CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

LOS OFICIOS DE PABLO

Por: Leonardo Depestre

5 de Diciembre de 2017

Bien se conoce al reportero Pablo de a Torriente Brau. Sin embargo, fue relativamente breve su paso por la prensa diaria, pues como periodista de la plantilla del diario Ahora solo figuró por algo más de un año, aunque ciertamente su producción fue abundante y significativa en ese lapso: aproximadamente 130 trabajos publicados.

Pero Pablo, a lo largo de su breve vida, desempeñó numerosos oficios que le garantizaran, siquiera precariamente, el sustento. Y la diversidad de estos oficios nos revela a un Pablo capaz de hacer de todo, desde el trabajo artesanal artístico hasta el elemental friegaplatos de un restorán.

Iniciemos pues por el principio el recorrido de lo que hoy llamaríamos su “expediente laboral”.

Su primer trabajo, aún adolescente, fue en el distante poblado de Sabanazo, hoy en la provincia de Holguín, adonde acompañó al ingeniero José María  Carbonell. Pablo ocuparía allí una plaza de delineante en un central, pero el asunto no resultó y a los pocos meses estaba de vuelta.

Su próximo trabajo fue como redactor del periódico Nuevo Mundo y de la revista El Veterano, ambos de escasa circulación. Allí ganaba un peso diario, según cuentan sus hermanas Zoe y Ruth. También este fue por corto tiempo.

El que viene a continuación resulta curioso e ilustrativo de cómo era Pablo. En 1922 es recomendado para trabajar en el Departamento de Adeudos de la Secretaría de Hacienda. Allí ganaría 166 pesos al mes, una fortuna para aquellos tiempos. Pero al segundo mes Pablo renunció. Preguntado al respecto, dijo así:

-Es demasiado sueldo para no hacer nada… Y yo soy demasiado joven para ser tan desvergonzado y cobrar sin trabajar.

Ya en 1923 trabaja en el bufete de los doctores Ortiz, Giménez Lanier y Barceló, en La Habana Vieja. Es este un período significativo en la vida de Pablo. Conoce a Rubén Martínez Villena, a quien debe reemplazar, y a otros intelectuales que frecuentan el bufete. Pablo se consagra como mecanógrafo y se enriquece cultural y políticamente durante su permanencia allí.

El presidio político depara a Pablo el ejercicio de otros oficios y profesiones. Se convierte en tallista de finas maderas. De sus manos salen objetos varios: pulseras, anillos, cortapapeles, brazaletes, gargantillas… que envía como obsequie a familiares y amigos en libertad. Pero en la cárcel Pablo es también profesor, imparte clases de astronomía a los compañeros confinados. Mas no es todo, ejerce el nada sencillo oficio de traductor, en particular del libro Materialismo histórico, junto a Gabriel Barceló.

El oficio de periodista de plantilla lo ejerce como  reportero del diario Ahora entre 1934 y el mes de febrero de 1935, es decir, hasta el momento mismo en que dedica íntegramente sus energías a la organización de la huelga general que se coordina para el mes de marzo.

Los últimos desempeños laborales de Pablo tienen por escenario la ciudad de Nueva York, durante el exilio político. En la ciudad de los rascacielos pasa mucho trabajo: es mandadero y portero en un restaurante, trabaja en factorías, de vendedor en las calles. Reconoce que lleva una “vida dura y miserable”. También vive días de total desempleo, algo que lo lacera interiormente.

Desde España, adonde parte como corresponsal de prensa, escribe algunas de las crónicas más vívidas de la Guerra Civil. Allá suma, por convicción revolucionaria, la condición de combatiente.

¡Cuántos oficios, diríamos nosotros! Y seguramente alguno se nos queda dentro de currículum tan intenso. Pero entretanto, Pablo siempre se mantuvo activo en el ejercicio del periodismo, su mejor arma, porque como periodista estuvo a la altura del mejor de los francotiradores.

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