CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

INCLUSIÓN, CONFIANZA, RESPETO Y COMPROMISO: ASIDEROS DEL CENTRO PABLO

Por: María Fernanda Ferrer

20 de Diciembre de 2016

“Hace veinte años al fundarse el Centro teníamos el propósito inicial de preservar la memoria de Pablo de la Torriente Brau, pero sus objetivos fundacionales se fueron enriqueciendo y ampliando en las dos últimas décadas a partir del deslumbramiento y la emoción”, subrayó Víctor Casaus, director de esa institución que desarrolla proyectos de marcado impacto socio-cultural.

El también poeta y cineasta, participó el pasado viernes 16 en un encuentro realizado en la céntrica librería Fayad Jamís —ubicada en la calle Obispo, en la parte antigua de la ciudad— donde el anfitrión, el periodista y crítico Fernando Rodríguez Sosa, fue, poco a poco, a través de indagadoras preguntas intentando revelar algunas claves que han hecho que el Centro Cultural Pablo de la Torreinte Brau exhiba una “hoja de servicio impresionante para la cultura en la Isla”.

Rodríguez Sosa, en el espacio El elogio oportuno que se realiza una vez al mes, quiso conocer, de primera mano, algunos de los proyectos que impulsa el Centro como A guitarra limpia —dedicada a promocionar todas las generaciones y tendencias de la nueva trova—, los Salones de Arte Digital —encaminados a desarrollar esa manifestación entre los jóvenes creadores—, el quehacer de la Sala Majadahonda —en la que se han realizado significativas exposiciones de artes visuales—,  el proyecto Palabra viva —a partir de las agudas entrevistas realizadas por el periodista Orlando Castellanos— o Ediciones La Memoria —editorial que ha publicado un centenar de textos relacionados con la memoria histórica y el testimonio—, entre otras líneas de trabajo de la institución.

Durante el encuentro, que se extendió cerca de dos horas, el entrevistador preguntó: ¿cuál es la fórmula que ha permitido la coherencia en el hacer del Centro Pablo?, a lo que Casaus respondió: “Inclusión, confianza, respeto hacia el trabajo del artista y compromiso” y de inmediato acotó: “Cuando esos términos se unen reflejan el espíritu que el Centro Pablo ha puesto en práctica todos estos años”.

Recordó Casaus que cuando habla de inclusión “tiene que mencionar” la ayuda de los maestros —llámese Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, Julio Girona o Sara González, entre muchos otros: “Cada uno, desde sus distintas expresiones, ha sido parte” y —dijo— el respeto y la confianza de los jóvenes ha sido un elemento muy importante: “No somos repartidores de consejos, pero si alguien me pidiera una sugerencia, sería confiar en los jóvenes con la certeza de que ellos harán mejor las cosas”. Y de inmediato acotó: “En las nuevas condiciones todo se puede hacer salvando estos valores que ha hecho suyos el Centro Pablo, es decir, no negociar el país porque eso no sería salvar sino vender y en eso —estoy seguro— la mayoría de las cubanas y los cubanas no estaríamos de acuerdo”.

Recordó que otro de los valores que ha cultivado la institución es la solidaridad y la amistad: “En la historia de Cuba —y en otras también— hay modelos hermosos, por ejemplo, cuando uno piensa que Pablo conoció a Rubén Martínez Villena jugando pelota en la azotea del bufete del sabio don Fernando Ortiz, uno se emociona sabiendo que dos héroes de la patria cubana se relacionaron de esa manera tan simple y, a la vez, tan honda y tan cubana”.

En otro momento de su diálogo, Víctor Casaus reiteró que el compromiso de la institución se define a partir de dos palabras, que nacieron en estos años, y que “nadie la creó como una consigna”, pero que hemos hecho nuestras: “las poéticas políticas”. En todos estos años en el Centro Pablo hemos estado convencidos —y la vida nos ha dado la razón— que esos dos conceptos deben siempre ir juntos, “primero porque a la poesía le hace falta entender la política para completarse a sí misma y la política requiere de la poesía porque sin ella se convierte en repetición, en retórica y en ‘teque’, es decir, en elementos para alejar a la gente de un proyecto. Esa idea de las poéticas políticas ha sido lo que ha animado la posibilidad de haber hecho tantas cosas hermosas a lo largo de estos veinte años”.

El conductor del espacio, Fernando Rodríguez Sosa —de manera informal y sorpresiva—, invitó a la periodista Estrella Díaz a conversar sobre su relación de trabajo, de cerca de dieciocho años, con la institución: “Mi cercanía afectuosa y sincera con el Centro Pablo parte del respeto y de la firme convicción de que allí se cree en lo que se hace”, enfatizó. “Uno siente que detrás de cada proyecto hay una sustancia cultural, un deseo por mejorar, un interés por resaltar los mejores valores que poseemos como individuos y como nación”.

La joven Isamary  Aldama, editora jefa de Ediciones La Memoria, relacionó algunos títulos que serán presentados en la venidera Feria Internacional del Libro, a efectuarse en febrero próximo, en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, en la entrada de la bahía habanera; ellos son:  Los días de Manuel Octavio —consagrado a la memoria de un importante y algo olvidado cineasta cubano—, Pablo en Ahora —recopilación, en dos tomos, de textos publicados en el periódico habanero por Pablo de la Torriente Brau entre 1934 y 1935—, Soy de aquí —memorias de la doctora Adelaida de Juan, profesora de la Universidad de La Habana y una de las plumas más reconocidas en Cuba en el ámbito de la crítica de las artes plásticas en la Isla—, y dos recopilaciones de textos: Las crónicas de Segunda Cita, de Guillermo Rodríguez Rivera —publicados inicialmente en el blog Segunda cita, de Silvio Rodríguez— y otro consagrado a la trovadora Sara González —con reflexiones de prestigiosos creadores como el poeta y ensayista Sigfredo Ariel; Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura; la escritora Olga Martha Pérez, y la pintora y grabadora Diana Balboa, compañera de Sara por cerca de veinte años. Todos estos libros “son el resultado de un trabajo acucioso y cuidadoso”, significó la editora.

Finalmente, el trovador Juan Carlos Pérez —no hay forma mejor de concluir un encuentro/homenaje  a la institución que con trova—, agradeció “tanto develo, tanto cuidado, tanto amor” que hemos sentido y recibido de parte del  Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, un lugar que nos ha acogido como nadie y del que, los que somos honestos, estaremos en deuda siempre”, concluyó.

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