CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

PEDRO ALBIZU CAMPOS: PRESENCIA EN CUBA NUEVE DÉCADAS ATRÁS

Por: Leonardo Depestre

27 de Noviembre de 2017

Bastante olvidada permanece la presencia en La Habana, nueve décadas atrás, del patriota puertorriqueño Pedro Albizu Campos. Tenía por entonces 36 años, había concluido la carrera de Derecho en la Universidad de Harvard, y aún cuando mucho le faltaba por hacer, don Pedro era reconocido como líder, junto a Juan Antonio Corretjer, del movimiento que reclamaba para los puertorriqueños la independencia de la isla.

La estancia de Albizu Campos en Cuba se asocia a varios acontecimientos conmemorativos en los cuales participó y pronunció discursos: el 10 de octubre, el 27 de noviembre y el 7 de diciembre de 1927. En cada ocasión aprovechó la presencia de importantes representantes de la política y la sociedad cubana para promover el apoyo a su gestión en reclamo de la independencia de Puerto Rico, y en verdad fue grande el interés que su palabra despertó en los círculos intelectuales y políticos de Cuba.  La relación de los afectos de Albizu Campos en la Isla incluyó a Enrique José Varona, Juan Marinello, Alejo Carpentier y Jorge Mañach, quien fue condiscípulo suyo en Harvard, y lo puso en contacto con la intelectualidad progresista de Cuba que apoyaba la causa nacionalista puertorriqueña.

El 10 de octubre de 1927, en ocasión de conmemorarse la clarinada independentista de Carlos Manuel de Céspedes en su ingenio La Demajagua en 1868 –solo 17 días después del Grito de Lares, en Puerto Rico– se celebró ante la estatua de José Martí, en el Parque Central de La Habana, el acto nacional por la efeméride. Fueron varios los oradores, entre ellos don Pedro, quien, y citamos del diario El Mundo del siguiente día, “fue siempre un fiel defensor de la causa de la revolución cubana y hoy siente en su corazón gran afecto por los cubanos y un amor sincero a nuestra patria”. Lamentablemente, el diario no reproduce el discurso completo, pero dudamos mucho que don Pedro no aludiera a la situación política de su isla, por lo que  suponemos que se omitieron fragmentos por razones de edición, espacio o conveniencia política.

En cuanto a su presencia el 27 de noviembre en el acto homenaje a los estudiantes de Medicina bárbaramente fusilados en 1871 por el colonialismo español, sucede más o menos lo mismo. A este asistió el presidente de la República Gerardo Machado y el periódico El Mundo dedicó varias páginas a reseñarlo. Albizu es presentado como “delegado del partido separatista de Puerto Rico, que viaja a los países de América cumpliendo su misión libertaria. Quiere demostrar su estado de conciencia y declara la misión que lleva por el continente de la salvación de su patria”. Igualmente versionadas sus palabras, expresa que “se debe inculcar al estudiante el amor a la patria, al sacrificio por la libertad y por el bien. Es el amor al chalet, al automóvil, al lujo, lo que hace perder los ideales de los pueblos y es preciso la extirpación de esos males para que triunfe y se afiance la verdadera democracia”.

Se conoce además que el 7 de diciembre –fecha de la caída en combate del mayor general Antonio Maceo y de su ayudante Panchito Gómez Toro en 1896–, Albizu Campos arribó a la sureña ciudad de Cienfuegos. Aquella noche se efectuó en el teatro Luisa una sesión solemne de recordación a los héroes, de la cual participó Albizu. El diario La Correspondencia, en su edición del día siguiente, apuntaba:

“En la velada de anoche se les rindió apoteosis no común a los héroes y mártires de la patria. Ese solemne y brillante acto constituyó un hermoso triunfo de la Sociedad Minerva y del alcalde, señor Aragonés. La palabra de los oradores parecía tocada de maravilloso poder en conmemoración de la caída del héroe máximo de nuestras epopeyas, Antonio Maceo. A ambos lados del señor Antonio Aragonés que ocupaba la presidencia, estaban el notable pensador puertorriqueño y prominente orador y conferencista, doctor Pedro Albizu Campos, el doctor Santiago Rey Perna, doctor Carlos Trujillo, Señor Florentino Pascual, presidente de [la sociedad auspiciadora]  Minerva y doctor Lorenzo Arrechea Ayala. El alcalde, señor Aragonés, inició los discursos. Luego, presentados por él, hablaron los doctores Lorenzo Arrechea, Santiago Rey Perna, Carlos Trujillo, Roque E. Garrigó y el mago de la palabra: el doctor Pedro Albizu Campos”.

Las autoridades de Machado no permanecieron impasibles ante la presencia del patriota puertorriqueño y sus vínculos con los intelectuales nacionales, de manera que don Pedro finalmente tuvo que refugiarse en la Embajada de México y abandonar el país.

Sin embargo, aquí quedó la Junta Nacional Cubana Pro Independencia de Puerto Rico, presidida por Enrique José Varona, con Emilio Roig de Leuchsenring en la vicepresidencia y otros cubanos ilustres en importantes cargos.

El ensayista Juan Marinello escribió de Pedro Albizu Campos:

“Fue en verdad una singular coincidencia de nuestras virtudes esenciales, una exaltación superior, pero orgánica, del perfil de nuestras tierras. Don Pedro había nacido para encarar, en un enfrentamiento erguido y radical, el destino de su isla en una de las más decisivas coyunturas americanas: la liberación del imperialismo.”

Desconocemos si Pablo de la Torriente Brau lo conoció personalmente (parece que no), aunque las ocasiones en que lo menciona en su artículo “Puerto Rico se rebela”, publicado en el diario Ahora del 14 de febrero de 1935, permiten colegir que sí estuvo al tanto de cuanto dijo Albizu en La Habana de 1927.

De Cuba, Albizu embarcó hacia México, Perú y Venezuela, como parte de su periplo continental en favor de la independencia de Puerto Rico. El 11 de mayo de 1930 don Pedro fue elegido presidente del Partido Nacionalista de su patria y dos años después decidió incorporar su partido a la pugna eleccionaria, gestión cuyo resultado no contribuyó sino a convencerlo de que la vía revolucionaria era el único camino ante sí.

En adelante se convirtió en vocero y representante de los obreros azucareros durante su huelga de 1934 contra las compañías norteamericanas. Convertido en símbolo de rebeldía, se le procesó y condenó a varios años de cárcel. Hallándose todavía preso en Borínquen, conoció de la terrible matanza de Ponce, en abril de 1937, en la cual murieron más de veinte manifestantes que desfilaban en expresión de solidaridad con los presos políticos.

Don Pedro no regresó sino al cabo de once años de prisión y destierro. Pero cuando lo hizo, una enorme multitud lo aguardaba para aclamarlo. Entonces exclamó: “La ley del amor y del sacrificio no admiten de ausencias. Yo nunca he estado ausente de Puerto Rico.” Vigilado, perseguido y vuelto a encarcelar, Pedro Albizu Campos pasó buena parte de su vida en prisiones. Solo a pocas semanas de su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1965, y hallándose muy enfermo, fue liberado. Alrededor de sesenta mil compatriotas acompañaron sus restos al cementerio.

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