PABLO EN SABANAZO

Por: Leonardo Depestre

9 de Octubre de 2019

Por Leonardo Depestre Catony

Tiene Pablo de la Torriente poco menos de 20 años cuando se le presenta la ocasión de ir como delineante de un ingenio azucarero a la zona de Sabanazo, en Oriente, donde conocerá a Teté Casuso, entonces una niña, y con quien se casará diez años después. Pero todo esto es historia del futuro, porque en aquellos momentos –año de 1920– lo que escuece el espíritu aventurero de Pablo es lanzarse hasta lo más intrincado de una región perdida cuyas coordenadas no aparecen ni en la Wikipedia, aunque la cubana y útil Ecured sí le da entrada e informa al lector curioso que desde 2007 Sabanazo es un consejo popular del municipio Calixto García, en la actual provincia de Holguín.

Enclave rural, de hombres acostumbrados al trabajo duro y riesgoso, de gentes humildísimas para quienes la hospitalidad es condición natural, la naturaleza agreste del lugar nutrió la imaginación y la temeridad del joven Pablo, incansable lector de las aventuras de Emilio Salgari, y es que a no dudar, el adolescente llevaba por dentro el muy inquieto espíritu de un Sandokan caribeño.

Sabanazo no era más que un punto de apoyo en la línea del ferrocarril para poner en comunicación el gran central que se iba a fomentar allá adentro, al otro lado del muro impenetrable de bosque que cerraba el horizonte. La expedición era esta: meterse hasta allá, con el fango a las rodillas, abrir trochas y picados, establecer campamentos que se escalonaran para tener donde abastecerse cada mes, e ir haciendo el estudio del ferrocarril, bajo un sol casi invisible pero agobiador, oyendo la perpetua sinfonía de unos mosquitos y jejenes despiadados, crueles, voraces; innumerables además. (Relato “Una aventura de Salgari”)

Hasta dónde es cierto lo que Pablo cuenta en su relato, cuyo protagonista es su alter ego, es asunto que dejamos para que cada quien, después de disfrutado el relato, lo valore. Loló de la Torrente, prima de Pablo, ensayista, portadora de una elegante prosa y autora de una biografía de Pablo, incorpora estas aventuras dentro del texto biográfico. Quizá para ello se apoyara en conversaciones con su primo, allá en Nueva York, durante el frío y difícil exilio de este, porque recordemos que Pablo era además un buen conversador y bromista. En cualquier caso, y esto es algo un tanto sorprendente, si excluimos el citado cuento, Pablo no hace ninguna otra alusión a Sabanazo en su abundante obra escrita, publicada en su totalidad por el centro cultural que en La Habana Vieja lleva su nombre.

El relato está impregnado de gran intensidad, para leerse de un tirón, y presenta escenas de dramatismo como esta, en que el protagonista está a punto de ser devorado por un caimán, en tanto un compañeros suyo, con menos suerte, sí corre ese destino, que Pablo describe con un realismo espeluznante, capaz de quitarle el sueño si es usted un lector impresionable:

Fue entonces que la cabeza de Ramón, que me había cortado el camino adelantándose a mi marcha demorada, salió por completo del agua ¡y se reía!… “¿Tú no eras el que no tenía miedo… ¡Ay! ¡Ay!…” Alargó desesperadamente el brazo y me enterró los dedos en la muñeca… Gritaba lleno de un espanto inenarrable, con una voz que hacía temblar todas las hojas de todos los árboles del monte, y mientras mis huesos se astillaban, sin poder desprendérmelo y sin poder rescatarlo, impotentes también, gritaban desde lo alto todos mis amigos, ¡todos sus amigos!… El caimán se lo comió vivo, mirándome a los ojos, acercándose a mí, salpicándome a la cara agua, fango, sangre y peste, desesperado, aullando…

Conociendo cuan poderosa era la imaginación de nuestro Héroe de Majadahonda nos aventuramos a afirmar que incorpora una cierta dosis de elementos de ficción, puesto que aunque condimentado dentro de un escenario que conoció, y narrado en primera persona, tampoco él pretende asumirse como un personaje real.

Por cierto, ¡qué pena que los jóvenes lectores de hoy desconozcan casi por competo a Emilio Salgari, como también a Julio Verne! Aunque los tiempos han cambiado mucho, viajar con la imaginación sigue siendo un pasatiempo que no daña la salud.

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