CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO EN 1918: FOTOGRAFÍA DE JUVENTUD

Por: Centro Pablo

13 de Diciembre de 2019

Por Mabiel Hidalgo Martínez

Hemos dado con una imagen de Pablo de la Torriente Brau muy poco conocida, tal vez casi inédita a los efectos públicos y que ello suceda en el mes de diciembre, cuando concurren sus fechas de nacimiento y muerte, y en tiempos en que La Habana celebra su aniversario 500, resulta un “hallazgo” maravilloso que deseamos compartir. En ella el joven Pablo se muestra concentrado en lo  que sujeta con su mano derecha, que bien puede ser un helado o un cucurucho de coco, y como sabemos por sus propios apuntes de su preferencia por los dulces, nos lo imaginamos en un momento feliz.

Según refiere su hermana Zoe, camarada de travesuras, “a Pablo le entusiasmaban todos los deportes entonces, sobre todo, el béisbol, jugaba el short stop […]”[1]; y en la foto tal parece que su mano izquierda sostiene apretado un guante de pelota, elemento que remite a sus prácticas como torpedero en los juegos durante los años de estudio en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Oriente, en Santiago de Cuba. También pudiera tratarse de un abrigo ligero para atenuar el leve invierno oriental, porque la instantánea se tomó en el mes de febrero de 1918, según delata la tinta del borde inferior de la fotografía.

El aspecto de fondo nos lleva a pensar que Pablo está en el patio de una casa, con palomar incluido, quizá en la vivienda ubicada en San Jerónimo y San Bartolomé, ocupada por la familia en 1917, la vivienda que describe Zoe en su libro Papeles de familia como “una casa muy espaciosa”[2]. Transcurrían para Pablo los últimos meses en la ciudad que acogió por una década a los Torriente Brau y en la que nacieran sus hermanas menores Lía y Ruth.

Encontrar la foto de juventud de Pablo en el archivo fotográfico de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, permite revisitar la imagen del joven adolescente, tiempo en el que, gracias a descripciones del propio Pablo, “tenía diez y seis años perfectos, admirablemente representados por un poco menos de seis pies de estatura, 150 libras de músculos ágiles y una loca imaginación de muchacho loco, de muchacho, muchacho”[3]; y del que no abundan referencias gráficas.

Pablo, entonces, era eso: un muchacho que amaba las aventuras de Emilio Salgari y las locuras de Alonso Quijano, un adolescente que posó para ser retratado o resultó sorprendido por la cámara mientras se detenía a mirar algo que cautivó su fértil ingenio y también su paladar. La foto de Pablo en plena juventud nos acerca al hombre que devino años más tarde en periodista acucioso, cronista de las más duras realidades cubanas, luchador de causas justas y ejemplo de generaciones que hoy admiran su imagen, su talento y su valor.

[1] Zoe de la Torriente Brau. Papeles de familia. La Habana: Ediciones La Memoria, 2006, p. 14

[2] Íbidem. p. 15.

[3] Víctor Casaus. Pablo: con el filo de la hoja. La Habana: Ediciones Unión, 1983. p. 25.

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