PABLO Y El BENNY

Por: Leonardo Depestre

15 de Enero de 2018

 

Leonardo Depestre Catony

 

El lector puede y tiene derecho a pensar que, o el título está equivocado o que trata de un delito diferente y que el que escribe no sabe ya qué inventar. Me explico: Benny Moré nació en 1919 y cuando Pablo cayó en Majadahonda todavía estaba el popular cantor lajero distante de convertirse en el Bárbaro del ritmo .

 

Pero al Benny también se conoce por las muchas ciudades cubanas a las que cantó, compusiera él o no las melodías. : "Lajas, mi rincón querido", "Cienfuegos es la ciudad que más me gusta a mí" … son embajadas de su autoría, aunque hay mucho más. Palma Soriano, Guantánamo, Manzanillo, Santiago de Cuba y Marianao, son también ciudades a las que Benny canta en melodías del compositor Ramón Cabrera. Y él ahí el porqué del título de este trabajo: Pablo recorrió la Isla, la de Pinos incluidos, y sobre muchas otras ciudades y más pequeñas localidades escribió.

 

Como periodista, Pablo fue un profesional bien dotado por la naturaleza: olfato para las noticias, vista para distinguir lo válido, paladar para el buen gusto y oído, mucho oído para escuchar y convertirlo todo en palabras escritas. Su andar por la geografía cubana le exigió esfuerzo físico (esto para él era parte del ejercicio cotidiano requerido por el cuerpo atlético) y andar, mucho andar, en tren, en auto, en mulo, a pie. Existía ya la Carretera Central, pero aún así los caminos secundarios eran empedrados y en época de lluvias, enlodados. Así, anduvo Pablo por Santiago, Nuevitas, Morón, Ciego de Ávila, Jovellanos…, también otras locaciones y puntos monte adentro como Sabanazo, en su niñez, Realengo 18 y Chicola. Y si de La Habana hablamos, Pablo la caminó completa, pues aún cuando no puedo entregar aquí los detalles, años atrás el ya fallecido historiador reglano Pedro Cosme me habló de la presencia casi perdida para siempre de Pablo en el ultramarino pueblo.

 

Quizá la que presentamos a continuación no sea la más turística visión de Santiago de Cuba de la década del 30 del pasado siglo, pero la descripción tiene la fuerza del estilo cinematográfico de Pablo, y esto le confiere un atractivo irresistible ante los ojos del lector:

 

Santiago de Cuba es bella y sucia, como una gitana de feria. Llena de colorido y de interés, si sus barrios pobres no son más miserables y puercos que lo que llaman los zocos marroquíes, será porque estos están más allá de toda imaginación. Rodeada de un anfiteatro de espléndidas montañas, desde cuyas cimas paisajes imponentes se divisan, la ciudad ocupa las lomas iniciales de la cordillera, a un lado de la bahía, bella y amplia, con ensenadas silenciosas, y caseríos sobre los cayos y colinas que destacan sus techos rojos en contraste con el verde vegetal y el verde marino.

 

Al atardecer, un crepúsculo fantástico y vertiginoso, ilumina la ciudad y la bahía, de entrada angosta, donde se alza el Morro secular. Y a las diez de la noche, la ciudad está callada; por las calles, aun por las más céntricas, se ven escasas personas y las luces de los postes, a excesiva distancia unas de otras, combaten sin éxito una penumbra medrosa: Santiago de Cuba está bajo el terror… De vez en cuando, en una máquina, circulan por las calles grupos de miembros del Ejército conminando a retirarse a sus casas a los peatones… De vez en cuando —parece una secuencia— estalla alguna bomba…

 

Pero si de maestría en la descripción se trata, no le queda atrás a la anterior esta de un sitio de triste recordación para los reclusos del Presidio Modelo en Isla de Pinos, El Columpo:

 

Sobre la playa del Columpo descansa el muelle del penal (…) Una arena fina y brillante, como el polvo que sube por los rayos del sol cuando se limpia en las casas, la playa del Columpo, y, sin gradaciones, instantánea, como un fiord noruego, se alza la pequeña montaña que parece inmensa. En la claridad del día se distinguen los árboles, sobre todo los gigantes ceibones, de verde musculatura; pero en la tiniebla del amanecer, cuando el barco llega al muelle, la montaña, negra, con sus contornos perfectos, parece el vientre de algún proboscídeo fantástico ahogado en el mar…

 

Lo mejor de cada uno de los informes de Pablo no es solo el estilo, el contenido crítico, el punto sobre las letras, la denuncia por nombres y apellidos de quienes practicaban el latrocinio, el reconocimiento y mención, también por nombres y apellidos, de las víctimas de este

 

Benny y Pablo, cada uno en su cuerda, son ejemplos de autenticidad y cubania. Así es que es la identificación con la realidad no es pura coincidencia.

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