CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO: LA CUBA DE SU ÉPOCA / EL ARRIBO DE UN SUPERHOMBRE

Por: Centro Pablo

17 de Julio de 2019

Por: Argelio Santiesteban                                                                                                                                                                                                         Es el  día 12 de diciembre de 1901. Y viene a este mundo Pablo Félix de la Torriente Brau.

El alumbramiento ocurre en la calle General O’Donnell número 6, frente a la plazoleta de Cristóbal Colón, en San Juan, Puerto Rico. Es el segundo hijo del matrimonio que forman Félix de la Torriente y Garrido y María Magdalena Graziella Brau de Zuzuárregui, casados en 1898.

En la casa natal coexisten dos desempeños.  Es la vivienda familiar y la sede del Centro Docente de la Unión Ibero-Americana, fundado y dirigido por el progenitor, el pedagogo don Félix.

Pablo –siempre tan dado a eso que los cubanos nombramos la chivadera–, comentó en torno a su aterrizaje en este  planeta:

“Tuve la desgracia de nacer frente a una de esas estatuas de Colón, en que aparece siempre encaramado en un palo de mármol, con la mano sobre los ojos, como si el Almirante hubiera sido un infeliz grumete, y comprendo que esto me va a traer mala suerte cuando yo sea famoso”.

Y, cuando aquel titán nace en una escuela puertorriqueña… entonces…

¿Qué pasaba en Cuba?

No es  imprescindible ser un sagaz historiógrafo para estar al tanto de que en1901 los vecinos septentrionales que infortunadamente nos tocaron — por maldición de  no sé qué dios–  han hecho de nuestra patria una tierra invadida. Mientras, el congreso norteño aprueba la enmienda, promovida por Orville Hitchcock Platt, que nos convierte en  algo así como una nación satelital.

Pero no todo resulta siempre tétrico.  Así, mientras, nace en el santiaguero barrio Tivolí Benito Antonio Fernández Ortiz, Ñico Saquito, cuyas guarachas —“Cuidadito, compay gallo”, “Yo no escondo a mi abuelita”, “Cambiaron a Jorge”, “Compay gato”…—, siguen haciéndonos revolcar de la risa, sin olvidar que fue el creador de la “canción protesta”, con la guajira “Al vaivén de mi carreta”.

También viene a este cubanísimo mundo, en Alquízar, el compositor Luis Marquetti, de cuya pluma brotaron boleros eternamente clásicos: “Plazos traicioneros”, “Entre espumas”, “Amor, qué malo eres”, “A ti, madrecita”…

Se funda la Banda Municipal de La Habana, bajo la dirección del cienfueguero Guillermo M. Tomás.

El violinista Claudio José Domingo Brindis de Salas Garrido —quien ha sido aplaudido en Milán, Turín, Génova, París, San Petersburgo, Nueva York— brinda varios conciertos en Santiago.

Se publican, de Salvador Cisneros Betancourt, Voto particular contra la Enmienda Platt; de Enrique Piñeyro, Vida y escritos de J. C. Zenea; de Bonifacio Byrne, Lira y espada; de Martín Morúa Delgado, La familia Unzuazu; de Francisco Calcagno, Aponte.

En Zulueta, provincia entonces de Las Villas, nace Carlos Enríquez quien, como pintor, nos entregará joyas que incluyen “El rapto de las mulatas” y, en calidad de escritor, novelas: Tilín GarcíaLa Feria de Guaicanama, La Vuelta de Chencho.

Relevante piedra miliar de la cultura cubana: es creada la Biblioteca Nacional, con el bibliógrafo Domingo Figarola-Caneda como director.

Como feliz resultado del trabajo emprendido por nuestro doctor Carlos J. Finlay, solo se registran 18 casos de fiebre amarilla en La Habana. Antes, sumaban cientos cada año.

Se efectúan “las primeras visitas de equipos cubanos [de beisbol] a los Estados Unidos” (Jorge Alfonso). Mientras, José Raúl Capablanca, con solo trece años de edad, es el campeón ajedrecístico de Cuba. E inauguran el Frontón Jai Alái, en la habanera intersección de Concordia y Lucena.

Pero, ¿qué más pasó en 1901?

Zafra de 635 856 toneladas, producidas por 168 ingenios. Acaban de ser inaugurados el “Francisco” (Santa Cruz del Sur) y el “Chaparra” (Puerto Padre). También el “Boston” (Banes), propiedad de la United Fruit Company, la tenebrosa Mamita Yunái, que será capaz de masacrar huelguistas colombianos y de tumbar de un pestañazo, en un weekend, a un gobierno guatemalteco.

Tomás Estrada Palma resulta electo presidente. Venderá a la Patria, al provocar la Segunda Intervención, mientras musita sin rubores: “Me llevo a la república en el bolsillo”.

Y otro mal recuerdo.  Cuando transcurre 1901, en el banense barrio La Güira —un asentamiento miserable, de bohíos con pisos de tierra, alumbrados con chismosas y hasta carentes de letrina—, nace Rubén Zaldívar, después nombrado Fulgencio  Batista. Traicionando su humildísimo origen, nunca va a cerrar filas junto a “los pobres de la tierra”. Escalador, cobarde y amoral, se venderá como guanajo en plaza a…  bueno… a quienes ustedes saben.

Por  fortuna,  ese  mismo año, en la isla  borinqueña,  desde su bendecida matriz,  María Magdalena Graziella Brau de Zuzuárregui nos estaba entregando a un semidiós.

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