CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PABLO Y RAFAEL SUÁREZ SOLÍS: AMISTAD, CONFIANZA Y HUMOR

Por: Leonardo Depestre

2 de Agosto de 2021

Por Leonardo Depestre Catony

Cuando Pablo de la Torriente Brau fue detenido junto a otros compañeros el 3 de enero de 1931 durante una reunión del Directorio Estudiantil Universitario, se hallaba en la casa del periodista Rafael  Suárez Solís. Hoy día, sin embargo, es poco cuanto se conoce y recuerda a este ilustre avilesino —nacido por estos días 140 años atrás—, que del todo se aplatanó en Cuba y muy honrados servicios prestó tanto a la República Española como a Cuba.

Quien revise la prensa de buena parte de la primera mitad del siglo XX hallará con frecuencia la firma de Rafael Suárez Solís. Ello no es de extrañar si damos por cierto el dato extraído de una conferencia dictada en su honor donde se expresa que redactó alrededor de 17 000 artículos periodísticos y que esa obra se escribió en su patria adoptiva: Cuba.

Suárez Solís era 20 años mayor que Pablo. El dato es interesante porque el autor asturiano estuvo vinculado al movimiento estudiantil cubano, fue fundador del Ala Izquierda, y colaboró en el diario Ahora. La relación entre Pablo, Suárez Solís y su hija María es fraterna y de plena confianza. Lo atestigua el tono de sus cartas. Desde Nueva York, en una que escribe a María, en España, le dice jocosamente:

Y no dejes de comer en mi nombre porque aquí estamos nosotros comiendo a la americana; es decir, volando turnos a cada rato. Éntrale, pues, a las nobles fabadas que siempre quedó a deberme tu señor padre; a jamones semejantes a aquel de grata memoria que comimos en tu casa una vez; a los embuchados y embutidos; al bacalao a la vizcaína y, sobre todo, al muy noble y generoso vino de España.

A María le hace llegar 25 ejemplares del primer número y otros 25 de la segunda edición de Frente Único, para que los distribuya. A José María Chacón y Calvo, en España, le encarga este otro hilarante recado:

Allá tenemos pocos amigos y conocidos. Pero, de todas maneras, no saludes de mi parte, ni a Rafael Suárez Solís ni a su hija María Teresa. No he visto gente más lijosa. Les he escrito a la Habana, primero, y, a Madrid después, y no han contestado. Después de todo, a Rafael le permití salir varias veces en la primera plana de Ahora junto a informaciones mías (¿te acuerdas de “El Guadalquivir es un río muy húmedo”?) y con respecto a María Teresa, a quien envié varios de nuestros periódicos, bastantes veces que honré su mesa con mi presencia y mi apetito. Nada me extraña, sin embargo, ya que la hija, según el último estudio que prepara [Fernando Ortiz], llegó a Cuba en la primera carabela asturiana, envolviendo una lata de fabada.

Suárez Solís lo recordaría así:

Fue un hombre capaz de encariñar tanto al amigo como al enemigo. Solo era intransigente en el combate. Terminado el compromiso, y de regreso al mundo de todos, se daba al diálogo, a la tolerancia, al juego, a la sonrisa y demás ligaduras sociales.

Rafael Suárez Solís nació el 29 de agosto de 1881 y en su natal Avilés hizo los estudios primarios hasta el bachillerato. Por presiones paternas matriculó en la Universidad de Oviedo la carrera de Ingeniería, algo que, paradójicamente, no hizo sino afianzar su decisión de encaminarse profesionalmente hacia las letras y el periodismo, el oficio de toda su vida.

En 1907 llegó, con 26 años a la sazón, al puerto de La Habana, la ciudad que alumbró su quehacer pero jamás le hizo olvidar su raíz avilesina, presencia recurrente en su obra. De su condición periodística y de la buena acogida que recibió dan prueba algunos de los diarios donde trabajó en momentos en que el contexto periodístico, con la instauración del la República y el complejo panorama político social de la nación, era una fuente pródiga de noticias y algunos diarios, en el afán de mantenerse en la preferencia de los lectores, sacaban más de una edición diaria.

Del importante Diario de La Marina fue corrector en un inicio, pero llegaría a ser director interino, además de una de sus firmas asiduas. Colaboró además en Pueblo, El País, Chic, Ahora, Revista de Avance, Revista Bimestre Cubana, Alerta, Información, El Mundo… codirigió la revista Archivo José Martí y también escribió para publicaciones argentinas y españolas. Se le confirió el Premio Periodístico Justo de Lara, en 1940; el Juan Gualberto Gómez, en 1950, y el Premio Nacional de Periodismo José I. Rivero, también aquel año.

Llevó una vida cultural muy activa, participó en congresos internacionales y después de 1959 prosiguió su labor periodística en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Islas y otras más. Al morir en La Habana el 27 de octubre de 1968 hacía mucho que era ciudadano cubano: desde 1911, cuando entretejió su destino al de la isla antillana que lo acogió como a un hijo.

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