CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

IRIZARRY Y SU AMOR PUERTORRIQUEÑO POR CUBA

Por: jesus garcía

30 de Julio de 2019

IRIZARRY Y SU AMOR PUERTORRIQUEÑO POR CUBA

Por: Carina Pino Santos

La hermandad entre los pueblos de Puerto Rico y Cuba muestra su devenir hasta hoy en una historia caribeña plena de entrelazamientos etnográficos, antropológicos, culturales y desde luego, artísticos.

Recientemente la donación de un mural al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, creado por el artista puertorriqueño Carlos Irizarry ―que ha llegado a través de la Misión de Puerto Rico en La Habana―, es un ejemplo vívido de esa continuidad profundamente vital que alcanza a realizarse mediante el puente desde las artes visuales que enlaza las dos naciones en nuestro Caribe.

 Homenaje a Cuba, obra perteneciente a la última producción creativa del pintor, antes de su desaparición física hace solo dos años, fue realizado indudablemente por Irizarry con ese entrañable amor por nuestra patria que evidencia  cómo sentía a Cuba como su “otra” isla.

En la obra, Irizarry enhebra un discurso narrativo histórico, a través del cual despliega su larga experiencia en el diseño gráfico y el grabado mediante el realismo figurativo que prevaleció en su creación. A la vez, ese asumir del arte fue una arista significativa en su trayecto vital, palpable más allá del compromiso político y que se enhebra de forma indisoluble a su quehacer artístico, tal y como lo refleja la crítica de arte en  su país, algo que por otra parte ha signado generalmente la plástica puertorriqueña vinculada a la conciencia nacional.

En el caso de Irizarry, su modo de protesta anticolonialista estuvo de manera inextricable engarzada a su creación y su propia vida, hasta llegar a convertir inversamente lo político en un acto performático de protesta, y asumirlo como tal, incluso ante la dura realidad de la prisión por su posición de izquierda.

Del mismo modo resulta significativo su aporte al desarrollo de la historia del arte de Puerto Rico, donde se le reconoce como uno de los primeros en introducir la fotoserigrafía, que solía emplear junto al collage en su práctica artística. Colaboró en la fundación del Centro Nacional de las Artes en San Juan y abrió la Galería 63 con el fin de, como su director, exhibir arte vanguardista.

Es muy probable que su formación en la Escuela de Arte y Diseño de Nueva York contribuyera al predominio de un fuerte sentido gráfico en su obra. Además de artista, también Irizarry fue profesor de la Liga de Estudiantes de Arte en San Juan y de la Escuela de Artes Plásticas, Instituto de Cultura Puertorriqueña en esa ciudad. Irizarry fue reconocido con un Premio en Cartel por el capítulo de Puerto Rico en la Asociación Internacional de Críticos de Arte en 1992, y obras suyas se encuentran en colecciones del  Museo Metropolitano de Nueva York y el Museo de Arte Moderno de esa ciudad.

El artista quiso donar en vida esta obra al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, que se ha caracterizado por su relación afectiva y revolucionaria con el pueblo puertorriqueño, por lo que luego de su fallecimiento  esta ha llegado a La Habana, en calidad de préstamo permanente, mediante la colaboración de amigos puertorriqueños como Yolanda Guerrios y Elizam Escobar. La obra fue realizada a modo de mural político-social urbano,  semejante a los que en barrios cubanos solían verse sobre todo en la década de los setenta y ochenta,  donde se aprecian  personalidades y escenas históricas, aparecen figuras líderes de la Revolución Cubana y latinoamericana, fragmentos de periódicos cubanos y estadounidenses, paisajes urbanos de La Habana, así como citas a la plástica cubana y universal. Un mural que quizá el propio artista puertorriqueño pudiese haber bautizado con aquel conocido verso como lema: Puerto Rico y Cuba son de un pájaro las dos alas.

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