LO QUE DICE MI CANTAR: LO QUE DICE LINO

Por: María Fernanda Ferrer

1 de de 1970

Por María Fernanda Ferrer

Hoy en nuestra sección Revolviendo… en el Centro -que nace o más bien se deriva de nuestro programa radial que se transmite todos los viernes de 11:00 a 12:00 p.m. por las frecuencias de Habana Radio, la Voz del Patrimonio Cubano, y en tiempo real por Internet: www.habanaradio.cu– vamos a recordar lo acontecido el 9 de noviembre de 2016 en la casona de Muralla 63, sede del Centro Pablo.

Ese día le fue entregado a Lino Betancourt, escritor, investigador y musicógrafo, lamentablemente ya fallecido, el Premio Pablo por “su generosa contribución al conocimiento de las canciones que nos pertenecen, la fiel persistencia de sus letras, y su amor a la trova y la nueva trova cubanas”, según afirmaba el acta del jurado. Con ese reconocimiento, es decir, la entrega del Premio Pablo, se le reconoció a Lino Betancourt, “la perseverancia que por más de medio siglo se ha dedicado a estudiar varias aristas que tienen que ver con la cancionística cubana”.

Recuerdo que esa soleada mañana Lino -tocado con sombrero de paja, vestido todo de blanco que combinaba con su barba y sonriendo algo asustado-, recibió de manos del trovador Augusto Blanca la loza cerámica (creación del maestro Alfredo Sosabravo, Premio Nacional de Artes Plásticas, 1997) que lo acreditaba con la mencionada distinción que, según dijo emocionado, recibió “con responsabilidad, satisfacción y compromiso”.

Pero la conmovedora jornada -porque lo fue-, no quedó solo ahí, sino que Lino, nacido en Guantánamo en 1930, presentó su nuevo libro Lo que dice mi cantar editado por Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, institución que ha promocionado varias manifestaciones como el arte digital (extendido, también, a los niños), la literatura, las artes plásticas, el diseño y la cartelística, entre otras esferas.

Recuerdo que Lino Betancourt, muy emocionado, agradeció a su nieto Fabián el apoyo “necesario e incondicional” para que los textos compilados en Lo que dice mi cantar aparecieran, primero, publicados en el portal digital de la cultura cubana, Cubarte, y posteriormente traídos en forma de libro a Muralla 63, “magnífica y maravillosa Casa de la Trova que es ya el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, el único de su tipo que existe en La Habana” y sitio que con respeto, perseverancia y tesón ha dado abrigo a todas las generaciones y tendencias de la trova cubana en las últimas dos décadas.

El director del Centro, Víctor Casaus, compartió un texto redactado y enviado por el periodista y crítico Joaquín Borges Triana -quien por impostergables asuntos familiares no pudo estar presente- en el que señaló que “nunca debería encasillarse un escrito en este o aquel género y nadie debería establecer diferencias entre el lenguaje periodístico y el literario porque lo imprescindible es hacer llegar el mensaje. La vitalidad de un texto no depende del medio donde aparece sino de la sensibilidad de quien lo recoge y para ofrecer sus encantos tanto valen el libro como el periódico o la revista o en estos tiempos el más moderno sitio digital”.

Otro momento relevante de la jornada del 9 de noviembre de 2016 fue la presentación de los dos tomos del libro Memorias A guitarra limpia, un grueso y necesario texto de consulta de cerca de 600 páginas en el que se recogen los conciertos efectuados en el Centro Pablo entre 1998 y 2014. Su compiladora, la periodista y editora Xenia Reloba recordó que en el primer tomo “quisimos hacer un homenaje a la obra de Silvio Rodríguez a través de una selección de frases que dialogaban con el espíritu del espacio A guitarra limpia y en este segundo tomo se le rinde homenaje a Santiago Feliú”. Y es que cada capítulo, esclareció Reloba, “está presidido por una idea o verso de Santiaguito”.

En otro momento subrayó Xenia Reloba, que el Centro Pablo y en especial el espacio A guitarra limpia, “se ha dedicado, como pocas instituciones, a cuidar mucho de su memoria, a guardarla muy bien” y eso es importante en tiempos de desmemoria: “este libro no solamente compila los conciertos, sino, de algún modo, lo que tiene que ver con la trova y la atmósfera que se vivió entre 1998 y el 2014”, sentenció.

Por su parte, el poeta y cineasta Víctor Casaus -fundador del Centro, junto a María Santucho, coordinadora general del proyecto- presentó el cuaderno Memorias A guitarra limpia, “un tabloide de veinte páginas que ha acompañado, año tras año, los aniversarios del espacio y que de muchas maneras es, también, parte de la memoria de la institución”.

La velada, cálida, cercana y sencilla -como son las cosas cuando parten de la sinceridad y de verdades- concluyó con hermosas pinceladas trovadorescas: un dúo ocasional entre los trovadores Eduardo Sosa y Pepe Ordás, que por cierto lograron un bellísimo empaste vocal, y la presentación del Trío Voces del Caney, que trajo la vibrante memoria de Miguel Matamoros…que mientras más añeja, sabe mejor.

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