NO ES EXTRAÑO QUE ELPIDIO SEA UN MAMBI

Por: María Fernanda Ferrer

5 de Febrero de 2018

Por: María Fernanda Ferrer

Fotos de : María Santucho y Raúl Rodríguez

 

Elpidio Valdés, los inicios es un hermoso libro de historietas que el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau ha puesto en manos del lector en la presente Feria Internacional del Libro, que se celebra por estos días en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, a la entrada de la hermosa bahía habanera.

Elpidio Valdés, los inicios, de la autoría de Juan Padrón –quien asistió a la presentación efectuada en la sala Nicolás Guillen– fue elogiado por el reconocido realizador y productor Jorge Oliver, quien apuntó que no es nada extraño que el personaje popular impreso más trascendente en Cuba sea un mambí: “un mambí ‘de mentirita’ que se parece mucho a la verdad; un luchador por la independencia”, y significó que, quizás, eso le pueda asombrar a cualquier visitante, pero a los cubanos no porque “a este país se hacía falta un Elpidio”.

Recordó que corrían los años 60 y que Padrón ha confesado que tenía la cabeza llena de información cultural de la mejor, o sea, historietas de Superman, de Batman, de Los Halcones Negros que peleaban contra el comunismo y, junto con eso, películas de cowboys: “todo ello le permitió a Juanito constatar que la mayoría de los revólveres que se usaban estaban fuera de época o que tenían un tambor de seis balas y no cinco como era en realidad”.

La cultura en la que nos habíamos formado, dijo, no estaba preparada para producir un mambí y se preguntó: “¿cómo es, entonces, que surge Elpidio?” y de inmediato se autorrespondió: “Padrón nació en Cárdenas”, Ciudad Bandera, donde por primera vez en la historia de la Isla se izó la enseña nacional.

Comentó Oliver que “para los cubanos es tan cotidiano Elpidio que a estas alturas muy poca gente se preocupa por conocer cuáles son sus raíces culturales” y seguidamente explicó: “es el mismo país donde nació el personaje de Liborio, hecho por Torriente a inicios de la república, en mil novecientos; detrás de eso, también, había que encontrar la raíz en El Bobo de Abela -mucho más inteligente, mucho más martiano- y por último el Pucho, de Virgilio, que sí se la jugaba completa, que sí estaba en el clandestinaje en serio y que ha quedado como un precedente de cualquiera de las cosas que produzcamos hoy”, enfatizó.

Recordó Jorge Oliver que en los años sesenta “hacía falta otro héroe y de ahí viene Elpidio, que era una necesidad”, pero todos los personajes anteriores a Elpidio, tenían una característica común y es que estaban dirigidos al público adulto; “sin embargo, insistió, desde que Elpidio nace lo hace, supuestamente, para niños y, quizás, eso sea una justificación desde el punto de vista artístico de porqué Elpidio tiene una línea tan firme, tan limpia, tan entendible, del porqué Elpidio tiene historias tan claras y lineales desde sus inicios”, comentó.

Por su parte, Juan Padrón, visiblemente emocionado, agradeció “las bonitas palabras” que Oliver le dedicó a quien le une una amistad de más de medio siglo.

Recordó que uno de los aspectos que más lo ayudó a redondear el personaje de Elpidio fueron los viajes que realizó, por toda Cuba, haciendo investigaciones de cómo los niños cubanos de esa época recibían los animados, las cancines y los juegos de mesa: “recuerdo que íbamos a las escuelas ubicadas fuera de la ciudad y también al interior del país, como a Baracoa, para saber cómo los niños campesinos recibían las historietas que se hacían para ellos” y se publicaban en la entonces revista Pioneros, que era el órgano de la Unión de Pioneros de Cuba.

Para mí –reiteró Padrón- fue una experiencia muy bonita que, por ejemplo, “las niñas reclamaban estar representadas y los varones se oponían porque argumentaban que a las niñas había que cuidarlas y ellas decían que había mambisas mujeres y que cargaban al machete, al igual que los varones”. Ahí me di cuenta –continúa Juan Padrón- de que “tenía que crear un personaje femenino que acompañara a Elpidio y así nace María Silvia. Al caballo de Elpidio, inicialmente, no le di mucha importancia, pero cuando le puse Palmiche y los niños empezaron a preguntar por él me di cuenta que era un personaje super importante en la historieta”.

Ese contacto con niños –enfatiza- me sirvió para enfocarme mucho más en la historieta: “cuando me pongo a dibujar, siempre pienso que lo van a leer niños de entre 10 y 12 años, pero también me propongo divertir a las gente y, después, va el mensaje, que está dentro de todo ese batido”.

Finalmente agradeció la publicación de Elpidio Valdés, los inicios y enfatizó que estas historietas se publicaron en el año 1970 y nunca se habían podido volver a ver: “el hecho de verlas reproducidas después de tantos años me pone muy contento”, concluyó.

El director del Centro Pablo, el poeta y cineasta Víctor Casaus, comentó la presencia de mucha gente amiga como Alquimia Peña, directora de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y Diego Gareca, ministro de cultura de Mendoza, y Alejandro Frías, representante de la Feria del Libro de esa provincia argentina, “quienes han venido, justamente, a La Habana, a través del Centro Pablo, para establecer relaciones con las autoridades del Instituto Cubano del Libro y la Feria de La Habana”. 

Por su parte Isamary Aldama, editora-jefa de Ediciones La Memoria (que está celebrando ahora sus 20 años de trabajo), precisó que la institución tiene su stand en el Pabellón C-9-A y que “todos los interesados pueden llegar a ese sitio, al Centro Pablo después de la Feria, para llevarse, en formato digital, todas las novedades literarias que el Ediciones La Memoria ha traído a la Feria”.

 

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