HOY POR HOY / PREMIO PARA UN PREMIO

Por: Laidi Fernandez de Juan

26 de Febrero de 2018

 

Por: Laidi Fernández de Juan

Más allá de mi larga amistad con él; de su obra fabulosa y versátil; de la fama que ha alcanzado por su irreverencia, y de su colaboración en variados proyectos que involucran al público (Peñas como Llano Más, Lecturas en espacios como el de Frank Delgado en el Parque Metropolitano, en La Bombilla Verde, en el Proyecto Delta, por citar los más recientes), y de haber sido uno de los fundadores de lo que debería llamarse “El Nuevo Humor”, al dirigir y escribir la mayor parte de los guiones del grupo escénico NOS-Y-OTROS en la década dorada de los ochentas, resulta altamente gratificante que Eduardo del Llano sea el ganador del Premio Alejo Carpentier en Novela, este año 2018.

Antes de dejar plasmada la razón de mi regocijo por este premio de Eduardo, es sano referirme a algunos de los títulos de su obra édita, aclarando, de paso, que su contribución al arte cinematográfico es tan enjundiosa y prolífica como su desempeño en la literatura. En fechas ya lejanas, debutó en la narrativa cubana, con un estilo que lo acompaña hasta hoy, aunque lógicamente perfeccionado a estas alturas. Sus primeras novelas, Aventuras del caballero del Miembro Encogido (en colaboración con NOS-Y-OTROS) y Los doce apóstatas, escritas en 1993 y 1994 respectivamente, anunciaban al autor desenfadado y a la vez culto, a lo que se añade su increíble gusto por el buen humor (o por el buen gusto a secas), que hoy conocemos. De entonces a la fecha, más de veinticinco libros (entre novelas y cuentos) ha producido del Llano, además de su, como ya dije, abundante creación para el cine y otros soportes audiovisuales, entre lo que no que no puede dejar de mencionarse Kleines Tropicana, La película de Ana, y los peculiares y popularísimos cortos de Nicanor.

Teniendo en cuenta que hablo de un premio de Literatura, a esta manifestación artística he de ceñirme. Si tuviera que seleccionar cuáles de sus novelas prefiero (ardua tarea), citaría tres: Cuarentena (2012); Bonsai (2014), y La calle de la comedia (2016), aunque destacaría, entre sus millares de cuentos, uno que me parece francamente impecable, “Unplugged”, que fuera publicado en la revista Casa de las Américas, y más tarde, diera nombre a un todo un volumen de narraciones, publicado en Milán en el año 2008. Este cuento, en síntesis, trata de un Nicanor que se dedica a escribir sin mucho éxito, por lo cual decide fingir que abandona el país, y es entonces, en calidad de narrador maldito, cuando sus libros alcanzan gran popularidad, y son admirados, perseguidos, aclamados por el público. Un poco de esto sucede en nuestros predios: escritores que permanecen anclados en Cuba, contra vientos, mareas y cantos de sirena, son menos leídos que aquellos que deciden emigrar, excepto Leonardo Padura. Misterios de nuestra vida cultural. Así, Eduardo del Llano (no Nicanor, su criatura por antonomasia, su alter ego, su extraordinario personaje), aunque produce más que una hormiga de fábula, ha sido poco reconocido en términos de Premios y Distinciones. Doy fe de ello. En más de una ocasión, he integrado el Jurado de un certamen literario adonde Eduardo ha enviado alguno de sus libros, y a pesar de mi reclamo, no se ha alzado con el Premio, ya que el resto de mis colegas aduce que la literatura humorística… es muy divertida… muy balsámica… muy bien escrito este libro de Eduardo, pero NO para Premio. De los certámenes más importantes (que mejor pagan), ha sido el Italo Calvino la excepción para este autor. Lo ganó en 1996, y aún recuerdo la sorpresa de todos cuando recibimos la noticia. Me imagino la cara de Eduardo al saberlo: una rareza, sin dudas.

El prejuicio contra el humor literario permea el criterio de la selección de Buena Literatura, en mayúsculas. La batalla por el reconocimiento de la literatura humorística apenas comienza a mostrar algún fruto, y es por ello que este Premio de novela Alejo Carpentier, otorgado a Eduardo, reviste una importancia que trasciende la alegría de que sea un amigo quien lo obtenga. Justo días antes de que se hiciera público el veredicto, conversábamos del tema: ¿Por qué es tan difícil que se identifique dicho género como valedero? ¿Por qué razón la literatura policíaca ha logrado establecerse con total justeza, y no sucede lo mismo con la literatura humorística? Es obvio que ni Eduardo, ni Jorge Fernández Era ni yo (somos un trio obseso por el asunto, y juntos hemos ideado proyectos que al cabo fracasan), pretendemos que solo por el hecho de que un libro sea humorístico, merezca atención. Eso sería tan simplista como irrelevante. No, nuestro reclamo se basa en la calidad narrativa, en el talento literario, en el buen hacer de una literatura que además, resulte humorística. La novela El enemigo, con la cual Eduardo del Llano ha ganado lo que se conoce como El Alejo, no solo es su premio, sino el de todos nosotros. Hay que felicitar, por tanto, al autor, y también al Jurado, rompedor AL FIN de una barrera que hasta ahora, parecía infranqueable. Sí, hoy por hoy, motivos para regocijarnos con la noticia son muchos. Y ahora toca esperar la publicación del libro, para admirar, divertirnos y aprender de este escritor, que no se cansa nunca, a pesar de los tantos palos que le da la vida. Felicidades, hermano nuestro.

Fin de febrero, 2018

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