LA DIGNIDAD NO SE BLOQUEA

Por: Centro Pablo

30 de Abril de 2018

Por: Camilo Genoud

-Habana del Este – Domingo 3:30 am-
Por un error de comunicación con su inquilino, Juan Pablo, sin llaves, se queda afuera del departamento. No tiene manera de comunicarse con nadie. No sabe a qué hora su inquilino volverá a la casa. Su destino le sugiere que esa noche va a ser larga. Se lanza a caminar por el barrio, divisa a unos adolescentes vagando por la calle y les cuenta su situación. Tras una serie de intercambio de pareceres, uno de ellos le ofrece el sillón de su living para que pase la noche. “Ven a mi casa, que si no me voy a quedar preocupado” es el argumento final con el que Juan Pablo accede a su generosa propuesta. Ya recostado en él, mirando el techo intentando encontrar el sueño, Juan Pablo no comprende cómo o por qué acaba de suceder eso.

El Vedado – Viernes 23:30– David camina por el Malecón. Lleva una “Presidente” en una mano y un cigarro en la otra. Sus pasos dejan atrás una noche agitada, divertida pero de la cual ya se quiere despegar. En el horizonte divisa un hormiguero de chicos y chicas que están todos amontonados a los gritos. Alza las cejas, amaina su paso y piensa “acá se pudre“. Fiel a su instinto de calle, en lugar de correr en dirección contraria, se mete en el barullo. Quiere ver qué es lo que está por estallar. Sin embargo, cuando llega al núcleo del asunto, encuentra dos banditas de bailarines callejeros, desafiándose a los saltos en una suerte de competencia pública. David sonríe y se da cuenta de que llegó para el final, justo en el momento en el que uno de esos chicos da una vuelta mortal hacia atrás en el aire y el público estalla en una ovación que dio por terminada la contienda.
Instantes después el líder del bando perdedor, comienza un intercambio álgido con el líder contrario. “Ahora si” piensa David, “acá se pudre“. La cosa toma vuelo, aumenta el volumen de la discusión y se van alejando de la maraña de jóvenes que aun los rodean. Todo parece estar en ebullición pero segundos después, ambos ríen, se dan la mano seguido de un abrazo y vuelven a reunirse con sus “tribus”. David no entiende nada de lo que acaba de pasar pero está maravillado.

Centro Habana – Martes 18:45-
María
toma una guagua. En su interior no cabe un alfiler y por eso se queda al lado del chofer. En las últimas tres paradas, subieron 30 personas y bajaron solo 6. “Ahora no para hasta llegar a casa” piensa, pero caso contrario, en la siguiente parada, el colectivo frena. “Este está loco”, sentencia. En esa ocasión, descienden 3 y abajo se ve una fila de no menos de 20 personas.
El chofer se pone de pie, mira al fondo y comienza a pedirle amablemente (raro) a la gente que haga lugar. Curiosamente, le hacen caso y a paso cansino se todos se van acomodando.
Uno, dos, tres…ya para el noveno la cosa esta bien difícil y aun deben quedar al menos 10 abajo. Hace diez minutos que la guagua se encuentra detenida y con el chofer haciendo una suerte de tetris humano. “Por favor, un poquitico más atrás” sumado a “me pagan y suben por atrás” es el código binario que utiliza el conductor. María se solidariza pero esta agotada (todos lo están) y quiere (quieren) llegar a casa. “Lo van a matar” pronostica, sin embargo, en el interior de la guagua reina el silencio. Todos se miran, se mueven y alguno que otro hace un chiste sacando sonrisas a los inquilinos del metro cuadrado en el que se encuentran. Van 15 y la guagua no se mueve. El chofer ni siquiera intentó cerrar la puerta o avanzar dejando a su suerte a los de abajo. Su paciencia es infinita, pero este tipo extraño de chofer solo es superado por la aún mayor sorprendente paciencia de las nueve millones de personas que habitan esa guagua. Pasan unos minutos más, el último de la fila logra subir, el colectivero agradece y continúa su trabajo. María lo mira. Mira a su alrededor y no comprende cómo esta situación se soluciono. No entiende ni al chofer, ni a los pasajeros, ni cómo esto no derivó en un estallido civil.
……………………

Cuba es un lugar atípico. No lo digo por su revolución, su socialismo o su épica histórica.

De donde yo vengo, la danza política es así: en un primer momento asume un gobierno con ciertas características y con apoyo popular expresado en las elecciones. Generalmente, se “baja” un discurso oficial con una línea política e ideológica que resalta ciertos valores (muchos de los que se fueron conociendo a lo largo de la campaña) y se pone en marcha un plan económico. En tanto y en cuanto éste plan económico funcione y genere ciertos réditos a la población, ese partido, ese líder, ese discurso y esta política serán apoyadas, importando poco sus defectos, deficiencias  y/u otras yerbas cuestionables.
Todo comienza a cambiar cuando los planes no terminan saliendo como el/la/los gobernantes pretendían. Ya sea por ineficacia, ya sea por falta de creatividad o simplemente por ser fieles a los grandes mercados más no así a su sociedad, no viene al caso (ahora). Y quiero hacer énfasis en esto: cuando la situación cambia, todo cambia. Y en mi país todo es todo.
Si el plan económico no funciona y el grueso de la sociedad comienza a ver que las soluciones prometidas no solo no se cumplieron sino que empeoraron, comenzará un ciclo de deslegitimación, de crítica al discurso e ideología oficial antes aceptada, seguido por una crítica a cualquier tipo de iniciativa política que el gobierno tenga o haya tenido  (sírvale o no a su realidad) y (ahora si) se resaltará todas esas anomalías y problemas que antes se escondían debajo de la alfombra por ese extraño fenómeno meteorológico que muchos medios llaman “clima de época”.
Se comenzarán a escuchar otras voces. No importa cual. Toda voz de los políticos y opinólogos a sueldo que pululan por todos los medios comentando abierta y fácilmente, la fórmula mágica que resolverá todos los problemas económicos de esta nación en unos pocos y simples pasos (estos son los que sirven de verdad, no como los otros).

Las bases ideológicas que sirven a “las naciones más desarrolladas” y las políticas que nos llevarán (esta vez sí) al “primer mundo”. Si aún en este momento la situación no mejora, el gobierno de turno comenzará a hacer las valijas al igual que su predecesor y, dado carácter cíclico de este juego, de igual manera lo hará su sucesor.

Cuba es un lugar atípico (II) – Habiendo vivido y visto tantas veces este círculo, uno podría pensar que se reproduce de igual manera en todos lados. No resulta ajeno a la realidad latinoamericana, sino más bien una danza que se presenta con sus variaciones y sus bemoles en la vida del continente desde el siglo pasado.
En el caso de Cuba el apoyo popular que tuvo la guerra revolucionaria para derrocar a Batista y que continuó durante las tres décadas siguientes se explica no solo por lo ilegítimo del gobierno dictatorial sino también por los fuertes, variados y múltiples derechos de todo tipo que fue conquistando el gobierno encabezado por Fidel Castro. En este plano es que se entiende también el cambio ideológico escogido por Cuba al declararse Socialista y que fue apoyado fuertemente por su población.

Hasta aquí la dinámica del círculo se estaría dando, pero ya les dije que Cuba es distinto y tiene que ver con que más temprano que tarde llegaron los ‘90 y, junto con ellos, la caída de la Unión Soviética y del bloque socialista. Así Cuba entró en eso que se llamó Periodo Especial en Tiempos de Paz, donde la calidad de vida de los cubanos se desplomó como un castillo de arena ayudado también por el endurecimiento del Bloqueo norteamericano, que nunca se fue.
En este punto debería haber comenzado la fase de estallido popular, deslegitimación del discurso oficial y la crisis ideológica, al igual que en cualquier otro país de Latinoamérica. Pero en este caso el círculo no se cerró. El gobierno se mantuvo, el grueso de la sociedad continuó apoyando a la revolución (si bien es cierto que en menor medida que en el comienzo de la misma) y sus fundamentos ideológicos del sistema continuaron rigiendo la sociedad. Con críticas, objeciones, innovaciones y demás elementos que la impulsan a perfeccionarlo pero no a derrumbarlo. Con el correr de los años, llegaría Chávez y un cambio regional que ayudó a la isla a comenzar una lenta y larga recuperación que llega hasta nuestros días.
Las escenas que se relatan al inicio de esta columna fueron reales y lo siguen siendo en la medida en que son corrientes en la cotidianeidad cubana y son una muestra de que esos principios éticos, morales, solidarios, humildes, comunitarios y por sobre todas las cosas humanos, son los que sostienen y sostiene a esta sociedad cubana del siglo XXI.
Una sociedad que ha pasado por vaivenes igual de trágicos y delicados que cualquier otro país de la región pero que, sin embargo, persiste en el imaginario social un componente de humanidad que se encuentra en vías de extinción en estos días de amenazas de bombas atómicas, ataques con drones, pobreza extrema, migraciones multitudinarias a base de gomones y muros a prueba de migrantes.
Lo que sucede en el peculiar caso cubano es que cuando se pasa de tener todo a no tener nada, solo queda una cosa: La Dignidad.

El talante del pueblo cubano tiene en su médula espinal a la dignidad de su sociedad constituido a partir de su trajín histórico y de las bases ideológicas con la que fue constituida su historia más reciente. Una dignidad que perdura, camina y se escucha y se reproduce todos los días en la isla. Que quizás se encuentre añejada (producto del paso del tiempo, los errores y las generaciones) de esa del ‘59. Quizás se haya vuelto más laxa y hasta más diversa o ampliada, lo que no quiere decir que se haya extinguido o que el “sueño revolucionario” se haya terminado. Sino que es la médula espinal de una sociedad cubana que, en vistas de cómo el mundo está girando hacia su autodestrucción, tiene mucho para decir. Y el mundo debería escuchar. Dejar de gritar tanto, y escuchar. Dejar de amenazar, matar, insultar, atropellar, bombardear, disparar, infiltrar y escuchar a una sociedad que, para comenzar, sus primeras dos lecciones son explicar que el dinero no es capaz de doblegar una idea y que la dignidad no se bloquea.

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