PABLO EN LAS PÁGINAS DE RUTA

Por: Leonardo Depestre

15 de Marzo de 2018

Leonardo Depestre Catony

Solo en una ocasión se encontraron el cubano Pablo de la Torriente Brau y el escritor mexicano José Mancisidor, este último camino de Rusia. Pablo lo recordaría como un “compañero cordialísimo y amable”. Pero el encuentro dejó también profunda huella en Mancisidor, director de la revista Ruta, de Veracruz, en la que Pablo colaboró. También tuvo Pablo acceso al libro Nueva York revolucionario, de Mancisidor, acerca del cual emitió los más entusiastas comentarios pues “el libro cumple a carta cabal su misión revolucionaria: a saber, dar a conocer a nuestros pueblos que comienzan a tener eco en este las luchas que ellos mantienen por obtener su liberación”.

Pero por supuesto, el asunto no termina ahí. Y existe una prueba fehaciente de ello. Pablo acaba de caer en Majadahonda, España, y Mancisidor le dedica al héroe cubano los números 46 y 47, diciembre de 1936 – enero de 1937, de Ruta.

Este ejemplar de Ruta, poco conocido hoy y en nuestra opinión un documento valioso, acopia testimonios sobre Pablo y los pone en conocimiento de cuantos se acercan a la lectura de la revista. Quiere esto decir, que no sabemos cuántos mexicanos, latinoamericanos y lectores de otras latitudes, tuvieron gracias a esta entrega de Ruta una mejor valoración del ejemplo y lo que representó Pablo de la Torriente Brau para sus contemporáneos y compañeros de armas.

Los testimoniantes y sus textos, algunos muy poco divulgados y desconocemos si reproducidos alguna vez más de entonces acá, van entregando facetas de la vida de Pablo, complementándose unos a otros, entretejiendo una trama heroica de lectura amena, sabedores quien leen de que se trata de situaciones reales, de nombres reales y de hechos históricos.

Ahí se lee, en palabras del escritor Carlos Montenegro: “Pensar en él no nos sugiere ningún responso, lo concebimos pleno de vida y de grandeza, de tanta grandeza que aún para escribir estas palabras nos sentimos insignificantes y solo lo hacemos pensando que, al divulgar nuestra admiración, honramos su memoria y fortalecemos aún más el frente antifascista en cuyas primeras filas el dio su vida generosa”.

El poeta Regino Pedroso lo ve “Amigo, camarada, / −niño, gigante, bruto– /, con aplausos de lágrimas / te alzo un cheer de emoción”.

Su fraterno Raúl Roa apuntaba que “radiante de júbilo, como Sandokan en su débil parao al abandonar el peñasco de Mómpracen en busca del leopardo inglés, partió de Nueva York al encuentro anhelado del peligro Pablo de la Torriente Brau”.

El propio José Mancisidor recuerda: “A Pablo lo conocí en Nueva York. En viaje anterior no había podido verle, estaba enfermo de gripe y mis días, contados en la isla de Manhattan, no me dieron tiempo a saludarlo.

A mi paso para la Unión Soviética y a través de los hilos del teléfono, hablé una noche de marzo con él. ‘Mañana –me dijo– lo veré’.

Al otro día, formal a la cita, llegó a verme. Difícil será que exista quien habiendo tratado a este niño grande, no lo haya amado desde la primera vez. Todavía lo recuerdo sobre mi pequeña cama en una pequeña vivienda en Irving Place. Comunicándome su ilusión de venir a México, mientras Teté, su graciosa compañera, lo secundaba en sus ansias de crear una obra que siempre había soñado”.

Y como colofón, reproduce Ruta uno de los últimos cuentos de Pablo: “El sermón de la montaña”.

Sencillamente antológico este número olvidado y casi desaparecido del mensuario Ruta que el Centro Pablo conserva como una prenda.

Solo un breve apunte más, este sobre José Mancisidor, intelectual de muy vario quehacer. Escritor, historiador y político, combatió a las tropas norteamericanas en Veracruz en 1914, participó en la Revolución Mexicana y fue nombrado comandante militar y gobernador del territorio de Quintana Roo. También fue alcalde Xalapa y presidente de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios.

De filiación marxista, José Mancisidor ejerció como profesor por muchos años y escribió varios libros, incluidos novelas. Murió el 22 de agosto de 1956 en México, a los 62 años.

 

 

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