LETRAS AFINES / EL MUNDO DE MARIO DELGADO APARAÍN

Por: Laidi Fernandez de Juan

12 de Octubre de 2018

Por: Laidi Fernández de Juan

De Mario Delgado Aparaín (Uruguay, 1949), ya conocíamos en Cuba su deliciosa y breve novela La balada de Johnny Sosa, publicada por la Editorial Arte y Literatura. En dicho libro, aparecen las palabras preliminares de Luis Sepúlveda, que advierten al lector las características contextuales que rodean la trama de la novela: Si en algún país de América Latina las botas militares se ensañaron con la literatura y los escritores durante el oscuro decenio de las dictaduras, fue en el Uruguay. Prácticamente todos los escritores uruguayos pasaron por la cárcel, las torturas y el exilio. Fueron muy pocos, contadísimos, los que consiguieron sobrevivir en el Uruguay a la barbarie uniformada, pero sin el menor chance de publicar ni una sílaba: para la dictadura escribir era sinónimo de subversión.

La balada de Johnny Sosa, obra maestra que alcanzó justo reconocimiento, publicada también en España, Portugal, Holanda, Alemania, Estados Unidos, Grecia, Turquía, Italia y Francia, no pasó inadvertida entre nosotros. Poco tiempo después el autor reunió en un volumen casi todas sus narraciones, hasta conformar el libro Un mundo de cuentos (Editorial Planeta, 2013), en cuyo prólogo, del entrañable Mario Benedetti, se encuentra una de las claves que explican el inmenso atractivo del mundo creado por Delgado Aparaín, y que se refiere a los sitios geográficos imaginados, donde se desenvuelven sus personajes con sus peripecias: Mosquitos y San José de las Cañas podrían ser los modestos Macondos de Mario Delgado, pero construidos más a ras de suelo que los de García Márquez.

En este mundo narrativo, como bien se demuestra en el libro, coexisten dos paralelos: Historias del Norte (con dieciséis cuentos), e Historias del Sur (con veinticinco historias). Estas últimas, con mayor fuerza temática y mejor trazado de los personajes que las anteriores, permite adentrarnos en un universo fascinante que consiste en diferentes discursos narrativos, de una forma u otra interrelacionados. El amor, el tedio de pueblos condenados, la perfidia humana, y también sus bondades, hacen de este volumen una experiencia inolvidable cuando llegamos al final de la lectura. Eso solo lo logran grandes narradores: Que los personajes, sus psicologías, sus contextos y sus maneras filosóficas de asumir la existencia, se queden con nosotros para siempre, de este lado de la luna. Ojalá el público lector, como siempre digo esperanzada, pueda  acceder a una versión cubana de una de las mejores antologías de cuentos que se haya hecho de autores latinoamericanos. Mario Delgado Aparaín no tendría reparos en regresar literariamente a Cuba, país que, me consta, quiere y respeta. Su mundo de cuentos nos hará llorar, reir, reflexionar. Como debe ser. Queda abierta pues la propuesta, a nuestras editoriales.

 

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