PABLO EN LINO NOVÁS

Por: Leonardo Depestre

7 de Julio de 2018

Por: Leonardo Depestre Catony

Semanas atrás, Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y número uno de los pablianos de aquí y de allá, me entregó la copia mecanografiada de dos cartas de Lino Novas Calvo a José María Chacón y Calvo, fechadas el 21 y 26 de diciembre de 1936. Primero que todo Víctor me encargó que comprobara si el Centro Pablo ya las había publicado, como efectivamente ocurrió en el libro Laberinto de fuego. Epistolario de Lino Novás Calvo, de Ediciones La Memoria, 2008. Ahí están las dos cartas que ahora se reproducen, aunque antes son necesarias algunas acotaciones.

Lino Novás fue amigo fraterno del erudito ensayista José María Chacón y Calvo. Pero de Pablo solo fue un conocido. Al menos eso se colige cuando revisamos los dos volúmenes de las cartas cruzadas de Pablo (no hay ninguna de Lino Novás), cuando revisamos las que escribió desde presidio (tampoco está Lino) y al repasar sus trabajos periodísticos en Ahora. En ese largo recorrido, Pablo solo menciona unas pocas veces a Novás, y lo hace con respeto, afecto, enviándole “saludos”. Nada más.

Sin embargo, es la presencia de ambos en la España de la guerra civil la que engrana las vidas de uno y del otro, ambos escritores y ambos del lado republicano. Y hay algo más de lo cual no siempre tenemos la debida conciencia: Pablo es ya, aun en aquellos primeros meses de la contienda, un cubano muy conocido por su quehacer periodístico, por su militancia y por su carisma. Esto le gana admiradores en el bando republicano más allá de lo que hoy imaginamos. ¿La prueba? Está en la conmoción que causa su muerte y la difusión que la noticia merece en los cables internacionales. Sin llegar nunca a tener conciencia de ello, Pablo es, al momento de caer, un héroe y un símbolo.

Aquí va la carta del 21 de diciembre:

Querido Chacón:

Hoy, 21 de diciembre, me han dado la noticia: nuestro entrañable Torriente Brau ha quedado herido de muerte, en campo enemigo.

Prefiero darle así, brutalmente, la misma noticia. No tengo ánimo para hacerlo de otro modo. Me bastó el tratarle pasajeramente en Cuba, y brevemente aquí, para quererle como a un hermano. Cuba ha perdido a Pablo (lo damos ya por perdido): lo hemos percibido todos físicamente; yo lo llevaré en el corazón mientras viva.

Esta guerra terrible se alarga. Yo sigo donde me mandan, con la esperanza de que la sangre vertida por el pueblo no será estéril, y con esperanzas también de que un día volveré a Cuba a recordar entre nuestros amigos al amigo caído.

Un abrazo de
Lino

Esta otra es la del 26 de diciembre, solo con los pasajes que aluden a Pablo:

Hace días le escribí una breve carta dándole la noticia de la muerte de nuestro Pablo. Hoy vuelvo a hacerlo para preguntarle qué hacemos con las cosas que ha dejado en su casa y en manos de sus compañeros de batallón. Supongo que Saavedra [diplomático cubano en la Embajada en Madrid] le escribirá sobre lo mismo, dándole relación de los documentos que se conservan. De esos objetos una máquina fotográfica está en mi poder; un reloj pulsera y algunos billetes en poder de Miguel Hernández, comisario de cultura de Campesino [seudónimo de Valentín González]; el resto en casa de usted. Yo fui allí y he visto que tenía ropa, documentos personales, cuadernos de notas, una máquina de escribir (Paco cree que vendida), y copias de artículos enviados a El Machete y a New Masses. Se me ocurre que todo esto debemos mandárselo a su mujer [Teté Casuso], menos las copias de los artículos (artículos-reportajes) sobre esta lucha que pudiéramos editarlos ahora o más adelante en folleto. He escrito también a [Julio] Álvarez del Vayo [escritor, político y diplomático español, miembro del Partido Comunista español], a ver si se edita por fin su libro sobre Isla de Pinos. Claro que todo eso, si se hace, ha de ser con la autorización de su mujer.

(…) Hoy puedo completarle los datos de mi carta anterior: el cadáver de Pablo ha sido rescatado; el enemigo no lo tocó. El día 21 le dimos tierra en el cementerio de Chamartín. Fue un acto conmovedor. Yo lo he despedido. Le vi bajar a la tierra; no lo olvidaré jamás. Mi admiración hacia él creció con el trato personal; le he llegado a querer acaso como se puede querer a un hermano. Hemos perdido uno de los talentos y uno de los corazones más grandes de América. Un abrazo,

Lino

De las pertenencias de Pablo poco ha llegado a nuestros días. Y en especial apena desconocer el destino de su máquina de escribir y su cámara fotográfica. Por fortuna, no sucedió lo mismo con su papelería, mayormente recuperada y publicada en su casi totalidad.

En cuanto a Lino Novás Calvo, tuvo una vida larga e intensa, más propia para filmar que para narrar: fue dependiente de fondas, mandadero, empleado de limpieza y de una fábrica de sombreros, carbonero, boxeador y chofer de alquiler. Así es que solo reseñaremos que su producción literaria incluye cuentos y novelas principalmente, además del ejercicio del periodismo.

En España estuvo a punto de ser fusilado por un tribunal republicano, pese a serlo él también. En 1933 publicó El negrero. Vida novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava; en 1942 apareció en Argentina su volumen La luna nona y otros cuentos. En Cuba escribió y publicó bastante, y fue jefe de Información de la revista Bohemia, en la cual se dio a conocer en marzo de 1953 su traducción de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

En agosto de 1960 Novás salió de Cuba hacia Estados Unidos. Aun cuando en ese país continuó su quehacer intelectual, en Cuba sobrevino el silencio oficial, al punto que el Diccionario de Literatura Cubana, en su única edición de 1980, “lo olvida” y ni siquiera le dedica una entrada biogPor: Leonardo Depestre Catony

Semanas atrás, Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y número uno de los pablianos de aquí y de allá, me entregó la copia mecanografiada de dos cartas de Lino Novas Calvo a José María Chacón y Calvo, fechadas el 21 y 26 de diciembre de 1936. Primero que todo Víctor me encargó que comprobara si el Centro Pablo ya las había publicado, como efectivamente ocurrió en el libro Laberinto de fuego. Epistolario de Lino Novás Calvo, de Ediciones La Memoria, 2008. Ahí están las dos cartas que ahora se reproducen, aunque antes son necesarias algunas acotaciones.

Lino Novás fue amigo fraterno del erudito ensayista José María Chacón y Calvo. Pero de Pablo solo fue un conocido. Al menos eso se colige cuando revisamos los dos volúmenes de las cartas cruzadas de Pablo (no hay ninguna de Lino Novás), cuando revisamos las que escribió desde presidio (tampoco está Lino) y al repasar sus trabajos periodísticos en Ahora. En ese largo recorrido, Pablo solo menciona unas pocas veces a Novás, y lo hace con respeto, afecto, enviándole “saludos”. Nada más.

Sin embargo, es la presencia de ambos en la España de la guerra civil la que engrana las vidas de uno y del otro, ambos escritores y ambos del lado republicano. Y hay algo más de lo cual no siempre tenemos la debida conciencia: Pablo es ya, aun en aquellos primeros meses de la contienda, un cubano muy conocido por su quehacer periodístico, por su militancia y por su carisma. Esto le gana admiradores en el bando republicano más allá de lo que hoy imaginamos. ¿La prueba? Está en la conmoción que causa su muerte y la difusión que la noticia merece en los cables internacionales. Sin llegar nunca a tener conciencia de ello, Pablo es, al momento de caer, un héroe y un símbolo.

Aquí va la carta del 21 de diciembre:

Querido Chacón:

Hoy, 21 de diciembre, me han dado la noticia: nuestro entrañable Torriente Brau ha quedado herido de muerte, en campo enemigo.

Prefiero darle así, brutalmente, la misma noticia. No tengo ánimo para hacerlo de otro modo. Me bastó el tratarle pasajeramente en Cuba, y brevemente aquí, para quererle como a un hermano. Cuba ha perdido a Pablo (lo damos ya por perdido): lo hemos percibido todos físicamente; yo lo llevaré en el corazón mientras viva.

Esta guerra terrible se alarga. Yo sigo donde me mandan, con la esperanza de que la sangre vertida por el pueblo no será estéril, y con esperanzas también de que un día volveré a Cuba a recordar entre nuestros amigos al amigo caído.

Un abrazo de
Lino

Esta otra es la del 26 de diciembre, solo con los pasajes que aluden a Pablo:

Hace días le escribí una breve carta dándole la noticia de la muerte de nuestro Pablo. Hoy vuelvo a hacerlo para preguntarle qué hacemos con las cosas que ha dejado en su casa y en manos de sus compañeros de batallón. Supongo que Saavedra [diplomático cubano en la Embajada en Madrid] le escribirá sobre lo mismo, dándole relación de los documentos que se conservan. De esos objetos una máquina fotográfica está en mi poder; un reloj pulsera y algunos billetes en poder de Miguel Hernández, comisario de cultura de Campesino [seudónimo de Valentín González]; el resto en casa de usted. Yo fui allí y he visto que tenía ropa, documentos personales, cuadernos de notas, una máquina de escribir (Paco cree que vendida), y copias de artículos enviados a El Machete y a New Masses. Se me ocurre que todo esto debemos mandárselo a su mujer [Teté Casuso], menos las copias de los artículos (artículos-reportajes) sobre esta lucha que pudiéramos editarlos ahora o más adelante en folleto. He escrito también a [Julio] Álvarez del Vayo [escritor, político y diplomático español, miembro del Partido Comunista español], a ver si se edita por fin su libro sobre Isla de Pinos. Claro que todo eso, si se hace, ha de ser con la autorización de su mujer.

(…) Hoy puedo completarle los datos de mi carta anterior: el cadáver de Pablo ha sido rescatado; el enemigo no lo tocó. El día 21 le dimos tierra en el cementerio de Chamartín. Fue un acto conmovedor. Yo lo he despedido. Le vi bajar a la tierra; no lo olvidaré jamás. Mi admiración hacia él creció con el trato personal; le he llegado a querer acaso como se puede querer a un hermano. Hemos perdido uno de los talentos y uno de los corazones más grandes de América. Un abrazo,

Lino

De las pertenencias de Pablo poco ha llegado a nuestros días. Y en especial apena desconocer el destino de su máquina de escribir y su cámara fotográfica. Por fortuna, no sucedió lo mismo con su papelería, mayormente recuperada y publicada en su casi totalidad.

En cuanto a Lino Novás Calvo, tuvo una vida larga e intensa, más propia para filmar que para narrar: fue dependiente de fondas, mandadero, empleado de limpieza y de una fábrica de sombreros, carbonero, boxeador y chofer de alquiler. Así es que solo reseñaremos que su producción literaria incluye cuentos y novelas principalmente, además del ejercicio del periodismo.

En España estuvo a punto de ser fusilado por un tribunal republicano, pese a serlo él también. En 1933 publicó El negrero. Vida novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava; en 1942 apareció en Argentina su volumen La luna nona y otros cuentos. En Cuba escribió y publicó bastante, y fue jefe de Información de la revista Bohemia, en la cual se dio a conocer en marzo de 1953 su traducción de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

En agosto de 1960 Novás salió de Cuba hacia Estados Unidos. Aun cuando en ese país continuó su quehacer intelectual, en Cuba sobrevino el silencio oficial, al punto que el Diccionario de Literatura Cubana, en su única edición de 1980, “lo olvida” y ni siquiera le dedica una entrada biogPor: Leonardo Depestre Catony

Semanas atrás, Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y número uno de los pablianos de aquí y de allá, me entregó la copia mecanografiada de dos cartas de Lino Novas Calvo a José María Chacón y Calvo, fechadas el 21 y 26 de diciembre de 1936. Primero que todo Víctor me encargó que comprobara si el Centro Pablo ya las había publicado, como efectivamente ocurrió en el libro Laberinto de fuego. Epistolario de Lino Novás Calvo, de Ediciones La Memoria, 2008. Ahí están las dos cartas que ahora se reproducen, aunque antes son necesarias algunas acotaciones.

Lino Novás fue amigo fraterno del erudito ensayista José María Chacón y Calvo. Pero de Pablo solo fue un conocido. Al menos eso se colige cuando revisamos los dos volúmenes de las cartas cruzadas de Pablo (no hay ninguna de Lino Novás), cuando revisamos las que escribió desde presidio (tampoco está Lino) y al repasar sus trabajos periodísticos en Ahora. En ese largo recorrido, Pablo solo menciona unas pocas veces a Novás, y lo hace con respeto, afecto, enviándole “saludos”. Nada más.

Sin embargo, es la presencia de ambos en la España de la guerra civil la que engrana las vidas de uno y del otro, ambos escritores y ambos del lado republicano. Y hay algo más de lo cual no siempre tenemos la debida conciencia: Pablo es ya, aun en aquellos primeros meses de la contienda, un cubano muy conocido por su quehacer periodístico, por su militancia y por su carisma. Esto le gana admiradores en el bando republicano más allá de lo que hoy imaginamos. ¿La prueba? Está en la conmoción que causa su muerte y la difusión que la noticia merece en los cables internacionales. Sin llegar nunca a tener conciencia de ello, Pablo es, al momento de caer, un héroe y un símbolo.

Aquí va la carta del 21 de diciembre:

Querido Chacón:

Hoy, 21 de diciembre, me han dado la noticia: nuestro entrañable Torriente Brau ha quedado herido de muerte, en campo enemigo.

Prefiero darle así, brutalmente, la misma noticia. No tengo ánimo para hacerlo de otro modo. Me bastó el tratarle pasajeramente en Cuba, y brevemente aquí, para quererle como a un hermano. Cuba ha perdido a Pablo (lo damos ya por perdido): lo hemos percibido todos físicamente; yo lo llevaré en el corazón mientras viva.

Esta guerra terrible se alarga. Yo sigo donde me mandan, con la esperanza de que la sangre vertida por el pueblo no será estéril, y con esperanzas también de que un día volveré a Cuba a recordar entre nuestros amigos al amigo caído.

Un abrazo de
Lino

Esta otra es la del 26 de diciembre, solo con los pasajes que aluden a Pablo:

Hace días le escribí una breve carta dándole la noticia de la muerte de nuestro Pablo. Hoy vuelvo a hacerlo para preguntarle qué hacemos con las cosas que ha dejado en su casa y en manos de sus compañeros de batallón. Supongo que Saavedra [diplomático cubano en la Embajada en Madrid] le escribirá sobre lo mismo, dándole relación de los documentos que se conservan. De esos objetos una máquina fotográfica está en mi poder; un reloj pulsera y algunos billetes en poder de Miguel Hernández, comisario de cultura de Campesino [seudónimo de Valentín González]; el resto en casa de usted. Yo fui allí y he visto que tenía ropa, documentos personales, cuadernos de notas, una máquina de escribir (Paco cree que vendida), y copias de artículos enviados a El Machete y a New Masses. Se me ocurre que todo esto debemos mandárselo a su mujer [Teté Casuso], menos las copias de los artículos (artículos-reportajes) sobre esta lucha que pudiéramos editarlos ahora o más adelante en folleto. He escrito también a [Julio] Álvarez del Vayo [escritor, político y diplomático español, miembro del Partido Comunista español], a ver si se edita por fin su libro sobre Isla de Pinos. Claro que todo eso, si se hace, ha de ser con la autorización de su mujer.

(…) Hoy puedo completarle los datos de mi carta anterior: el cadáver de Pablo ha sido rescatado; el enemigo no lo tocó. El día 21 le dimos tierra en el cementerio de Chamartín. Fue un acto conmovedor. Yo lo he despedido. Le vi bajar a la tierra; no lo olvidaré jamás. Mi admiración hacia él creció con el trato personal; le he llegado a querer acaso como se puede querer a un hermano. Hemos perdido uno de los talentos y uno de los corazones más grandes de América. Un abrazo,

Lino

De las pertenencias de Pablo poco ha llegado a nuestros días. Y en especial apena desconocer el destino de su máquina de escribir y su cámara fotográfica. Por fortuna, no sucedió lo mismo con su papelería, mayormente recuperada y publicada en su casi totalidad.

En cuanto a Lino Novás Calvo, tuvo una vida larga e intensa, más propia para filmar que para narrar: fue dependiente de fondas, mandadero, empleado de limpieza y de una fábrica de sombreros, carbonero, boxeador y chofer de alquiler. Así es que solo reseñaremos que su producción literaria incluye cuentos y novelas principalmente, además del ejercicio del periodismo.

En España estuvo a punto de ser fusilado por un tribunal republicano, pese a serlo él también. En 1933 publicó El negrero. Vida novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava; en 1942 apareció en Argentina su volumen La luna nona y otros cuentos. En Cuba escribió y publicó bastante, y fue jefe de Información de la revista Bohemia, en la cual se dio a conocer en marzo de 1953 su traducción de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

En agosto de 1960 Novás salió de Cuba hacia Estados Unidos. Aun cuando en ese país continuó su quehacer intelectual, en Cuba sobrevino el silencio oficial, al punto que el Diccionario de Literatura Cubana, en su única edición de 1980, “lo olvida” y ni siquiera le dedica una entrada biográfica. Mucho después, por fin, a Lino se le abrió el espacio en las editoriales cubanas y la muy útil y nuestra Enciclopedia Cubana en la Red (EcuRed) digital lo bien califica como “una de las figuras capitales de la narrativa cubana”, porque aunque nacido en una aldea gallega, no hay dudas de que Lino Novás Calvo fue un autor cubano, y además, un autor importante. ráfica. Mucho después, por fin, a Lino se le abrió el espacio en las editoriales cubanas y la muy útil y nuestra Enciclopedia Cubana en la Red (EcuRed) digital lo bien califica como “una de las figuras capitales de la narrativa cubana”, porque aunque nacido en una aldea gallega, no hay dudas de que Lino Novás Calvo fue un autor cubano, y además, un autor importante. ráfica. Mucho después, por fin, a Lino se le abrió el espacio en las editoriales cubanas y la muy útil y nuestra Enciclopedia Cubana en la Red (EcuRed) digital lo bien califica como “una de las figuras capitales de la narrativa cubana”, porque aunque nacido en una aldea gallega, no hay dudas de que Lino Novás Calvo fue un autor cubano, y además, un autor importante. atrás, Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y número uno de los pablianos de aquí y de allá, me entregó la copia mecanografiada de dos cartas de Lino Novas Calvo a José María Chacón y Calvo, fechadas el 21 y 26 de diciembre de 1936. Primero que todo Víctor me encargó que comprobara si el Centro Pablo ya las había publicado, como efectivamente ocurrió en el libro Laberinto de fuego. Epistolario de Lino Novás Calvo, de Ediciones La Memoria, 2008. Ahí están las dos cartas que ahora se reproducen, aunque antes son necesarias algunas acotaciones.

Lino Novás fue amigo fraterno del erudito ensayista José María Chacón y Calvo. Pero de Pablo solo fue un conocido. Al menos eso se colige cuando revisamos los dos volúmenes de las cartas cruzadas de Pablo (no hay ninguna de Lino Novás), cuando revisamos las que escribió desde presidio (tampoco está Lino) y al repasar sus trabajos periodísticos en Ahora. En ese largo recorrido, Pablo solo menciona unas pocas veces a Novás, y lo hace con respeto, afecto, enviándole “saludos”. Nada más.

Sin embargo, es la presencia de ambos en la España de la guerra civil la que engrana las vidas de uno y del otro, ambos escritores y ambos del lado republicano. Y hay algo más de lo cual no siempre tenemos la debida conciencia: Pablo es ya, aun en aquellos primeros meses de la contienda, un cubano muy conocido por su quehacer periodístico, por su militancia y por su carisma. Esto le gana admiradores en el bando republicano más allá de lo que hoy imaginamos. ¿La prueba? Está en la conmoción que causa su muerte y la difusión que la noticia merece en los cables internacionales. Sin llegar nunca a tener conciencia de ello, Pablo es, al momento de caer, un héroe y un símbolo.

Aquí va la carta del 21 de diciembre:

Querido Chacón:

Hoy, 21 de diciembre, me han dado la noticia: nuestro entrañable Torriente Brau ha quedado herido de muerte, en campo enemigo.

Prefiero darle así, brutalmente, la misma noticia. No tengo ánimo para hacerlo de otro modo. Me bastó el tratarle pasajeramente en Cuba, y brevemente aquí, para quererle como a un hermano. Cuba ha perdido a Pablo (lo damos ya por perdido): lo hemos percibido todos físicamente; yo lo llevaré en el corazón mientras viva.

Esta guerra terrible se alarga. Yo sigo donde me mandan, con la esperanza de que la sangre vertida por el pueblo no será estéril, y con esperanzas también de que un día volveré a Cuba a recordar entre nuestros amigos al amigo caído.

Un abrazo de
Lino

Esta otra es la del 26 de diciembre, solo con los pasajes que aluden a Pablo:

Hace días le escribí una breve carta dándole la noticia de la muerte de nuestro Pablo. Hoy vuelvo a hacerlo para preguntarle qué hacemos con las cosas que ha dejado en su casa y en manos de sus compañeros de batallón. Supongo que Saavedra [diplomático cubano en la Embajada en Madrid] le escribirá sobre lo mismo, dándole relación de los documentos que se conservan. De esos objetos una máquina fotográfica está en mi poder; un reloj pulsera y algunos billetes en poder de Miguel Hernández, comisario de cultura de Campesino [seudónimo de Valentín González]; el resto en casa de usted. Yo fui allí y he visto que tenía ropa, documentos personales, cuadernos de notas, una máquina de escribir (Paco cree que vendida), y copias de artículos enviados a El Machete y a New Masses. Se me ocurre que todo esto debemos mandárselo a su mujer [Teté Casuso], menos las copias de los artículos (artículos-reportajes) sobre esta lucha que pudiéramos editarlos ahora o más adelante en folleto. He escrito también a [Julio] Álvarez del Vayo [escritor, político y diplomático español, miembro del Partido Comunista español], a ver si se edita por fin su libro sobre Isla de Pinos. Claro que todo eso, si se hace, ha de ser con la autorización de su mujer.

(…) Hoy puedo completarle los datos de mi carta anterior: el cadáver de Pablo ha sido rescatado; el enemigo no lo tocó. El día 21 le dimos tierra en el cementerio de Chamartín. Fue un acto conmovedor. Yo lo he despedido. Le vi bajar a la tierra; no lo olvidaré jamás. Mi admiración hacia él creció con el trato personal; le he llegado a querer acaso como se puede querer a un hermano. Hemos perdido uno de los talentos y uno de los corazones más grandes de América. Un abrazo,

Lino

De las pertenencias de Pablo poco ha llegado a nuestros días. Y en especial apena desconocer el destino de su máquina de escribir y su cámara fotográfica. Por fortuna, no sucedió lo mismo con su papelería, mayormente recuperada y publicada en su casi totalidad.

En cuanto a Lino Novás Calvo, tuvo una vida larga e intensa, más propia para filmar que para narrar: fue dependiente de fondas, mandadero, empleado de limpieza y de una fábrica de sombreros, carbonero, boxeador y chofer de alquiler. Así es que solo reseñaremos que su producción literaria incluye cuentos y novelas principalmente, además del ejercicio del periodismo.

En España estuvo a punto de ser fusilado por un tribunal republicano, pese a serlo él también. En 1933 publicó El negrero. Vida novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava; en 1942 apareció en Argentina su volumen La luna nona y otros cuentos. En Cuba escribió y publicó bastante, y fue jefe de Información de la revista Bohemia, en la cual se dio a conocer en marzo de 1953 su traducción de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

En agosto de 1960 Novás salió de Cuba hacia Estados Unidos. Aun cuando en ese país continuó su quehacer intelectual, en Cuba sobrevino el silencio oficial, al punto que el Diccionario de Literatura Cubana, en su única edición de 1980, “lo olvida” y ni siquiera le dedica una entrada biográfica. Mucho después, por fin, a Lino se le abrió el espacio en las editoriales cubanas y la muy útil y nuestra Enciclopedia Cubana en la Red (EcuRed) digital lo bien califica como “una de las figuras capitales de la narrativa cubana”, porque aunque nacido en una aldea gallega, no hay dudas de que Lino Novás Calvo fue un autor cubano, y además, un autor importante.

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