo en redes sociales «con los de aquí y los de allá».  Lo cierto es que, “La Lenin es extraordinario fenómeno de comunicación social”, sostuvo jocosamente en una entrevista telefónica.

Félix, ha demostrado que mantener unido al numeroso grupo es mucho más que un hobby, recuperar las voces de su generación, atar los hilos del pasado, revivir lo que él y muchos consideran la mejor etapa de la vida, es el objetivo que persigue con su proyecto.

 ¿Qué representa La Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin para usted, qué quisiera resaltar sobre su generación y esa experiencia compartida?

Más de veinte años rememorando siempre los tiempos de estudiantes en esa ciudad escolar de sueños, de la cual fuimos la primera generación que empezó desde 7mo siendo aún niños y saliendo casi adultos, donde la mayoría se enamoró allí por primera vez. Nunca falta quien comente que somos una especie de masones o algo así, y no se equivocan en el calificativo, todavía nos preguntamos cuál es la química que existe para que actuemos de esta manera, quizás en este testimonio de apretada síntesis esté la respuesta.

Vale la pena resaltar que realmente tenemos todos, o casi todos, un gran sentido de pertenencia que nos une, que nos atrae, que nos hace sentir más que orgullosos de haber estudiado y vivido los mejores años de estudiantes en la Lenin.

Decir La Lenin es decir amor eterno a una escuela que nos enorgulleció a todos. Decir La Lenin es seguir soñando, de cuando en vez, con una escuela que sigue marcando fuerte a cada nueva generación que allí se gradúa. Decir la Lenin es brindar día tras día un hermoso homenaje de recordación a nuestros compañeros de grado, algunos fallecidos muy jóvenes. Decir La Lenin es decir Unidad y Hermandad de todos nosotros, no importa el camino que hayan escogido otros, no importa el país donde vivan, no importa la ideología que tengan, porque ellos saben respetar la nuestra, la de los que nos quedamos; a pesar de las fronteras y las distancias, tratamos de mantenernos unidos a cualquier precio y por cualquier vía.

¿Cómo y cuándo surge la idea del proyecto?

La idea de este proyecto surgió 20 años después de haber salido de la escuela, algunos se reunieron en una casa con un grupito y de ahí se fueron extendiendo las citaciones y se llegaron a agrupar en grandes encuentros que no dejaron de hacerse a partir del año 2000 cada 4 meses. Llegamos a agrupar cientos de estudiantes en Cuba y a mantenernos comunicados 1000 y pico, lo mismo en nuestros encuentros aquí como en Estados Unidos, México y España, dónde hay mayoría, pero estamos dispersos en el mundo, en 26 países y tenemos un sistema de aviso para todo, en el que nos ayudamos ante cualquier problema de salud o catástrofe, como fue el caso del Tornando que nos azotó en La Habana. Por todo lo expuesto es que escogemos este tema, dada la unión manifiesta que hay entre tantos ex alumnos que hace 47 años se encontraron con 12 años en una escuela y nunca más se han separado.

¿Qué expectativas y aspiraciones tiene el proyecto?

Con nuestro proyecto de unificación que se denomina Que nos queremos tanto, pretendemos que todo el mundo conozca que en Cuba existen varias generaciones iniciales y sobre todo la nuestra, que se identifica con la escuela, queremos que sepan que no debe haber escuela en el mundo  que haya mantenido juntos tantos ex alumnos con ese sentido de hermandad y responsabilidad, dónde se han formado profesionales excelentes y figuras que hoy nos representan en el Gobierno y de los cuales nos sentimos orgullosos.

A la graduación V Aniversario pertenecen el actor Luis Alberto García, el analista internacional Santiago Pérez, el Viceministro de Cultura Fernando Rojas, la médico y escritora Laidi Fernández de Juan, la Directora de Inversiones de La Habana Vieja y el proyecto Malecón, María Isabel Martínez, el comentarista internacional y conductor del programa Pasaje a lo Desconocido, Reinaldo Taladrid y muchos otros, la lista es interminable.

¿Recomendaciones para futuros y actuales estudiantes de la Lenin?

Un inconfundible aplauso de la escuela con alguna versión propia de la juventud nos identifica en cada lugar del mundo donde estemos. Seguro estoy que en cualquier aeropuerto del mundo un Leninista da el aplauso de la escuela y al menos uno saldrá a nuestro encuentro a saludarnos. Eso quedó marcado para siempre en nuestra piel y yo específicamente fui más allá de esa marca y quise dejarla imborrable, tatuándome el monograma o distintivo en el hombro izquierdo, el cual llevo y llevaré siempre con orgullo. A los futuros becarios, que no dejen morir nunca esa magia que tiene la Lenin desde su fundación y que hoy perdura y que nos hace sentir importantes, sea cuál sea la graduación

¿Que ha sido lo más complejo de llevar a cabo en este proyecto testimonial?

Todo ha sido complejo en este proyecto, unificar 1035 estudiantes ha sido duro, solo nos quedan por recuperar unos 70 compañeros y compañeras que no sabemos dónde están, pero los buscaremos a toda costa. Hay tanta solidaridad entre nosotros que nada nos ha sido imposible. Más complejo ha sido tratar de que alguien se interese por este proyecto y publicar un libro sobre nuestras vivencias durante estos 47 años. No hay recursos, pero nuestra verdad debe ser conocida para que el mundo sepa que la idea original de crear una escuela basada en la ideología y el precepto de Estudio- Trabajo funcionó como un reloj y a pesar de que no todo fue bonito en nuestra estancia, la balanza se inclinó a favor de lo que valió la pena.

Testimonio de Adelaida Fernández de Juan (Laidi)

Por un momento pensé que la brevedad que se exige para este texto era responsable de mi reticencia. Me debatía en el conflicto de no quedar fuera, pero a la vez me consideraba incapaz de resumir en una cuartilla el significado que tiene La Lenin para mí. Como no me salían las palabras (por muy escuetas que resultaran), busqué otros pretextos: Mucho trabajo pendiente, los festejos de fin de año y un monótono etcétera. Sin embargo, no era suficiente. Con disciplina, me senté ante la temible hoja en blanco, volví a leer el instructivo (tiene forma de proyecto sugerente, pero se notan las instrucciones) y fue entonces cuando descubrí el verdadero motivo de mi demora al escribir: La pregunta iniciática está en pasado.

Ya se ha dicho del peculiar y misterioso sentido de pertenencia que genera la Lenin en todos sus egresados. Alguien ha contado sus experiencias al enfrentarse al mundo de la beca con sólo doce años. Muchos narran anécdotas divertidas, momentos difíciles (hasta trágicos), y, en fin, el tema “Lenin” nos persigue a todos como un fantasma ineludible.

Nosotros nos saludamos por las calles, nos ayudamos como masones y los que han resultado más afortunados en la vida auxilian a los menos. Cada uno de nosotros aspira a que sus hijos logren ingresar en la escuela (cuestión cada vez más engorrosa, por cierto) y guardamos fotos, monogramas, postales (hasta un aplauso inconfundible) y recuerdos, muchos recuerdos enterrados. Salvaguardados más bien. De la ponzoñosa caminata del tiempo, de la corrosiva cotidianidad y del espantoso envejecimiento que nos viene encima. Pero el tiempo es el secreto: La Lenin logra que con sólo mencionarla, el tiempo se detenga. No podemos hablar de lo que significó: Al conjuro de su nombre (y sólo así) volvemos a ser aquellos adolescentes pletóricos de ilusiones que aprendimos a cerrar filas ante la agresividad de los demás, porque despertábamos envidia rabiosa con el cuento de que éramos superdotados (nosotros siempre supimos que no, pero ¿qué otra cosa podíamos hacer?). No importa qué ha sido de nosotros, lo maravilloso es la complicidad que otorga la resistencia que aprendimos en esa escuela. Quienes tuvimos, además, la suerte de graduarnos en el Pico Turquino, no sabíamos de la importancia de contemplar a Cuba desde lo más alto. Han transcurrido 27 años desde entonces, y me encantaría volver a tener la inconciencia de protagonizar momentos profundos sin enterarme.

Ojalá que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos sientan el mismo regocijo de nosotros por haber vivido los mejores años en esa hechicera que es y seguirá siendo la Escuela Lenin. Gustosamente, se la dejamos en testamento. Sólo así lograremos que sean ellos un poco parecidos a nosotros, al menos, en cuanto a felicidad se refiere.

 

 

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