CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO, MACHADATO Y TESTIMONIO EN LA LITERATURA CUBANA

Por: Leonardo Depestre

24 de Junio de 2019

Por: Leonardo Depestre Catony

Las guerras independentistas cubanas tuvieron sus cronistas combatientes de a caballo y machete en mano. El período insurreccional de los años 50 del pasado siglo también los tuvo y aún los tiene. Que la década del 30, convulsa e intensa en el panorama político, dramática y heroica en el orden humano, es lógico que igualmente los tenga.

Fueron pocos (si acaso los hubo) de entre aquellos valerosos protagonistas, los que se salvaron de la cárcel; los hombres en Presidio Modelo, en el Castillo del Príncipe o en la cárcel de Gerona; las mujeres, por lo general en el reclusorio de Guanabacoa.  En libros de memorias, crónicas periodísticas, pasajes autobiográficos, entrevistas  y testimonios, hallamos no solo una fuente de información de primera mano acerca de lo que fueron aquellas prisiones, sino una lectura amena, atrayente y vívida que mejor que otros muchos textos, entrega episodios relevantes de la historia patria.

Los testimoniantes más conspicuos de aquella épica llevan nombres que nos remiten a los propios protagonistas de la lucha contra Machado. Son ellos Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa, Aureliano Sánchez Arango y Carlos Duque de Estrada, presos políticos en Presidio Modelo, y de Ofelia Domínguez, Renée Méndez Capote y Loló de la Torriente, reclusas políticas en la Cárcel Nacional de Mujeres de Guanabacoa. La narración de sus experiencias personales es capaz de estremecer las conciencias de los lectores.

De Pablo, recomendamos la lectura de Presidio Modelo, muestrario de las vilezas cotidianas a que estaban sometidos los presos comunes y también, de manera más sutil, los políticos. Raúl Roa aborda el tema en su libro Bufa subversiva, que entre sus variados temas incluye recuerdos del período de confinamiento en el que un día pretendió ser un reclusorio modelo y se convirtió en escenario de inimaginables asesinatos y violaciones de la dignidad humana.

Otros dos autores, Aureliano Sánchez Arango y Carlos Duque de Estrada, revelaron en las páginas de la revista Carteles, ediciones de 1934, sus experiencias personales; el segundo de ellos, Duque de Estrada, con la particularidad de la incorporación de un ligero toque de humor. El relato de Aureliano salió publicado en una sola entrega titulada “Hombres fardos”, y el de Duque de Estrada en cuatro entregas, bajo el titulo “Soy un fugitivo del Presidio Modelo”.

La mujer, de tan viva participación en la lucha contra la dictadura machadista y los gobiernos subsiguientes, es también testimoniante en textos escritos con posterioridad. Renée Méndez Capote desgrana sus recuerdos en uno de los capítulos, el titulado “Veintidós días fuera del mundo”, del libro autobiográfico Por el ojo de la cerradura; Loló de la Torriente, prima de Pablo, lo hace en sus memorias: Mi casa en la tierra; y Ofelia Domínguez dedica varios capítulos de 50 años de una vida a sus cuatro “estancias”, en la cárcel de mujeres de Guanabacoa.

Panorama completo y aterrador de los tiempos de Machado  recogen tales testimonios. He aquí uno de Pablo de la Torriente Brau en Presidio Modelo:

…Al fondo de la fila se ha entablado la más angustiosa de las competencias que ha habido nunca… Dos hombres se disputan el último lugar… ¡Y al que se quede en él definitivamente la muerte lo alcanzará por la espalda!… ¡Los troncos les aplastan las espaldas y se hunden en el fango, pero ni Jesús Andreu ni Daniel Pérez Díaz flaquean!… ¡Detrás, gozando con el espectáculo, como quien ve el final de una carrera de cien metros, el escolta trata de seleccionar para quién será la bala que tiene en el directo! (…) ¡La competencia macabra se prolonga interminable, como un hilo desenrollado de un carretel!… ¡Pero el hilo se acaba y suena el disparo! La fila entera, como si fuera un caballo que recibirá un latigazo, da un arranque eléctrico, se hace más ágil… Los leños les pesan menos a los hombres!… Los dos hombres del fondo de la fila, sintieron en la misma milésima de segundo, el impulso de acelerar el paso… ¡Pero solo uno se dio cuenta de que no caía, de que volaba por sobre las charcas, como si comenzara a trabajar!… ¡Una alegría indescriptible lo invadió, pero para convencerse de que no estaba muerto, lanzó una relampagueante mirada de refilón… ¡El otro estaba en el fango con el cráneo destrozado!…

Otro autor muy leído años atrás, Carlos Montenegro, escribió un libro espeluznante, Hombres sin mujer, que tiene basamento en la realidad pero incorpora la ficción y se centra en las vicisitudes de los presos comunes, de los cuales formó parte Montenegro, durante años recluido en el Castillo del Príncipe por asesinar a un hombre. Montenegro, aclaremos, fue además uno de los acusadores públicos más tenaces y abiertos del capitán Pedro Abraham Castells, jefe del Presidio Modelo y responsable en primera instancia de cuanto allí sucedió.

Que el género testimonial tan bien se avenga para revelarnos el pasado histórico con la fuerza de la verdad, es un privilegio que debe aprovechar el lector para conocer capítulos no siempre suficientemente divulgados pero importantes de la historia de Cuba. Puede ser también un incentivo para escribir nuestras propias experiencias, compartirlas y probar fuerza más allá del ámbito familiar. Ojalá así sea en su caso.

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