PABLO, ENTRE ZOE Y RUTH

Por: Leonardo Depestre

12 de Octubre de 2018

Leonardo Depestre Catony

Pablo de la Torriente Brau tuvo cuatro hermanas, Graciela y Zoe, nacidas en Puerto Rico, Lía y Ruth, en Cuba. Pero como suele suceder en las familias numerosas, los hermanos tienen un mayor acercamiento o afinidad con unos que con otros.  Según testimonios, Pablo tuvo una más estrecha relación (léase mejor “complicidad”) con Zoe y con Ruth.

Por razón de los viajes familiares, unos van a España y otros quedan en América, Zoe y Pablo vienen a conocerse al cabo de cierto tiempo. En el libro Pablo: la infancia, los recuerdos, se cuenta acerca de aquel primer encuentro:

Un día, mamá, que tenía muchos quehaceres pendientes después del viaje, piensa que para familiarizarlos rápidamente lo mejor es ponerlos a jugar juntos, y mete a Pablo en la cuna de Zoe. Allí los deja con toda tranquilidad.

Pasa un buen rato y ni se les oye chistar. Mamá se inquieta, sin embargo, por tanto silencio. Cuando va a verlos, se los encuentra sentados uno frente al otro, muy tranquilos… y con una tijera en la mano, con la que, por turnos, Pablo le cortaba un mechón de pelo a Zoe y Zoe le cortaba otro a él. El primer encuentro había tenido un desenlace asombroso: pelados al rape los dos.

Si bien la personalidad de Pablo es arrolladora, la de Zoe tiene matices propios. Conoció y mantuvo relaciones de amistad con importantes figuras de la intelectualidad y recibió en la niñez, al igual que Pablo, el ejemplo del abuelo don Salvador Brau. La doctora Miriam Rodríguez Betancourt apunta: “Zoe no es solo la hermana de Pablo; ella misma tiene valores intelectuales y cívicos que están reclamando hace rato un estudio riguroso para que sea conocida como la ilustre bibliotecaria que fue”. Porque además de acompañarlo en travesuras infantiles, es Zoe –bibliógrafa de profesión− quien con tenacidad y entusiasmo salva el legado documental que nos permite conocer mejor a su hermano.

Para Ruth, “Zoe fue una mujer que yo no dudo en calificar de extraordinaria; por su nobleza, inteligencia y rectitud. Se dedicó toda su vida al estudio, fue una bibliotecaria destacada. Influyó mucho en mi hermano, era su primera admiradora, compañera de juegos y aventuras. Ella recopiló y guardó sus documentos, libros y todo lo que se escribiera sobre él. A Zoe le debemos ese legado”.

En cuanto a Ruth, la más pequeña, nacida en 1913 en Santiago de Cuba, aunque su vida transcurrió en La Habana,  estudió magisterio solo por complacer a su madre. Después cursó mecanografía, taquigrafía e inglés, con los que pudo encontrar trabajo y ayudar a la familia. Trabajó como secretaria en el Ministerio de la Agricultura, en el Tribunal de Cuentas y tuvo la satisfacción (premio a su eficiencia) de ocupar una plaza de oficinista en las Naciones Unidas, en Nueva York, durante los períodos de sesiones de la Asamblea General de la ONU.

Ella diría de sí:

“Me ha gustado todo lo que he aprendido, en lo que he trabajado. Creo que nadie ha disfrutado tanto de su trabajo como yo. Desde que empecé a trabajar, me gustaba tanto que habitualmente me quedaba después del horario de cierre. ‘¿Y a qué hora te vas, Ruth?’, me preguntaban mis compañeros. Y yo siempre decía: ‘Ahorita’”.

Entrevistada por Miriam Rodríguez Betancourt y Jesús Arencibia cuando contaba ya 97 años, Ruth dijo algo muy interesante sobre su hermano: “No me lo imagino envejeciendo. Él hubiera sido todo el tiempo joven”.

Entonces también expresó: “Nunca hemos utilizado su nombre para obtener ningún beneficio. Él, que era un idealista, sería el primero en despreciarnos si lo hubiéramos hecho. Hemos pasado toda la vida cuidando un apellido…”

De la autoría de Zoe, nos quedó el libro de recuerdos Papeles de familia, y de ambas hermanas, el texto titulado Pablo: la infancia, los recuerdos, publicados ambos por Ediciones La Memoria, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

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