JUAN PADRON: EL MAS GRANDE HISTORIETISTA QUE HA DADO CUBA

Por: María Fernanda Ferrer

5 de Febrero de 2018

Por: María Fernanda Ferrer

Fotografías de : María Santucho y Raúl Rodríguez

La espaciosa Sala Nicolás Guillén de San Carlos de La Cabaña, sede principal de la presente Feria del Libro de La Habana, fue el sitio en el que, este domingo 4, comenzaron las presentaciones oficiales del Centro Cultural Pablo de la Torreinte Brau. En esta ocasión se conversó en torno a dos títulos que constituyen un homenaje cercano y querido a Juan Padrón, historietista mayor y creador del muy popular personaje Elpidio Valdés.

En su primera intervención, subrayó el director del Centro Pablo, Víctor Casaus, que es “una gran felicidad homenajear a nuestro querido amigo Juan Padrón y a su obra intensa, poderosa y vigente tanto en la caricatura, la historieta y el cine, y recalcó que para “todos los involucrados en el sello Ediciones La Memoria, del Centro Pablo, es un gran privilegio compartir con este hombre que nos ha enseñado la historia de Cuba con ingenio, gracia y rigor histórico”.

En tono crítico, pero balanceado, señaló Casaus “arenas y cales”, es decir sucesos positivos y negativos que han acontecido en los últimos días: “es un gran honor para el Centro Pablo estar representado en un evento tan importante para la cultura cubana; estamos realizando esta presentación gracias al Ministerio de cultura, que nos apoyó en el traslado y transportación de los libros y de los autores y especialistas”.

El otro aspecto es que “casi el 80 por cierto de los libros que publica Ediciones La Memoria se han hecho realidad gracias al apoyo del FONCE, el Fondo para el Desarrollo de la Cultura y la Educación, que financia la impresión de esos libros y también al trovador Silvio Rodríguez y al Premio Especial Ojalá que recibió el Centro en 2016 por el trabajo realizado en la difusión cultural”.

Entre “las cales”, apuntó el poeta y cineasta: “no tenemos uno de los libros que está anunciado en todas las invitaciones que hemos preparado con mucho tesón para la Feria: la antología visual del proyecto cultural entre diseñadores cubanos y norteamericanos que se llama Sharing Dreams / Compartiendo Sueños, para el que no apareció una imprenta con las capacidades para realizarlo –o bien porque se requería un papel de determinada calidad o porque no contaban con otros insumos o con capacidades de impresión. Aunque aparece en la programación, Sharing Dreams no podrá estar en la Feria, “pero se presentará en algún momento a lo largo de este año”, dijo.

La segunda cal a la que se refirió Casaus es se refiere al libro Verdugos, que es más lamentable porque ni siquiera hemos tenido noticias de por qué no está el libro hoy aquí: no se imprimió a través del plan especial que es por donde debió haber salido y no hemos tenido noticias de qué ha pasado. Por lo tanto, en algún momento tendremos la presentación real, quizás en un futuro Sábado del Libro”.

Inmediatamente la escritora Laidi Fernández de Juan, pronunció las palabras de elogio de Verdugos, de Juan Padrón, aun sin estar el libro físicamente en las manos del lector: “gracias al Centro Pablo por permitirme, una vez más, demostrarle mi devoción al más grande historietista que ha dado Cuba. En mis veinte tantos años de estar en este mundo complicado de la literatura, no me canso de decir que uno siempre aprende algo nuevo; entonces, presentar un libro que no está es una experiencia que no olvidaré nunca: esto hace honor a su autor, nuestro amigo el maestro Juan Padrón, y al humor negro en el que se basa Verdugos.

Recordó Fernández de Juan que “cuando hace más de cinco décadas Juan Padrón creó la serie Verdugos no podía imaginar que tres años más tarde, en 1970, se dejarían de publicar estas tiras, por considerarse no apropiadas para una revista dedicada a los jóvenes, ni mucho menos podía intuir que hoy, en el 2018, el Centro Pablo recogería en un libro casi setenta dibujos de aquellos, un día rechazados”.

Contó que la historia comienza en 1967, en los momentos en que este extraordinario artista integró la nómina de El sable, suplemento humorístico del periódico Juventud Rebelde: “quiso la buena fortuna que el director de dicho suplemento fuera el gran dibujante José Luis Posada, amante del humor negro, y, por consiguiente, entusiasta animador de los verdugos de Padrón”.

En aquella época, según nos explica el autor en la nota que encabeza este cuaderno, “el sitio donde él vivía tenía una torre de aspecto medieval, donde pernoctaban gorriones,salamandras, comejenes y murciélagos. Esta torre, confiesa Padrón, aparece en muchos dibujos de Verdugos, además de que sus alimañas lo inspiraron para otras inolvidables criaturas como Vampiros y Comejenes. El éxito de crítica y de público que llegaron a alcanzar los Verdugos, quienes nos ocupan hoy, quedó demostrada cuando en 1980 Juan Padrón los incluyó en la excelente (y hasta el sol de hoy, insuperable) serie animada Filminutos”.

Es una gran suerte que tengamos ahora este libro en nuestras manos, “no solo como recuerdo de años magníficos en cuanto al arte gráfico humorístico en Cuba, sino porque los dibujos, los parlamentos, la gracia, el chiste y todo el conjunto de la obra, mantienen la frescura que solo los grandes alcanzan. Más allá del buen trazo de los dibujos, y del proverbial rigor que tipifica el trabajo de Padrón, quien, como se sabe, es obsesivo en términos de exactitudes que incluyen ropaje, calzado, ambientación, lenguaje y contextos, el libro, sin que sea uno de sus objetivos intencionales, obliga al estudio, y acaso a la revisitación del humor y sus variantes. El padre de Elpidio considera que no se trata de un humor negro como tal, sino más bien de un color gris claro. Sin embargo, no es la tonalidad lo que realmente motiva el intento por conocer más de las variantes del humorismo, en este caso gráfico, sino el concepto”, puntualizó Laidi.

En otro momento de su intervención enfatizó que el cuaderno Verdugos “es bienvenido para todo tipo de público, como sucede con la obra atemporal y admirable de Juan Padrón, el rey de la historieta contemporánea. Quedamos a la espera de sus otras creaciones, como los vampiros y los comejenes, igualmente imposibles de olvidar. Por lo pronto, echemos mano a los verdugos, que con tanto acierto rescata la colección Homenajes, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, empeñado en la perpetuación de una memoria que nos enriquece, y por si fuera poco, también nos divierte”, concluyó.  

Luego, en tono de broma, Juan Padrón reiteró que “como no tenemos el libro, lo voy a contar página por página”, y recordó que contó con la ayuda de José Luis Posada, El gallego, a quien le encantaba el humor negro y lo estimulaba, pero que al cambiar la dirección El Sable “llegaron unos compañeros a quienes no le gustaba el humor negro porque les parecía que no era apropiado para la juventud cubana y que los chistes eran crueles y por eso se dejaron de publicar. También se dejaron de publicar a través de Prensa Latina y yo estaba muy deprimido por eso. Sinceramente no le veía esa gravedad a un poco de humor gris claro”.

Enfatizó que cuando se incorporó a trabajar en el ICAIC, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, empezó a producir los  Filminutos y “puse vampiros –que también me los habían censurado- y nadie dijo nada y fueron un total éxito”.

Finalmente reveló que, desde hace muchos años, dejó de dibujar los Verdugos, pero que gente de su generación se acuerda de esos chistes y eso lo motivó, en 1987, a hacer una selección de los Verdugos, que se publicó en blanco y negro: “o sea, que cuando finalmente salga este libro a todo color, como se dice, y lo vean, se darán cuenta que tiene dibujos muy refinados concebidos hace ya treinta años por lo que será algo nuevo”, concluyó.   

 


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