LETRAS AFINES / EL HOMBRE QUE SABÍA MORIR

Por: Laidi Fernandez de Juan

30 de Mayo de 2018

Por Laidi Fernández de Juan

Un periodista “de raza”, un escritor más que probado en el arte de narrar, muy conocido entre nosotros, el argentino Miguel Bonasso, construye una intensa trama de suspense cuya base medular es Cuba, aunque se trata de una obra de ficción. El hombre que sabía morir (Sudamericana, 2017) mezcla varios asuntos, algunos de los cuales resultan dolorosos para los cubanos. La novela comienza con el secuestro de una joven porteña en México, cuya relación filial la condena, y poco a poco transita por horripilantes escenas de lo que se ha dado en llamar “el narcosatanismo” (según varias fuentes espantosamente verificables, esta práctica demoníaca existe).

El argumento utiliza la política como fuente de negociaciones sin escrúpulo de ninguna índole, para regresar una y otra vez a Cuba. A una isla cuya trama se sitúa en tres momentos: década de los 70s, fines de los 80s (con la trágica Causa Uno), y mediados de los 2000. Dos instituciones (la CIA y el FBI), y dos nombres archiconocidos, convertidos en sendas leyendas, resultan clave en medio de las complicadas relaciones Cuba-EEUU. Fidel Castro y Gabriel García Márquez aparecen desempeñando los roles que conocemos, de acuerdo a las circunstancias. Ambos ilustres (y cada quien desde su poder de accionar) son definitorios para el desenvolvimiento de los aconteceres, como sabemos todos. En la novela de Bonasso, aunque el Premio Nobel de Literatura juega más bien el papel de un testigo privilegiado, es importante también su presencia, mientras que (y también por razones elocuentes) Fidel o, mejor dicho, la imagen de Fidel, resulta crucial. De forma complicada, el protagonista se las agencia para ir y salir, entrar, largarse de y regresar a Cuba, protegido por las más altas esferas gubernamentales, hacia quienes consagra su militancia por un lado, y sus contactos financieros por otro. La clave de muchas de estas tribulaciones está en el vínculo que existe entre la joven que sufre cautiverio a manos de los sádicos narcotraficantes, y el militante disfrazado de hombre de negocios, o viceversa.

La adhesión del personaje protagónico a la causa de la revolución cubana (y de paso, la de su autor, ¿para qué disimularlo?), lo coloca en situaciones más que embarazosas: delicadas, riesgosas al extremo. Tanto así, que en más de una ocasión debe fingir su muerte, perseguido por agencias enemigas, y de ahí el apelativo de El hombre que sabía morir. No sería justo ni recomendable adelantar más la trama de la novela, en aras de motivar al público, que ya conoce parte de ella, por haber sido de dominio público en nuestro medio (me refiero a los hechos que condujeron a la Causa Uno), aunque no me resisto a insistir en la admirable garra de este libro, que se lee, se disfruta y se sufre con vértigo considerable. Dado que el escenario de la novela es mayormente cubano, considero altamente provechoso que sea publicada por una de nuestras editoriales.

Mayo, 2018.

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