Por: Centro Pablo
9 de Julio de 2021
Frida Kahlo retratada por el colombiano Leo Matiz en 1944
Por: Brujas proyecto cultural feminista
Estamos promediando la semana en la que se resume la vida de Frida Kahlo. Aunque distanciados por 47 años, los días 6 y 13 de julio son el inicio y el fin de la vida de esta mujer que rompió con todos los moldes posibles.
Existe bibliografía en abundancia para comprender cada una de las facetas de la mexicana, adentrarse en su universo creativo es tarea seria y ardua dada su prolífera producción. Su vida social y amorosa es un tema aparte que ha sido indagado a veces incluso en planos muy poco respetuosos. Pero en este caso queremos, simplemente, trazar unas pinceladas acerca del ícono, del símbolo que con fuerza descomunal se erige como bandera de muchas luchas feministas. Frida representaba la rebeldía desde su más tierna edad, se consideraba hija de la Revolución Mexicana y apenas en su adolescencia ya se permitía jugar en los retratos familiares vistiendo trajes de varón, desafiando así los preceptos machistas de la época. La moda es una herramienta con la que Kahlo, una esteta de ojo sagaz y convicciones profundas, transgredió permanentemente los límites del género y la etnia, utilizando no sólo ropajes asignados a la masculinidad, sino entremezclando las ropas típicas de la cultura oxaqueña con prendas europeas, en rotunda declaración de principios acerca de la igualdad de los pueblos. Los vellos en su rostro, empatados con las flores en su cabello, generaron un marco indivisible de la lucha de muchas vertientes feministas, siendo tal vez una de sus herencias más potentes y determinantes cuando de simbología hablamos. Frida tenía muy clara la ética de la estética y alzaba la voz desde su propio cuerpo maltrecho, atacado por la polio y por el accidente que la postró y la parió pintora a la vez. Dijo: “Me pinto a mí misma porque soy lo que mejor conozco” develando así una lógica militante clara desde el hecho plástico, allí se permitió hablar de todo, con solvencia y en un nuevo y claro desafío a los cánones de la época que dejaban esos espacios reservados simplemente a los hombres. Al mismo tiempo que penetraba con un mensaje implícito en su obra, el compromiso sociopolítico no cesaba, siendo una defensora acérrima del socialismo, de la clase obrera y los derechos aborigenistas, nuevamente ocupando de hecho espacios que solamente eran reservados para los hombres.
Frida Kalho es probablemente el mayor ícono latinoamericano cuando de feminismos en el arte hablamos, entendiendo siempre que el arte es político y la estética se corresponde a una ética que se sostiene, no sólo en el lienzo o en las ropas, sino también a viva voz.
Esta es apenas una instantánea, un recorte ínfimo del universo vasto que en apenas 47 años fundó esta enorme mujer, ojalá sirva como disparador para adentrarse en su obra, su vida, su legado y las significancias del peso de esta figura que trasciende todos los límites.
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Prensa
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