CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO, EL 4 DE SEPTIEMBRE Y UN CORONEL NOMBRADO BATISTA

Por: Leonardo Depestre

4 de Septiembre de 2021

Leonardo Depestre Catony

El mes de agosto de 1933 deparó a los cubanos el júbilo por la caída y estampida de Gerardo Machado. Pero se vivieron jornadas muy convulsas en que los vecinos despertaban preguntándose qué de nuevo les traería el día y quién sería el presidente… o el nuevo presidente.

Septiembre comenzó con la misma tónica. Y el día 4 tuvo lugar un suceso cuya repercusión se extendería por casi tres décadas  e influiría en los destinos inmediatos de Cuba: el golpe militar de clases y sargentos que derrocó al presidente provisional Carlos Manuel de Céspedes y Quesada.

He aquí los hechos. Integrado por un pequeño grupo de clases y soldados, y con el apoyo de elementos civiles revolucionarios, los complotados se apoderaron sin contratiempos de las guarniciones militares, depusieron a la antigua oficialidad, la arrestaron y asumieron el mando en nombre de la revolución, al tiempo que se designaba un gobierno colegiado compuesto por cinco miembros que llevó por nombre oficial el de Comisión Ejecutiva pero la historia recoge por otro: la Pentarquía.

Aquel movimiento sedicioso lo integraron apenas ocho militares (sargentos, cabos y soldados), con destaque especial para uno, el más listo y decidido: el sargento Fulgencio Batista, taquígrafo del Sexto Distrito Militar de Columbia, en La Habana, de 32 años por aquellas fechas. En cuestión de horas se consumó el golpe de Estado, incruento porque el personal de las guarniciones se incorporó a los sublevados y civiles influyentes dieron su espaldarazo.

Entonces, con todos los mandos en mano, se hizo saber que el “movimiento revolucionario” quedaba constituido con Fulgencio Batista al frente. A propuesta del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) los cinco miembros de la Comisión Ejecutiva o Pentarquía serían Ramón Grau San Martín, Guillermo Portela, Sergio Carbó, Porfirio Franca y José Miguel Irisarri. Ellos comunicaron al presidente Céspedes y Quesada su deposición, y este la acató sin oposición, retirándose de Palacio.

Fulgencio Batista está pues, en fase “de germinación” pública: será el coronel (¿o mejor, “sargento – coronel”?),  “hombre fuerte” de Cuba, “el Indio”,  jefe del Ejército, el presidente constitucional (por elección popular) entre 1940 y 1944… y muchas cosas más con el correr de unos pocos años.

Pablo de la Torriente Brau no se  deja engañar y desde Nueva York escribe en marzo de 1935:

 Este es Fulgencio Batista, el nuevo Capablanca del ajedrez político de Cuba; el nuevo mastín de cara amable, un poco proclive a la obesidad por la suculencia del rancho militar, de quien dispone la Embajada americana en La Habana, en su apostólica misión imperialista…

 Este es Fulgencio Batista. Los políticos, en su impotencia, lo combatirán por el terror. Nosotros, los luchadores antimperialistas, desenmascarando su rol y propiciando la revolución de las masas populares de Cuba contra la penetración económica y política y contra todos los que, como él, no tienen otra misión que engañar al pueblo con promesas falsas y aterrarlo luego, con asesinatos verdaderos…

El movimiento o revolución del 4 de septiembre de 1933 tuvo hasta su bandera y la fecha se celebró año tras año “jubilosamente”… hasta 1958.

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