KIKE SMITH: ME SIENTO HEREDERO DEL LEGADO DE OTROS COLEGAS

Por: María Fernanda Ferrer

19 de Febrero de 2018

Por: María Fernanda Ferrer

Hace apenas unos días se presentó en la Feria Internacional del Libro, que cada año se desarrolla en la Fortaleza de la Cabaña, a la entrada de la bahía habanera, el libro La Habana de Pablo, de Leonardo Depestre Catony, publicado por Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

La Habana de Pablo, primorosamente emplanado y con edición fotográfica de Enrique (Kike) Smith, es un libro que contextualiza los días en que el cronista de Majadahonda escribió en varias publicaciones del momento. Quizás uno de los más significativos valores de este libro es la búsqueda y el reflejo en revistas y periódicos no solo de la pluma del entonces joven y renovador periodista que fue Pablo, sino la manera en que  se va ensartando e hilvanando gráfica y texto. Ese meritorio empeño que fue calificado, por el historiador Pedro Pablo Rodríguez como “verdadero suceso editorial en Cuba”, el día de la presentación del libro en la emblemática sede del Centro de Estudios Martianos, aquí en La Habana.

Horas después de concluida la presentación conversamos con Enrique (Kike) Smith, poseedor de una mirada aguda, como debe ser, pero que además es un estudioso y un interesado en temas de la historia y de cómo la fotografía ha desempeñado un papel protagónico en los medios de comunicación en diferentes épocas.

¿Cómo te involucras en La Habana de Pablo?

Ya habíamos elaborado varios libros para el Centro Pablo y uno que particularmente me gustó diagramar y diseñar fue Diario de una imagen en el que, gracias al profesor Jorge Bermúdez, tuve mucha libertad en el tratamiento de las pautas de la Colección. Además ya habíamos trabajado (Katia Hernández, también diseñadora, y yo) con Leonardo Depestre en un libro anterior también de la autoría de Depestre titulado Pedro Capdevila, el amigo remediano de Pablo. Ese libro incluía una galería gráfica de imágenes y parece que Depestre se sintió satisfecho con el trabajo y con las ideas aportadas por mí. Después de esta experiencia de trabajo, él nos convoca otra vez para formar, nuevamente, equipo. Así nace La Habana de Pablo.

¿Cómo se dio el proceso de trabajo de conjunto con Depestre?

Muy fluido, porque él conoce nuestra forma de abordar el diseño editorial y es abierto a evaluar cualquier iniciativa. Por ejemplo, el concepto que propuse para diagramar fue basándome en la semejanza de los periódicos de las diversas épocas que abarca el libro. Creo que eso le dio frescura al libro. 

¿Te ha servido tu trabajo anterior con el tema del rescate de la memoria fotográfica para asumir este reto?

Soy un apasionado de la fotografía: hice muchos fotorreportajes para la revista digital de la cultura cubana La Jiribilla -gracias a Nirma Acosta y René Hernández, que eran los directivos de esa publicación en el tiempo que laboré allí y ambos siempre confiaron en mí. En esa publicación me desempeñé como  diseñador de la edición semanal web desde mediados del 2008 hasta en principios del 2017. Gracias a las experiencias aportadas por este trabajo, me acerqué a temas históricos y actuales. Hacer la refotografía es reconocer y agradecer el trabajo de otros fotógrafos: me siento heredero del legado de otros colegas y eso es importantísimo.  

Al descubrir las fuentes de imágenes que proponía Depestre sobre las revistas Carteles, Social, Bohemia y el Diario de la Marina entre otras, le propuse hacer una exposición de esas imágenes que quedan de una forma u otra en el olvido, o rara vez en los fondos de algunas bibliotecas, muchas veces con un alto grado de deterioro. Esos archivos no son para uso público, por eso en ciertos ocasiones reprodujimos la página original íntegramente.

¿Cuál fue el reto más complejo?

Crear una diagramación que realmente pareciera antigua y recordara un diario o una revista de época y realizar las fotocopias a cada imagen para que ningún artículo del libro se fuera sin los detalles de la noticia a la que se hace referencia.

¿Y lo más hermoso?

El resultado final: hojear esos tesoros, y respirar esos aromas antiguos de más de 90 años, con alergias incluidas.

Desde el punto de vista profesional, ¿qué te aportó La Habana de Pablo?

El sueño de un periodista, quizás, es que lo reconozcan por alguna cobertura o noticia importante. No existe nada más reconfortante para mí como diseñador que recibir un encargo como este y que confíen en que mis ideas pueden aportar y mejorar el resultado final, en el que el contenido y diseño se complementen.

Al ponerte en contacto con la fotografía de esa época, ¿cuál es tu valoración de la fotografía de prensa que se hacía en Cuba en los años 20 y 30?

No hay nada que las supere si hablamos de las publicaciones impresas de las últimas tres décadas; las imágenes digitales, quizás, tienen un poco más de libertad, pero lo más triste es que los fotógrafos deben mostrar su trabajo en sitios privados, porque los medios de comunicación masiva solo reproducen estéticas repetitivas, aprobadas por quienes deciden las políticas informativas de cada órgano. 

Entre Funcasta y Constantino Arias, ¿por cuál apuestas?, ¿qué de similar o diferente tienen ambas miradas?

Como diría el trovador Santiago Feliú, El Santi, “depende de los intereses del momento”. Cada uno de estos fotógrafos -y muchos otros como American Photo Studio, Blez, Vales o Kiko, por solo citar algunos- tenían que ajustarse a las necesidades que exigía el trabajo. Y todos lo hicieron muy bien.

Algo que hoy ocurre y quiero pensar que es por desconocimiento, tiene que ver con el tema de las firmas y los créditos: las fotos no se hacen solas, siempre existe un ojo humano detrás del objetivo capturando ese determinado momento.

Como diseñador y fotógrafo, ¿qué tienes como plan inmediato?

Entre los libros que editará el Centro Pablo en el presente 2018, nos han encargado (a Katia y a mí) el consagrado al pintor, ceramista, grabador y escultor, el maestro Alfredo Sosabravo, Premio Nacional de Artes Plásticas, 1997.

Tenemos, además, en proyecto la diagramación y el diseño de otro libro que pertenecerá a la Colección Majadahonda, del sello editorial La Memoria, de la periodista y amiga Estrella Díaz sobre la vida y la obra de Arrocha, también Premio Nacional de Diseño, que se titula Eduardo Arrocha: caballero del diseño. Por otra parte estoy planeando unas exposiciones refotográficas de La Habana, pero no quiero revelar aún detalles hasta que se concreten.

 

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