CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO, EL HERALDO DE CUBA Y UN COMENTARIO

Por: Leonardo Depestre

11 de Octubre de 2021

Por Leonardo Depestre Catony

Larga es la tradición de la prensa en Cuba. Desde la segunda mitad del siglo XVIII hizo su aparición en La Habana y con el arribo del XIX el número de periódicos y publicaciones creció. Durante la etapa colonial circularon diarios de diversas tendencias ideológicas y aunque por razón de la dominación política colonial prevaleció el control de los medios de prensa, también  hubo publicaciones de orientación liberal, obrera, autonomista y hasta atisbos abolicionistas e independentistas se escucharon en la prensa, incluida la clandestina. La República en Armas tuvo su órgano de prensa y el exilio político también. “¡La prensa es un poder!”, exclama José Martí cuando corre el año de 1881.

Sin embargo, es el siglo XX el del gran boom de la prensa en Cuba. La multiplicidad  de periódicos y magazines, siempre con cabida para la publicidad, es pasmosa, pero además se trata de una prensa con importantes adelantos técnicos, a la altura de las mejores publicaciones de Norteamérica.

Desempeña aquella prensa un rol poderoso en la conformación de la opinión pública. El carácter informativo siempre está presente, los periódicos reflejan el amplio espectro de las diversas tendencias del pensamiento político y aunque están en correspondencia con la adherencia ideológica de los dueños, los hay abiertamente de derecha, conservadores, liberales de centro, nacionalistas, los comunistas tienen también el suyo: Noticias de Hoy. Los periódicos se precian del bagaje intelectual y prestigio de sus columnistas y editorialistas.

En cuanto  a El Heraldo de Cuba, lo funda en 1913 el ilustre periodista Manuel Márquez Sterling, quien en 1915 cesa y lo pasa a Orestes Ferrara, oficial distinguido del Ejército Libertador, figura política influyente y polémica dentro de la historia de Cuba, de la cual es sin dudas parte. En apenas unos meses Ferrara haría de este diario  el de mayor circulación en todo el país con una tirada de 65 000 ejemplares. Tiene una página literaria semanal en la cual colaboran autores de relieve nacional.

Con oficinas y talleres en la esquina de Manrique y Virtudes, El Heraldo de Cuba se convirtió en vocero de Machado, en su defensor a ultranza, y con ello concitó el odio de los opositores del dictador.  Las fotos ilustran por sí mismas el ajuste de cuentas que el pueblo hizo con sus talleres a la caída de Machado. Una de ellas lleva al pie: “Los muchachos corren llevando suvenires de la destrucción del Heraldo”. Nada quedó, salvo el recuerdo.

En su artículo titulado “Pepín el terrible” (Ahora del 7 de mayo de 1934), Pablo apostrofa al director de Diario de la Marina, José Ignacio Rivero, de tendencia ultra conservadora en política, y aprovecha para hacerlo con una comparación nada tranquilizadora:

 Tu cara glútea, tus ojos de bovino castrado son ya para el pueblo de Cuba, una obsesión. Tú sabes bien que serás arrastrado; que tu periódico ofrecerá a La Habana el espectáculo de un nuevo Heraldo de Cuba; ¡que allí no quedará nada!…

 ¡¡¡A correr!!!

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