GENEROSO FUNCASTA, EL FOTÓGRAFO AMIGO DE PABLO

Por: Centro Pablo

29 de Mayo de 2018

Por Mabiel Hidalgo Martínez

A principios de la década del treinta del pasado siglo, Generoso Funcasta ya ocupaba un lugar destacado entre los fotógrafos de prensa de la capital cubana. Joven aún, pues había nacido en La Habana el 1 de julio de 1908, su apellido firmaba los reportajes fotográficos de importantes diarios y revistas de la época como Carteles, en la que comenzó a trabajar con sólo 19 años, y el Heraldo de Cuba, diario que acogió sus primeras fotos, al inicio como ayudante de Enrique Kiko Figarola y más tarde en la nómina oficial de los fotógrafos.

Junto al experimentado Kiko Figarola, su maestro en la fotografía, formaron una dupla que inmortalizó en imágenes sucesos reveladores de la historia de la República. Con posterioridad a la caída de Machado y al cierre del Heraldo, el diario Ahora fue escenario ideal para desarrollar la labor fotoperiodística de Funcasta y también fortalecer la amistad con el periodista Pablo de la Torriente Brau.

Pablo sentía gran aprecio hacia Funcasta, compañero de batallas periodísticas, hombre leal, buen amigo; la anécdota contada por José Zacarías Tallet, también periodista de Ahora, así lo confirma. Un día llegaron a la redacción de dicho diario tres fotógrafos preguntando por Funcasta y como éste no se encontraba, se quedaron a esperarlo. Pablo estaba sentado cerca de los hombres, trabajando en su máquina de escribir y ante la demora de Funcasta los sujetos empezaron a ofender su nombre, ante lo cual Pablo no se hizo esperar y “en un santiamén, se levantó de su puesto y arremetió él solo contra los tres tipos aquellos ¡a piñazo limpio!, y los dejó a los tres muy mal parados (…) y lo único que les dijo fue: -Oigan, Funcasta no está aquí… ¡pero aquí estoy yo! “1.

El rostro de Pablo quedó inmortalizado por la cámara de Funcasta. La foto que le hiciera a principios de los años treinta, presenta el perfil del joven Pablo, con boina y mirada reflexiva, muy a tono con su pensamiento.

Durante el exilio de Pablo en New York, luego del fracaso de la huelga de marzo de 1935, la correspondencia cruzada por el cronista con sus amigos cubanos, evoca más de una vez, el afecto hacia Funcasta y los intereses que lo obligaban a recurrir al fotógrafo. La primera vez que le mandó saludos en su condición de exiliado fue a través de Luis Gómez Wangüemert, el 9 de abril de 1935, pidiéndole además su dirección. Wangüemert era amigo de Funcasta y ambos trabajaban en la revista Carteles.

El 10 de mayo de 1935 Pablo les envía una misiva a Kiko y Funcasta, y los llama “Queridos amigos”2. Por esos días Pablo estaba abrumado y se lo hace saber a los fotógrafos, porque le había llegado la noticia de la muerte de Guiteras y Aponte en El Morrillo. Las crónicas que publicara en Ahora sobre el luchador venezolano y la gratitud que sentía hacia la madre de éste eran motivos suficientes para consternarlo. En la carta les comenta que ante la muerte de Guiteras, las posibilidades del triunfo se alejan cada vez más. Les manifiesta su interés porque le conserven copia de las “fotografías del terror que se vayan publicando (…) para, si algún día puedo volver vivo, poder realizar el trabajo que tanto empeño tenía en hacer sobre el terror en Cuba”3 .

En otro momento les aconseja que tengan prudencia, que se cuiden, y que no le firmen las cartas cuando le escriban, pues él tiene elementos para reconocer a quién pertenecen. Pablo teme por la seguridad de sus amigos en Cuba y más por estos colegas, que trabajaban para la prensa y colaboraban, en secreto, con los revolucionarios.

Pablo les comunica que “entre los papeles que se quedaron en casa, tengo particular interés en que me manden, por el conducto más seguro, la lista de los muertos de Isla de Pinos, que está en papel cebolla, y que tiene comentarios a lápiz”4. De igual modo, solicita le manden “una lista de las cosas que tengo por allá, por si alguna me interesa”5. La casa a la que Pablo alude era el inmueble sito en San Nicolás 112 que servía de laboratorio fotográfico a Funcasta y Kiko y quedaba en los bajos de la casa donde vivía la madre de Funcasta, María Boizán, uno de los lugares que acogió en absoluto secreto a Pablo, antes de partir a los Estados Unidos.

En el último párrafo le envía “saludos a la chiquita que más retratos se ha hecho en el mundo”6. La “chiquita” es Elvira, hija mayor de Funcasta que estaba próxima a cumplir 6 meses, pues había nacido el 21 de octubre de 1934; “y un recuerdo para las inolvidables fuentes de viandas de Kiko7, dieta que con rigor seguía éste, por su padecimiento renal y la que compartió con el amigo, en los momentos difíciles.

Para Pablo era importante recopilar la mayor cantidad de información gráfica relacionada con su trabajo anterior en Cuba y ese interés lo manifiesta una y otra vez en su epistolario. A través de Wangüemert le pide se comunique con Funcasta o Kiko porque necesita las copias fotostáticas de los documentos que publicó en Ahora y también fotos de Aponte. La revista Carteles publicó las fotografías tomadas por Funcasta a los cadáveres de Antonio Guiteras y Carlos Aponte en el Necrocomio de Matanzas.

El último saludo de Pablo a Funcasta le llegaría en otra de las cartas remitidas a Kiko Figarola, el 24 de enero de 1936, en la que le informa su quehacer en la preparación de una exposición sobre la realidad de Cuba para contrarrestar la campaña de la prensa norteamericana, por lo cual necesita la colaboración de sus amigos fotógrafos en la recopilación de imágenes del desolador panorama que se vivía en la Isla.

Fueron múltiples las oportunidades que tuvo Funcasta de tomar imágenes del acontecer político y social en los años republicanos, a riesgo muchas veces de su vida y sin la presencia física de Pablo, pero con el pensamiento y las ideas que él sembró, con las ansias de que se conociera la verdad de Cuba, como tantas veces su amigo anheló.

Fotos memorables de Funcasta, por solo citar algunas, como las del terremoto de Santiago de Cuba, el 3 de febrero de 1932; la del cadáver del joven revolucionario González Rubiera; las realizadas luego del ataque al Hotel Nacional en octubre de 1933; las instantáneas de la toma de posesión de los presidentes Gerardo Machado, Grau San Martín y Batista, así como las emblemáticas fotografías de deporte, en varias manifestaciones, constituyen un tesoro iconográfico.

La obra de Generoso Funcasta es uno de los testimonios gráficos más abarcadores en cuanto a temáticas de la historia de Cuba en la etapa republicana. Sus fotografías son crónicas de la sociedad que le tocó vivir y revelan la profunda sensibilidad de su creador, su compromiso con las causas nobles y la entereza del ser humano que dedicó gran parte de sus días a la fotografía de prensa.

1 Carr Parúas, Fernando. Cosas jocosas en poesía y prosa de la vida de José Z. Tallet. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 2007. p.246.

2 Cartas Cruzadas Vol 1, 1935. La Habana: Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2012. p. 77.

3 Idem. p. 78

4 Idem. p. p. 79, 80

5 Idem. p. 80

6 Idem. p. 80

7 Idem. p. 80

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