LA ACADEMIA CARLOS MARX

Por: Alina López Hernández

19 de Marzo de 2018

Por: Alina B. López Hernández

A pocos días de haber conmemorado un aniversario de la muerte de Carlos Marx, ocurrida el 14 de marzo de 1883, sería oportuno rememorar aspectos interesantes de su recepción entre los jóvenes revolucionarios cubanos del treinta del pasado siglo.

Casi siempre se vincula la difusión del marxismo en la Isla con la actividad del Partido Comunista, sin embargo, antes de la década del treinta era rara la circulación de textos marxistas en Cuba. Será el triunfo de la República Española el hecho que incrementa, desde 1931, la posibilidad de acceder a esas obras debido a la política de casas editoriales ibéricas, como Cenit, con gran presencia en nuestro país. En diciembre de 1931, el listado de novedades de las librerías habaneras Cervantes y La Moderna Poesía anunciaba una única edición completa en español de El Capital, de lujo y popular; El Manifiesto Comunista, de Marx y Engels; Cartas íntimas, de Lenin; Cartas desde la prisión, de Rosa Luxemburgo y Capitalismo y Comunismo. Estudios Políticos, una compilación con trabajos de Marx, Engels, Lenin, Pablo Lafargue, Rosa Luxemburgo, Trostky y Bujarin, entre otros libros.

Dichos textos comenzaron a circular en los primeros meses de 1932, lo que impidió que un grupo de jóvenes revolucionarios presos en ese momento por sus actividades antimachadistas pudieran tener acceso a ellos. La correspondencia de Juan Marinello durante su presidio en Isla de Pinos, entre abril y septiembre de 1932, muestra que fue su relación con miembros del Ala Izquierda Estudiantil, como Raúl Roa y Pablo de la Torriente Brau, lo que le vinculó con las obras de los clásicos del marxismo. Su necesidad de acercarse a esas ideas y el estudio que tal empresa requería les hicieron crear lo que llamaríamos hoy un círculo de estudios, y que denominaron Academia Carlos Marx.

Cuando Raúl Roa describe la rutina diaria con que ocupaban su tiempo en la cárcel, en el convulso verano de 1932, nos dice: “6 a.m. La Academia Carlos Marx comienza su cotidiana tarea. Es admirable el tesón y el ansia de saber que enciende a estos camaradas”. Por su parte, Marinello le cuenta a Juan Pérez de la Riva: “Nos levantamos a las seis; hasta las ocho leemos El Capital; de ocho a diez traducimos a Boukharin [sic.]”.1

Además de El Capital, que traducían del inglés, leyeron en esta etapa Materialismo Histórico, de Nicolai Bujarin e Historia del socialismo y de las doctrinas sociales, de Max Beer. En las cartas y diarios de este período se cuentan los debates acalorados que seguían a las lecturas. Pablo de la Torriente Brau escribe jocosamente a Marinello que, tras leer El Capital, “nadie podrá negarme que llegabas abrumado y te tirabas en la cama que parecías un alga marina desflecada arrojada a la playa por la tempestad”.2

En la noche funcionaba la Academia Materialista, muy relacionada con la anterior, allí, relata Roa, “Se comenta, en sesiones nutridas, el interesante libro de Nicolás Bujarin, Materialismo Histórico, que Gabriel y Pablo, auxiliados por el poeta Juan3 y alguna que otra vez por mí, han vertido al español de la edición inglesa, bastante mala por cierto”.4

En particular, la consulta del texto de Bujarin debe considerarse en el contexto histórico en que ella tuvo lugar. A menos de dos años de la muerte de Lenin se iniciaron los procesos de limpieza de las filas del PCUS, en 1926. De los antiguos dirigentes solo Bujarin logró mantenerse, convirtiéndose en el hombre más importante después de Stalin. Fue considerado el gran teórico de la Nueva Política Económica, pero cuando en 1929 Stalin decide imponer un modelo centralizado de propiedad y dirección económica, Bujarin fue expulsado del Partido y luego fusilado. Para 1932, sus criterios en defensa del rol de la pequeña propiedad en la construcción del socialismo, que aparecen en el mencionado texto, eran una herejía en la Unión Soviética. No es exagerado considerar entonces a estos jóvenes cubanos como otros transgresores respecto a la política oficial del Estado Soviético y, por tanto, del Partido Comunista.

La actividad teórica que ellos emprendieron con la creación de la Academia Carlos Marx, convirtió en tiempo útil los largos meses de prisión, y favoreció el desarrollo de una tendencia analítica que mucho contribuyó a la historia del pensamiento cubano.

 

1 Ver: Raúl Roa: Bufa Subversiva, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2006, p. 160, y Ana Suárez Díaz: Cada tiempo trae una faena. Selección de correspondencia de Juan Marinello Vidaurreta 1923-1940, Editorial José Martí, La Habana, 2004, p. 276.

2 Carta 12 de noviembre de 1932. Ver A. Suárez Díaz, op. cit., p. 367.

3 Se refiere a Gabriel Barceló, Pablo de la Torriente Brau y Juan Marinello.

4 Raúl Roa: op.cit., p. 160.

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