PABLO, DEPORTE Y RAZA

Por: Leonardo Depestre

6 de Junio de 2018

Por: Leonardo Depestre Catony

La diversidad de deportes que Pablo de la Torriente Brau practicó en sus años de juventud, el conocimiento que sobre estos acopió en cuanto a récords y estadísticas, y lo mucho que escribió sobre el tema, nos dan la medida de hasta dónde el deporte fue una de las grandes pasiones de Pablo.

Tuvo la oportunidad de cubrir periodísticamente los Juegos Deportivos Centroamericanos de 1930, con sede en La Habana, y de ver compartir sobre la pista, juntos, a atletas blancos y negros, mestizos y aindiados, de una región multiétnica y multirracial. Abundan los pasajes, unos casi líricos, otros humorísticos, acerca del desempeño de algunos atletas. Y con admiración escribe:

En el cuarto de taquillas, Bedford, negro, como el casco de un buque negro, se viste. Tiene la musculatura ágil y perfecta, y brilla como una moneda de oro negro. Tiene el perfil jactancioso y el aire pedante y tonto de casi todos los atletas estrellas. Y todo él es negro y perfecto como un griego que fuera perfecto y negro…

El pasatiempo nacional, la pelota o béisbol, como usted prefiera, figuró junto al fútbol rugby o norteamericano entre sus deportes favoritos. Durante su exilio en Nueva York, que para él es condena física porque el frío le atenaza los músculos, y espiritual porque la expatriación le duele, Pablo se alivia siguiendo los juegos de beisbol de las Grandes Ligas y el desempeño en ellas del gran lanzador cubano Adolfo Luque, a quien admira tanto que se lamenta de que hubiera sido machadista.

Pero la impronta mayor la deja en Pablo el club de pelota profesional New York Cubans, que se desempeña en las Ligas de Color Norteamericanas. La discriminación racial en Estados Unidos no permite el acceso de los peloteros negros a las Grandes Ligas, estos deberán contentarse con las Ligas de Color o Ligas Negras, pero sucede que la calidad del béisbol en estas es tan elevado que llena los estadios y tiene seguidores dentro de los amantes del beisbol en quienes el prejuicio racial no hace mella. En esas Ligas Negras Cuba tiene un equipo de notable competitividad, con peloteros que son ídolos en los campeonatos cubanos de beisbol profesional, donde la segregación no existe, al menos en el terreno de pelota, al punto que las estrellas negras del béisbol norteamericano juegan también en la liga cubana y se les admira.

Pablo apoya a los New York Cubans, y no solo por la nacionalidad de sus jugadores sino por su profundo sentimiento antirracista. Ellos tienen su sede en el estadio Dyckman Oval, donde “en las gradas se hablan todos los idiomas de Nueva York, es decir, del mundo, y en el terreno se confunden jugadores blancos y negros, como en Cuba. De vez en cuando, de los altoparlantes desagua un sabroso son bien bongosero, mientras en las cornisas del estadio, alternando, flotan, la bandera de Cuba, y la bandera que algún día tendrá Puerto Rico. Esto, como homenaje de simpatía a los boricuas, que constituyen la mayor colonia hispanoparlante de Nueva York”.

Sin embargo, la discriminación no se circunscribe solo al béisbol, y tampoco a los Estados Unidos. La sangre y el verbo le hierven a Pablo cuando en 1936 escribe: “Leo las noticias de las Olimpiadas de Berlín (…) Los desprecios de Hitler a los atletas norteamericanos triunfadores solo por ser negros, son elocuentes”.

Pablo antirracista se explaya en numerosas ocasiones: cuando afirma que en el habanero Vedado Tennis Club, “…le negaron al negro su derecho a ser igual”; cuando apostilla que “después vino el viaje por los ferrocarriles americanos, en los que los hombres negros no pueden ir junto con los hombres blancos, tanto por prejuicio de razas, como por odio hacia el individuo que ya no puede ser explotado por lo menos de manera legal”.

En la cultura nacional está ocurriendo entonces un proceso de valorización de la herencia negra en el patrimonio cubano. Dentro de la música irrumpen los compositores Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán; en la poesía aparecen, entre otros representantes, Ramón Guirao y Nicolás Guillen. Tampoco a Pablo de la Torriente el tema le es ajeno. ¡Qué bien —para nosotros— saber su criterio acerca de asunto tan sensible y en consonancia con el derecho a la igualdad de todos los seres humanos! Porque martiano al fin, Pablo también hizo suya la máxima del Apóstol: “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”.

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