CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

NUEVO REGALO DE AUGUSTO BLANCA

Por: Estrella Diaz

2 de Diciembre de 2019

NUEVO REGALO DE AUGUSTO BLANCA

Por: Estrella Díaz

Fotos: Ivan Soca Pascual

 “Les advierto: yo no soy escritor”, se le escuchó decir al trovador Augusto Blanca a unos metros de la ceiba fundacional, frente al Palacio de los capitanes generales y sobre la singular, añeja y colonial calle de madera. ¿El motivo?: la presentación de su libro Diario de mi primer viaje que constituyen las memorias de un periplo realizado —junto a los también músicos Silvio Rodríguez y Eduardo Ramos— por la otrora República Democrática Alemana, en el ya lejano mes de  febrero de 1972.

“Les advierto: yo no soy escritor”, se le escuchó decir al trovador Augusto Blanca a unos metros de la ceiba fundacional, frente al Palacio de los capitanes generales y sobre la singular, añeja y colonial calle de madera. ¿El motivo?: la presentación de su libro Diario de mi primer viaje

El texto, que se lee de un tirón por la manera desprejuiciada y simpática con que está escrito, reúne los apuntes de ese viaje —hechos sobre “una agendita roja”— que Augusto escribió a petición de su madre “para que no se olvidara ningún detalle” y pudiera, al regreso, narrarle todo lo vivido. Y ahora esos recuerdos regresan en forma de libro gracias a los esfuerzos coordinados entre Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y el Fondo Ojalá, con una ingeniosa portada diseñada por Katia Hernández y Enrique (Kike) Smith.

Fue un Sábado del Libro —auspiciado por el Instituto Cubano del Libro— muy especial no solo porque se escuchó cantar a Augusto y narrar algunas anécdotas contenidas en el texto sino porque también se habló de la memoria y su importancia y se evocó a “esta Habana nuestra que acaba de cumplir sus 500 años” y se le agradeció al doctor Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, “por tanta entrega, perseverancia y solidaridad”, según subrayó Víctor Casaus, director del Centro Pablo. Recordó Casaus “los estrechos lazos” que unen a la institución que dirige con la Oficina del Historiador y las múltiples ayudas “necesarias e imprescindibles” que hemos tenido a lo largo de más de dos décadas: “gracias a la generosidad de nuestro hermano Eusebio estamos hace veintitrés años en la calle Muralla, en una hermosa instalación con su patio de yagrumas que nos mostró una memorable tarde de 1996”.

La presentación de Diario de mi primer viaje estuvo a cargo de la doctora Margarita Mateo Palmer quien enfatizó que “la frescura, la transparencia y el desenfado de las páginas de este diario, su aire de poblina melodiosa, revelan al niño y al poeta que el trovador siempre ha llevado consigo, esos que, en un juego que también muestra otras certezas éticas e ideológicas, lo llevan a escribir, después de haber sido obsequiado con una novísima agenda: ‘esta agenda mía ahora se ve tan porecita. Pero ¡qué carajo!, ¡No te abochornes, agendita! Esa agenda alemana aún está en blanco, aún no tiene nada que decir’.

“Contemplándose a sí mismo con mirada severa y risueña a la vez —dijo Mateo— salta por todas partes el agudo y peculiar sentido del humor del trovador oriental, también notable en algunas de sus canciones. Así sucede incluso en un momento de sublime comunión logrado en la iglesia de Santo Tomás en Leipzig, que pudiera ser considerado la cima culminante del viaje desde el punto de vista espiritual, aunque entonces hayan sido vencidas las batallas principales, guitarra en mano, sobre el escenario, frente a un público de una lengua muy distinta a la de los trovadores, incapaz de comprender la letras de sus canciones”, precisó.

“Poblina de un viaje con agenda roja” podría, también, titularse este libro que convierte a Augusto en un autor, aunque él no lo reconozca o lo niegue.

Fiel a la hermosa costumbre de unir la canción a los libros, que ha estado siempre presente en las diversas actividades del Centro Pablo, el trovador hizo, al final, allí en plena calle de madera, una suerte de mini-recital que incluyó, para felicidad de su público agradecido, ese clásico de la nueva trova cubana que es la canción “Regalo”.

Mañana de maravillas esa del sábado del libro, dedicado, desde el testimonio y el cariño a los 500 años de la ciudad querida.

Prensa

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