CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO DE LA TORRIENTE ANTE UN DICIEMBRE MÁS

Por: Leonardo Depestre

12 de Diciembre de 2020

PABLO DE LA TORRIENTE ANTE UN DICIEMBRE MÁS

Por Leonardo Depestre Catony

Es cuando menos curiosa la impotencia y casi siempre absoluta invalidez del ser humano para decidir acerca de los dos momentos más importantes en su vida: el del nacimiento y el de la muerte. Aunque bien mirado el asunto, es una suerte que así sea y no esté en nuestras manos.

La adolescencia y juventud son los períodos en que osados y osadas más arriesgan su vida. Pablo de la Torriente Brau, nacido y muerto en un mes como este, lo primero el 12 de diciembre de 1901 y lo segundo el 19 del mismo mes pero de 1936, por lo que solo vivió 35 años, fue siempre joven. Así lo recordamos y difícil se nos hace imaginarlo con el pelo canoso, quizá calvo y el brío controlado de los que llegamos a la tercera edad. Los años, a unos más y a otros menos, pero a todos, nos llevan a considerar mejor la importancia de la vida. El valor no se adormece, aunque el ardor se aplaca un tanto. El fenómeno se manifiesta no solo en ese aspecto, también en otros de la vida. Por algo se afirma que los héroes mueren jóvenes.

Pablo perteneció a una generación de jóvenes heroicos. Vio morir a sus coetáneos y correligionarios Gabriel Barceló y Rubén Martínez Villena, enfermos de tuberculosis, supo del asesinato en México de Julio Antonio Mella, se estremeció ante la caída de Rafael Trejo, de Pío Álvarez, de González Rubiera (Rubierita) y de Ivo Fernández, ante la desaparición de Félix Ernesto Alpízar y la alevosía con que ejecutaron a los hermanos Valdés Daussá, compartió la ira cuando supo de la muerte en desigual combate de Antonio Guiteras y de Carlos Aponte. Todos eran jóvenes. Y nos faltan muchos por mencionar.

La vida de Pablo transcurrió entre una sucesión de riesgos personales, desde la adolescencia, marcada por experiencias y aventuras peligrosas. Si pensaba o no en la muerte lo desconocemos, seguramente no a esa edad. Hasta el ejercicio del periodismo lo llevó a vivir situaciones atrevidas. Cuando combatió el gobierno de Machado estuvo consciente del enorme riesgo que corría, al igual que al asumir un importante rol en la organización de la huelga revolucionaria de marzo de 1935.Al embarcar hacia España, a la guerra civil, sabe que lo que esta puede entrañar, pero siempre optimista, desde Madrid escribe: “Moriré no de bala sino de frío”.

Ante una personalidad como la de Pablo de la Torriente, ante un carácter como el suyo, con decisiones tan enraizadas, no cabe el pesimismo. Difícil resultó para sus compañeros en Cuba y para su esposa Teté aceptar la muerte del héroe. Durante varios años, en cada diciembre se le rindió homenaje. Aun hoy se hace. Martiano al fin, la frase del Apóstol le ajusta exacta: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

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