PABLO DE LA TORRIENTE BRAU EN MÉXICO

Por: Centro Pablo

3 de Diciembre de 2019

Nuestra biografía testimonial Pablo: con el filo de la hoja fue publicada en México por el Fondo de Cultura que dirige nuestro hermano, el intenso y prolífico escritor y luchador revolucionario Paco Ignacio Taibo II. El Centro Pablo agradece ese fraterno gesto editorial que llevará la vida y la obra del cronista de Majadahonda al público lector mexicano. La presentación realizada por el autor de Guiteras: un hombre guapo en la Feria del Libro de Monterrey fue además propicia para poner sobre la mesa los temas relacionados con el género testimonial, del que Paco es, a la vez, “creyente y practicante” como comentó alguna vez Eduardo Galeano, también maestro del género.

 Este boletín Memoria trae aquí las palabras de Taibo y reitera el ofrecimiento solidario del Centro Pablo para apoyar la gestión en La Habana del Fondo de Cultura, que abrirá próximamente una librería, en coordinación con instituciones culturales de la Isla.

                                                                                    Víctor Casaus

La nueva colección popular del Fondo de Cultura queríamos que fueran libros con mucho gancho para los lectores. Entonces decidimos hacer una sub-colección de testimonios periodísticos, lo que se llama nuevo periodismo que, como verán, de nuevo no tiene tanto y de buen periodismo tiene mucho. Era una colección en la que el texto periodístico nos permitía acercarnos al pasado por los caminos de la crónica, de la narración de hechos con una potente carga informativa, pero también con una potente carga narrativa.

El mejor elogio que se le puede hacer a esta crónica es leerla como si fuera una novela: la viví como ficción con el peso maravilloso de que estoy leyendo algo real. A la hora de decidir quiénes eran nuestros caballos de batallas para esta nueva colección, entre ellos estaba Pablo de la Torriente Brau por ser una figura muy importante en el llamado Nuevo Periodismo y piensen que estoy hablando de libros que escribió a fines de la década de los 20 y principio de la década de los 30. En esos textos están los componentes claves de eso que reconocemos como Nuevo Periodismo: testimonio realista con un tratamiento narrativo de ficción. Pablo de la Torriente Brau era un gran periodista político latinoamericano, es el padre de Rodolfo Walsh, al que consideramos el creador del nuevo periodismo latinoamericano previamente a los trabajos de García Márquez, entre otros.

Yo conocía muy bien su obra, trabajé en paralelo sobre un personaje coincidente en época con Pablo: Tony Guiteras, escribí un libro sobre Guiteras y por ende leí casi toda la obra de Pablo. ¿Y qué publicamos de Pablo? Creo que había dos obras pilares: El Presidio Modelo, que es una crónica de las condiciones en una cárcel que tenía la fuerza de ser replicable a cualquier país de América Latina de los últimos 50 años. Lo que narraba Pablo develaba las miserias de la prisión política en toda su profundidad porque Pablo era un reconstructor de realidades en el término del mejor periodismo narrativo. Estaba esa opción o publicar Realengo 18, un libro que es un reportaje sobre las condiciones agrícolas cubana más castigadas por la miseria. Entonces era el reportaje de la profundidad del mundo campesino y la resistencia.

Cualquiera de los dos nos venía bien, aunque resultaban incompletos como material sobre Pablo porque hay otra faceta suya como periodista que nos parecía indispensable incorporar que es su construcción del modelo de narrador protagonista. Pablo de la Torriente en sus crónicas de las luchas contra el machadato frecuentemente narra en tercera persona, en tono periodístico más o menos tradicional los acontecimientos que están aconteciendo en la realidad. Las perseguidoras de la policía batistiana ametrallan a los estudiantes en las afueras de la Universidad. Alguien pierde un brazo o una mano por los tiros, y entonces otra persona levanta esa mano y arenga a los estudiantes que están encerrados bajo el fuego de ametralladora. Cuando uno ve la foto descubre que “alguien” es él, el protagonista que rehúye la primera persona para construir esa extraña distancia.

Pero eso es frecuente en la crónica de Pablo. Cuando cuenta cómo los estudiantes bajaron de la Universidad y apedrearon la vitrina de una librería, lo cuenta en tercera persona, y luego ves las fotos y él es quien tiene la piedra en la mano. Este fenómeno de periodismo-intervención que luego practicarían otros periodistas de todas las latitudes se hacía muy interesante. Entonces, nos encontrábamos atrapados en un círculo hasta que descubrimos que el círculo se rompía solo porque había que publicar otro libro, no de Pablo sino sobre él. Un libro que recogiera esos materiales pero que al mismo tiempo rellenara una historia de vida. Para eso estaba el libro de Víctor Casaus, que es el mejor que se ha escrito sobre Pablo de la Torriente, con notables diferencias con respecto a los demás.

Pero, además, Víctor tenía otra virtud, en tanto forma parte de una de las corrientes más interesantes del nuevo periodismo en el mundo, que es la corriente de los testimonialistas cubanos. El testimonialismo en Cuba adquirió una fuerza tremenda después de la Revolución. En los años 60 se produjeron algunas obras maestras del testimonialismo, como lo llamaron, que era literatura del testimonio periodísticamente construida: un excelente libro sobre Bahía de Cochinos, de Lisandro Otero, El caballo de Mayaguara sobre la lucha contra los bandidos en la provincia de Las Villas; o Cinco picos, sobre el ascenso terrible a las montañas de la Sierra Maestra por parte de los jóvenes que están en el proceso de hacerse milicianos. Surgieron así una docena de estos excelentes libros.

Curiosa y acertadamente, va a ser Casa de las Américas la que bendice este fenómeno, en tanto crea el Premio de Testimonio. En esa colección se publicarían obras testimoniales muy importantes, así como le otorga alcance latinoamericano al fenómeno, el cual se extiende a la Revolución nicaragüense, con los libros de Borges, de Omar Cabezas, de muy buena factura narrativa, cuentan muy bien. No sólo viven, narran, recogen, sino cuentan muy bien. Entonces, la ventaja del libro de Víctor es que era en sí mismo una pieza del nuevo periodismo. “Matábamos dos pájaros de un tiro”: teníamos una historia de Pablo de la Torriente, el fundador del nuevo periodismo en Latinoamérica, y un libro testimonialista por uno de los mejores que han desarrollado este género desde Cuba.

Esto resultaba extraordinariamente atractivo porque las técnicas del montaje que usa Víctor –el cómo cuentas la historia, una técnica que en Cuba creció y es de los pocos lugares donde se arraigó con profundidad–, que es: la vida es un collage, reúnes los pedazos, los ordenas y la lectura que tienes resulta de rompecabezas y acumulativa. No es una lectura necesariamente coherente desde el punto de vista de la continuidad gramatical, sino coherente desde el punto de vista de la construcción de la historia. Polifónica como las grandes orquestas, lo que no debería sorprender si esta manera se adentra en la literatura. Habla uno, habla otro, todos son y tienen puntos de vista diferentes, a veces contradictorios o complementarios, y es el autor quien tiene las tijeras y va haciendo el recorte. Es la sabiduría del autor para recortar porque un libro testimonialista mal hecho es un fárrago, una simple acumulación de páginas. Además, una vez que un autor toma un personaje y lo hace suyo es atrapado por el síndrome de Estocolmo, lo que infiere que ese personaje lo perseguirá por el resto de los días de su vida. Y toda la información que encuentras te puede llevar a pensar que es novedoso y debe estar en el texto, corriendo el riesgo de volverte un testimonialista de collage interminable. La habilidad de un periodista fino, con estructura y mentalidad de escritor, es saber qué dejar dentro del material y qué fuera, y cómo ordenar el cúmulo informativo de una larguísima investigación.

El resultado es un libro que se lee también como se leían los escritos de Pablo. Fluye, lo hace notablemente y siempre sorprendiéndote al unísono que refleja a un personaje de una vida de inmensa riqueza, dotado, además, de algo que Cuba a veces carece, que es el sentido del humor. Un personaje con sentido del humor los lectores siempre lo agradecemos mucho. Se agradecen mucho los retruécanos constantes del Che, la actitud de Camilo de estar persiguiéndose a sí mismo todos los días.

Entonces nos acercamos al autor y conseguimos generosamente que accediera a entrar en la batalla y produjimos un libro a un precio decente. Tenemos, además, el compromiso de que si se reedita bajamos el precio, esto es algo que nadie hace dentro de la industria editorial de habla española. Entonces teníamos doble problema: el del precio lo resolvimos subiendo el tiraje y pagándole poco a Víctor y al mismo tiempo poniendo sobre la mesa un libro de lectura directa.

Me interesaba la aproximación de la doctora sobre el problema de “¿me encuentro ante un testimonio, me encuentro ante una historia de vida, me encuentro ante una biografía?”. Yo creo que Víctor lo resuelve claramente al hacer una historia: mostrando a un Pablo dotado de sentido del humor y que lee novelas de Salgari. No es un libro cerrado, que me molesta mucho de alguna literatura política cubana: libros repletos de elogios que ubican a los personajes en una especie de pedestal inmaculado, sin características ni detalles que lo hacen seres humanos. Este es un libro con vitalidad extrema del personaje, muy lejos del panegírico y muy cerca de lo tangible.

Paco Ignacio Taibo II

 

 

 

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