HOY POR HOY / EXPLÍCAME

Por: Laidi Fernandez de Juan

12 de Octubre de 2018

Por: Laidi Fernández de Juan

 Existen muchas formas coloquiales de expresión entre nosotros, como sucede en todas las culturas, y que van sufriendo transformaciones con el mismo vértigo con el cual el lenguaje cotidiano varía. Así, era frecuente que antes, la generación de nuestros padres dijera, por ejemplo: A Fulano le dieron calabazas; Ñámpiti Gorrión; Mengana es de cascos ligeros, por citar tres ejemplos. Nuestros hijos no entienden el significado de tales expresiones, como nosotros ignoramos el origen y la conveniencia de sustituir la palabra amigo o socio por Pápa, y no decimos, como ellos, que Tal cosa es fula, Me metieron el pie, Esperanceja es una creyente, Si eso nos vemos y No estoy pa esa talla.

Nosotros, los del medio, decimos que Tal medida es una cañona, Zutana es plástica, La cosa está de truco o de trancamoya, y que Vamos ahí, tirando, en la lucha. Es obvio que cada generación tiene sus propias maneras de comunicarse, sus códigos, y que a cada circunstancia le corresponde un vocabulario específico, estudio que pertenece a la sociología del lenguaje. No pretendo ser original al señalar tales cambios lingüísticos, aunque confieso que me divierten muchísimo.

Desde hace relativamente poco tiempo, escucho una frase algo enigmática, cuyo significado varía según el contexto, y a ella quiero dedicar esta mini reflexión sobre asuntos idiomáticos. Me refiero a No te puedo explicar. En ocasiones, significa el peor criterio sobre una obra, y en otras, quiere decir algo asi como Sin palabras, aunque, la mayoría de las veces queda suspendida en el aire, dispuesta a ser interpretada de distintas formas. La primera vez que la escuché, me causó risa. La segunda, me irritó, y al cabo de escasos años de oírla y por distintas causas, comprendo o creo comprender toda la hondura de lo que quiere expresar.

Ya es rutinario, por ejemplo, que ante una película mala, digamos Esto no se puede explicar. O que luego de sufrir desmanes en una cola, le contemos a las amistades que Aquello no se podía explicar. Porque hay cosas, situaciones, momentos, programas y propuestas que nos dejan, como diría un británico, speechless. Y a pesar de la ambigüedad de su significado, yo también he caído en la tentación de emplearla. En estos días, por ejemplo, un amigo me pidió que le explicara el Decreto Ley que aborda el complicado asunto del cuentapropismo en Cuba. Lo miré fijamente a los ojos, traté de organizar las ideas de forma que mi lenguaje transmitiera el cúmulo de sensaciones que me provoca esa disposición legal…pero lo que me salió como si fuera una escupida irrefrenable fue precisamente la frase de marras. La dije sin poder evitarlo: No te puedo explicar, y mi colega asintió. O sea, comprendió. Es mucho más expedito No te puedo explicar que clamar contra aquello que nos parece, honestamente, una medida abusiva, o peor, varias en un mismo Decreto Ley. Hoy por hoy, lo desconcertante es que eso mismo nos digan las autoridades encargadas de explicarnos, como debe ser, sin cortapisas ni lenguajes rebuscados que no entienden ni ellos mismos, ¿qué volá con ese cake?, o, lo que se le parece: ¿Hasta cuándo los Quince de Jacqueline?, si no fuera porque el tema es demasiado serio como para tirarlo a broma. El disgusto que ahora mismo sienten los integrantes del Sector no Estatal, es…algo…que No se puede explicar. Qué pena. Y qué preocupante.

Octubre, 2018.

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