JORGE FUENTES: PISAR SOBRE LA PISADA DEL CHE

Por: Estrella Diaz

16 de Octubre de 2018

Por Estrella Díaz

El pasado miércoles 10 de octubre en el Cine Chaplin, del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, se estrenó el documental Ñancahuazú, de setenta minutos de duración, dirigido por el experimentado Jorge Fuentes, un realizador que en dos ocasiones anteriores se ha acercado a la vida y la obra del comandante guerrillero Ernesto Che Guevara.

Minutos antes del estreno del documental Fuentes, gentilmente, accedió a conversar en exclusiva con esta reportera: el tema inicial fue el antecedente y génesis de Ñancahuazú.

“En este 2018 Guevara cumplirá 90 años y el pasado año fue el aniversario 50 de su caída en Bolivia. En los últimos dos años me he concentrado no solo en recordar sino en reflexionar sobre sus pasos, sobre sus actos, sobre toda su lucha por América Latina. Este acercamiento me llevó a la conclusión de que muchos de los hechos que obligaron al Che a ser el revolucionario que fue, persisten hoy aun cuando ha habido cambios en América Latina -para bien en un momento, ahora, quizás, un poco para mal-. Le presenté la idea al ICAIC de hacer un documental que siguiera los pasos del Che porque quería mostrar la geografía, el ambiente, el escenario donde ocurrieron los hechos. Me parecía que hasta ahora era más literatura y periodismo que imagen, entonces había que ponerle imagen real a los hechos.

Los espectadores, los seguidores del ideario del Che, los lectores de cientos de libros que se han escrito tenían el derecho a ver con sus ojos donde ocurrieron los acontecimientos y de esta forma no tendrían que seguir imaginando el lugar: sería cuestión de verlo. Por ese camino –aunque sabíamos que iba a ser algo difícil puesto que era una zona selvática a más de mil metros sobre el nivel del mar en los lugares más bajos– íbamos a tener que hacer un gran esfuerzo para llegar a esos sitios. Por otro lado, si no se comienza nunca se sabe a qué lugar se puede llegar. Hicimos el recorrido por una parte del territorio boliviano, al sudeste de Bolivia donde el Che organizó la guerrilla, en el sur de la región de Santa Cruz, que es un sitio abrupto, difícil, agreste muy cerca del Chaco paraguayo.

¿Primera vez que visitabas Ñancahuazú?

 Ñancahuazú sí, Bolivia no; allí he estado desde el año 2004 –todavía Evo Morales no era presidente– impartiendo varios cursos en la Escuela de Cine de la Paz y, posteriormente, me involucré en un proyecto para organizar una escuela de cine de indígenas. Este proyecto se llevó a cabo en El Alto, que está en la Paz, la capital, pero en la altura, a cuatro mil 200 metros aproximadamente. Allí, durante cuatro años, estuve dando clases a estudiantes que procedían de todas las zonas indígenas y de El Alto, donde residen más de un millón de aimaras. Conocía el lugar porque había estado con anterioridad en la zona de Santa Cruz, en Valle Grande y en la Higuera, pero no en Ñancahuazú. Fue un documental que hubo que filmar e investigar al mismo tiempo.

¿Qué fue lo más difícil?

  Me parece que filmar cosas que, al final, tuvieran suficiente coherencia como para que el espectador pudiera discernir qué fue lo que pasó realmente desde el punto de vista militar, político, de las fuerzas que esos hombres tuvieron o dejaron de tener en un momento como resultado del clima desfavorable y con un terreno complejo. También entender que las condiciones políticas y de clandestinidad eran negativas. Es decir, que lo que se filmara realmente pudiera llevarnos por ese camino, por esa narración. Construir la narración fue lo más complicado por la sencilla razón de que podíamos filmar menos de lo que hiciera falta o, sencillamente, no encontrar nada de lo que hiciera falta.

No descubro nada al afirmar que el documental, como género, tiene sus códigos, sus manera de hacerse ¿Hasta qué punto lo testimonial ha sido definitorio en Ñancahuazú?

 El testimonio es muy importante porque, precisamente se basa en él: hay dos testimonios esenciales; uno es de Harry Villegas (Pombo), y el otro de Urbano (Tamayo) que se sabe son dos sobrevivientes del combate de El Yuro, donde capturan al Che.

Esos dos testimonios fueron determinantes. Pombo tiene un diario muy completo y como se sabe, el Diario del Che en Bolivia, está custodiado en el ministerio de relaciones exteriores de Cuba: junto al diario del Che, está el de Pombo. Ese diario ha sido publicado y Pombo ha dado otras entrevistas. Ese material ofrecía mucha información y traté de completar lo que no está en el diario ni en otras entrevistas. Tamayo había hablado poco y con él fuimos exhaustivos, sobre todo, en la zona del entrenamiento en Cuba, que de eso se sabía menos. Fuimos a ese lugar con el propósito de despertar la memoria de Tamayo y ahí conversamos largamente y eso está en el documental.

Tú afirmas que el documental tiene códigos y claves y es cierto, pero eso quiere decir también que las entrevistas no están completas. Es decir, sufren un proceso de edición y eso hace que muchas cosas queden fuera, no obstante aparecen esos dos testimonios que son esenciales y también varias conversaciones con campesinos que fuimos encontrando en el camino.

¿Fueron estos campesinos seleccionados?

 Fueron seleccionados en la medida en que fuimos caminando. Lo primero que tuve que hacer fue encontrar un guía: andaba con un mapa y, muchas veces, me perdí. Por ejemplo, buscando el lugar donde murió el grupo de Vilo Acuña me desorienté totalmente y al otro día tuve que volver a intentarlo por otro camino. Me di cuenta que sin un guía no iba a llegar a ningún lugar y encontré a un campesino que es cazador y conoce muy bien la zona –se llama Zamora. Ese hombre debe de tener en este momento cincuenta y tantos años y fue nuestra salvación.

Con su ayuda y los mapas fuimos a diferentes lugares. Tuvimos un problema y es que la geografía ha cambiado: el río no es como era, donde había un monte ya no lo hay… y una de las cosas que está presente en el documental es cómo ha avanzado el progreso. Por ejemplo, en La Higuera –lugar donde asesinaron al Che– hay luz eléctrica, Internet y una cantidad enorme de construcciones nuevas y hoteles. Los lugares siguen siendo sitios difíciles, escabrosos, pero sientes como la modernidad se expande.

En ese recorrido, que le costó al Che más de tres días porque lo que había eran malos caminos, hoy hay un puente esplendido y una carretera maravillosa y ciudades que han crecido como es el caso de Santa Cruz. Cuando el Che llegó allí eso no era lo que es hoy y ese aspecto está también reflejado en el documental: partí del principio de que si la película posee un carácter histórico, tiene que ser capaz de reflejar el presente porque de lo contrario no tiene sentido. Bolivia es hoy un país diferente al que conoció el Che, no obstante hicimos el mismo recorrido, pero esa carretera no tiene que ver, en lo absoluto, con la que él transitó. Por otra parte, en los testimonios –muy buenos, además– brindados por los campesinos ellos construyen una narración que en realidad es un poco fraccionada porque ya no es tampoco la verdad sino ‘su verdad’.  Es la memoria de algo que sucedió hace cincuenta años atrás cuando ellos tenían ocho o diez y tratan de recordar y lo que no recuerdan, lo inventan. Eso siempre sucede cuando uno está ante el hecho de la memoria e, incluso, resulta lo interesante.

Luego de haber estudiado tanto al Che y las circunstancias en lo llevaron a Bolivia y su paso por distintos puntos de la geografía de ese país, ¿qué te sigue sorprendiendo de la figura del Guerrillero Heroico?

 Hace veinte años realicé el primer documental sobre el Che y estuve en El Congo siguiéndole los pasos –el documental que se llamó Tatú, el Che en el Congo– y luego he hecho dos más. No creo que haga un cuarto, pero a mí lo que me impresiona es el desprendimiento del Che, su obsesión por la libertad: no es un deseo, es una obsesión por la igualdad, por encontrar un régimen social en el que se le haga justicia más que todo al hombre, a su naturaleza. Eso es lo que más me impresiona al margen de otras cosas; cuando uno estudia y tiene el privilegio de pisar sobre la pisada de Che, uno se percata que hay muchas cosas que salieron bien y otras mal; aspectos que estuvieron bien pensados y otros no, es decir, a estas alturas no puedo ver las cosas como resultado de esa misma indagación a la que aludes, no la puedo ver ingenuamente sino a partir del foco de un análisis que implica el conocimiento de muchas cosas. No es lo mismo el momento del surgimiento de la guerrilla a la posibilidad de analizar ese hecho cincuenta años después.

Todos hemos cambiado mucho y el mundo también ha cambiado enormemente. Pero, lo que persiste, lo que queda, es la intención del Che de salvar a los otros; hay una especie de mística también sobre todo en la actitud del Che ante la muerte, con su  entrega, y eso es lo que más me impresionó: me impacta y es lo que llevo conmigo.          

 

 

 

 

COMENTARIOS

Nuevas propuestas