CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO Y LAS CIENCIAS

Por: Leonardo Depestre

9 de Enero de 2021

PABLO Y LAS CIENCIAS

 A propósito del 15 de enero, Día de la Ciencia Cubana

 Por Leonardo Depestre Catony

El Pablo revolucionario, el Pablo que disfruta la aventura, el periodista, el escritor… cualquiera de tales Pablos y otros más, nos resulta conocido. Pero, ¿Pablo y las ciencias? Bueno, ese Pablo es menos evidente, se le debe entresacar de sus textos, de sus gustos, de su entusiasmo por la vida. Es un Pablo al cual nos acercaremos con el ánimo de desvelar una más de sus facetas.

Él mismo escribió sobre su pasión por la astronomía. En Presidio Modelo traduce en colaboración con otro recluso un libro de ciencia, acerca de lo cual escribe a su dilecto amigo Rubén Martínez Villena. Pablo escudriña el cielo e identifica en él estrellas y constelaciones. El presidio le permite también dar clases de otra ciencia, la geografía, y es tal su pasión por esta que en su tono jocoserio habitual le cuenta a Teté Casuso, la esposa, que “por cierto, chica, que estoy convencido de que soy mejor maestro de esta asignatura que todos los que yo tuve”.

La psicología en el trato con sus semejantes a Pablo le es innata, es la suya una manera en que la sinceridad y el respeto se conjugan con el carisma de su personalidad y la conciencia de la humidad. Pablo fue, es, un psicólogo natural de almas y caracteres, lo demuestra la calidad humana de sus amigos. No de otro modo se puede llegar tan adentro en los demás.

Por supuesto que la medicina tampoco le es ajena. Todo lo contrario. La producción periodística de Pablo en el diario Ahora revela su preocupación por el estado del Hospital Universitario, el magro presupuesto que se le asigna y la irregularidad en el suministro de los medicamentos.

Un trabajo de Pablo en Ahora es el que más llama nuestra atención en su relación con las ciencias. Se titula “La ciencia impedirá la formación de los huracanes” y en él Pablo, premonitoriamente, nos recuerda que “los adelantos científicos crecen en progresión geométrica y ya nada es imposible, por lo menos para la imaginación y, por lo tanto, todo es ya realizable dentro de este infinito lugar geográfico que se llama el tiempo”.

Solo un espíritu como el suyo, convencido del empuje indetenible de las ciencias, puede exponer tal convicción.

Sin embargo, nos queda Pablo en su relación con las matemáticas. ¿O acaso puede olvidarse al Pablo autor de una carta a su fraterno Raúl Roa que ha pasado a ser conocida como Álgebra y política, muestra del quehacer ensayístico de quien Juan Marinello calificó de “meditador sagacísimo”?

Allí escribe:

Si no hay duda que la política es problema, el álgebra es la ciencia encargada de resolver todos los problemas generales de la cantidad. De ahí me vino a la imaginación eso que considero íntima conexión entre ambas. No vayan a pensar que estoy loco o más bromista que otros días. Es un asunto serio.

Y al respecto abunda:

Hoy, estoy absolutamente seguro de que mi camino verdadero, a pesar de mis suspensos y mis aprobados miserables, estaba por ahí, por el álgebra, la geometría, toda esa ciencia matemática, llena de especulación, de descubrimiento, imaginación y grandeza.

Tampoco puede afirmarse que fuera Pablo un hombre de ciencias. Sería un contrasentido innecesario. Solo nos anima señalar cómo su intelecto estuvo abierto a todas las disciplinas del saber, como para hacer suya la máxima de Terencio: “Nada humano me es ajeno”.

Prensa

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