CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

NISIA: UNA MUJER IMBATIBLE

Por: jesus garcía

30 de Julio de 2019

NISIA: UNA MUJER IMBATIBLE

Por: Estrella Díaz

Este puñado de palabras -más que una crónica- es un buceo en mi mente. No tengo la certeza exacta del momento en que nos conocimos, ni cómo: han pasado más de tres décadas.

Corrían los años 80 y yo, como periodista-reportera de la emisora internacional Radio Habana Cuba, atendía “el sector cultural” y Nisia, en ese momento, dirigía el Fondo Cubano de Bienes Culturales, una institución que, gracias a su olfato y su valor, sentó las bases del arte de vanguardia en Cuba.

Estando ella en el Fondo y seguramente bajo su mirada tutelar, nació el proyecto TELARTE: la idea era imprimir en tela obras de artistas de la plástica para ponerlas al alcance de todo el pueblo: aun hoy conservo en mi casa un mantel con la obra del maestro Manuel Mendive y mis “batas de maternidad” –mi hija nació en 1987- ¡fueron todas confeccionadas con los retazos! que Nisia, como cortesía, nos regalaba a los periodistas con cualquier pretexto: por el Día de las Madres, por el Día de los Padres, por el Día de la Prensa Cubana -que en aquel entonces se celebraba el 8 de septiembre para rendir tributo a Julius Fucik, periodista checo asesinado en 1943 y que dejó para la posteridad su memorable Reportaje al pie de la horca.

Recuerdo que a inicios de los 90, década complejísima en que la economía cubana tocó fondo, y en la que todos andábamos en bicicleta –o casi todos-, Nisia pasó a dirigir los Teatros Mella y Nacional de Cuba y de este último tengo algo para compartir: corría el año 1995 y Nisia como directora de este último trataba de mantener a flote esa institución que requería de urgentes reparaciones imposibles de acometer en ese momento. Pero, sobre todo, ella quería mantener unidos a los trabajadores que la seguían en ese quijotesco empeño de mantener abierto el teatro aun cuando no había, casi, nada que comer ¿qué hizo Nisia? Inventó en el hermoso lobby de la institución una suerte de gimnasio: allí, una mañana en que yo iba hacia Danza Contemporánea que compartía espacios con el Teatro Nacional, me encuentro a Nisia con una licra negra, un pullover morado y un turbante de igual color en primera fila haciendo ejercicios bastante fuertes para una mujer que, matemática elemental, en ese momento sobrepasaba los cincuenta años de edad. Se veía feliz, con esa risa que hasta hoy la acompaña y chorreada de sudor. Me le acerqué y le pregunto ¿qué es esto Nisia? Y me responde: “la manera que encontré para que me sigan y, como no hay contenido de trabajo, tengo que llenar el tiempo de mi equipo para que no se me vaya”.

Años después, en ese mismo teatro, disfruté a Nisia en su faceta de abuela: Ana Laura, una de sus nietas desde los cinco años y hasta terminado el preuniversitario formó parte de la Compañía Infantil de Teatro La Colmenita. En una obra, no recuerdo cual, pero que no era Caperucita Roja, “un lobo malo” atravesaba el escenario de un lado al otro con Alá –como todos le decimos a Ana Laura- sobre sus hombros: ese fue el debut protagónico de Alá sobre las tablas. Yo, más que disfrutar el espectáculo, no podía dejar de mirar a Nisia, riendo a carcajadas, bailando con el Oso roñoso y sintiéndose ¿por qué no? un poco niña, mientras cantaba El gatico vinagrito. Ahora, que soy abuela, es que bien comprendo la felicidad y regocijo de Nisia al ver su prolongación.

Hace unos cuatro años, como realizadora audiovisual, me encomendaron un documental dedicado a Carmen Fiol, una mujer representante de la más alta y exquisita costura cubana, lamentablemente fallecida. La Fiol calificó entre las mujeres más elegantes que han llevado sus diseños a Nisia Agüero. Y es verdad: Nisia es sinónimo de buen gusto, de refinamiento sin artificios, del sentido de la sencillez, pero sin renunciar a la belleza y a los objetos de calidad y de valor. Siempre combinada, ya sea de amarillo o morado, su color favorito: collares, aretes, pulsos, zapato y cartera forman un todo con un toque Nisia, que solo se parece a ella misma.

Su amistad “de años” con un grupo de artistas de la plástica es también algo que la distingue: me consta, porque así me lo ha dicho, por ejemplo, Tomás Sánchez quien es “más que su amigo porque ella estuvo presente cuando muchos me dieron la espalda”, me comentó un tiempo atrás. Y es que para Nisia, la amistad y la fidelidad es un templo sagrado.

¡Promotora cultural como no hay otra!, está en todas partes. Creo que tiene el don de la ubicuidad; lo mismo te la encuentras en la inauguración de una Feria Internacional del Libro de La Habana en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, que en los Congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, que en el Instituto Superior de Arte (ISA), que en  Galería Habana en la inauguración de una muestra personal o colectiva, que en la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, que en PABEXPO donde se desarrollan las distintas ediciones de FIART, es decir, las ferias internacionales de artesanía, que en el céntrico el Pabellón Cuba en un concierto, que en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, que en cualquiera de las ediciones de los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano, que en el Festival de Cine de  Gibara… es que Nisia está en todas partes y me pregunto ¿de dónde le viene tanta energía, tantas ganas de hacer, tanta juventud? Quizás, ese sea su más preciado secreto.

Por todo eso y por mucho más, cuando supe de la feliz y justa iniciativa de que se le entregaría a Nisia Agüero el Premio Pablo, que confiere el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, sentí que era una merecidísima salutación y reverencia a una mujer imbatible que ha entregado y entrega su vida a lo mejor del acervo cultural de nuestro tiempo, éste que vivimos hoy: el que nos toca y “el mejor”, como dice el doctor Eusebio Leal, porque es el nuestro.

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