MEMORIA DEL CAFÉ VISTA ALEGRE

Por: Fernando Rodríguez Sosa

24 de Septiembre de 2020

Por Fernando Rodríguez Sosa

Es referencia habitual, en los estudios relacionados con la historia de la trova tradicional cubana, el Café Vista Alegre, ese espacio habanero que, contradictoriamente, y a pesar de su significación, solo se menciona de manera tangencial, sin profundizar en su real alcance y trascendencia.

Dulcila Cañizares se encarga, precisamente, de revelar, a través de su libro Café Vista Alegre (Ediciones La Memoria, Colección A Guitarra Limpia, La Habana, 2015, 160 pp), las razones que han insertado a ese mítico escenario dentro de la historia de la música de la mayor de Las Antillas.

En esta documentada investigación, presentada mediante una narración en que se conjugan armoniosamente el rigor y la amenidad, se conocerá de la génesis, desarrollo, esplendor y decadencia del Café Vista Alegre, ubicado en la calle Belascoaín, entre Malecón y San Lázaro, en la capital cubana.

El lector descubrirá una historia de casi medio siglo –desde fines de 1909 o inicios de 1910 hasta el 31 de diciembre de 1958—, matizada no solo por la descripción del entorno en que se levantaba el edificio que albergó al café, sino también por las comidas y bebidas que se ofertaban en sus salones.

A la autora le interesa, igualmente, acercarse a otros sitios –como barberías, bodegas, casas particulares…— en que, durante los años de grandeza del Café Vista Alegre, tanto en la capital como en otras provincias del país, también era interpretada y admirada la vieja trova.

Café Vista Alegre se enriquece con casi medio centenar de fichas biográficas de compositores e intérpretes unidos, de una u otra manera, a la historia del establecimiento –algunos tan conocidos como Sindo Garay y María Teresa Vera y otros algo olvidados como Juvenal Quesada y Mario Rudy.

Este libro se inscribe perfectamente en la bibliografía de la acuciosa investigadora de la música cubana Dulcila Cañizares (Santiago de las Vegas, 1936), quien también es ensayista, poeta y editora, con más de una docena de títulos publicados dentro y fuera de la isla.

Entre esas obras aparecen las biografías-testimonio Gonzalo Roig (1978) y Alé alé reculé. Nostalgias por Julio Cueva (2011), los ensayos La trova tradicional cubana (1992) y San Isidro, 1910. Alberto Yarini y su época (2000) y los poemarios Raíces y ternura (1960) y Agua jubilosa (1995).

Como reconocimiento al conjunto de su obra lírica de toda la vida, en que Dulcila Cañizares exalta los elementos de la naturaleza de la isla, la Sociedad Económica de Amigos del País le concedió, en el año 2009, el Premio de Poesía Samuel Feijóo sobre Medio Ambiente.

«La nobleza del hombre –afirmaba, en 1877, el Héroe Nacional José Martí— es la memoria». Dulcila Cañizares está convencida de la certeza de tales palabras. La lectura de Café Vista Alegre así lo confirma. Un libro que, desde la nobleza, atesora un capítulo de la memoria cultural de la nación cubana.

Prensa

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