POSADA VS EL GALLEGO, O VICEVERSA

Por: Estrella Diaz

19 de Marzo de 2018

Por: Estrella Díaz

El gallego Posada me dijo: “Los sistemas machacan, muelen, trituran”; “este es un país de muela, muelero. Agarras el periódico: muela, la televisión: mucha muela, la radio: todo muela. Esencia poca, masa poca… entonces cuando profundizas te das cuenta que algo está fallando, porque la muela viene de molín”; “al televisor, le corté el cable, para no tener la tentación, para que no me machaque, y le corté el cable, físicamente; no quiero saber nada de la caja tonta esa”.

Esas ideas y otras muchas -que tienen que ver con la creación, con su sentido de pertenencia, con la magia, con el amor hacia España y también a Cuba- salieron de la boca (y del alma) de José Luis Posada, el gallego Posada, están recogidas por quien firma estas líneas gracias a una entrevista realizada al prolífico pintor, dibujante, grabador, caricaturista, ilustrador y diseñador escenográfico nacido el 10 de febrero de 1929 en Villaviciosa y fallecido en La Habana el 25 de enero de 2002.

Esa entrevista forma parte del libro Cabeza para pensar y corazón para sentir (grabado y dibujo humorístico), dedicado por entero a la obra de este artista y que incluye, además, varios trabajos críticos y entrevistas realizadas al creador del logotipo de la emblemática revista El Caimán Barbudo en 1972 y que fue publicado en 2005 por Ediciones La Memoria, del Centro Pablo.

Pero la relación —respetuosa, cercana, y querida— del Centro con el Gallego tiene otros antecedentes: en 2000 fue vista la exposición Posada: trozos y trazos del Caimán; en 2004, Top hat: imperialismo y fascismo vistos por Posada, y en 2007 Mitos, muestra de 41 obras plásticas realizadas entre 1999 y 2000, todas exhibidas en la Sala Majadahonda de la institución.

Aunque es algo extensa, les proponemos releer y, sobre todo analizar, todo lo dicho por Posada en esa entrevista que se tituló: Me gustaría ser un hombre hecho de musgo.

Noviembre, año 2000, en la Sala Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau quedaría inaugurada en unas horas la exposición Trazos y trozos del Caimán, muestra cuyo eje giraría en torno al gallego Posada (José Luis Posada), caricaturista, pintor, grabador, diseñador gráfico y teatral, dibujante, ceramista, y según él “muchas cosas más”.

Con ese pretexto fui a la conquista del Gallego. Conocía su obra, pero no al artista que había detrás (¿delante?). Alguien me había advertido: ¡cuidado, tiene malas pulgas! Sin previo aviso llegué al Taller Experimental de Gráfica de La Habana, una de sus guaridas. Y, efectivamente, allí estaba. Era mediodía. Lo abordé con simpleza. Le dije: “Posada, necesito entrevistarlo”. “Vamos a mi casa que es cerca”, respondió.

No tenía la menor idea de dónde estaba ubicada. Nadie me había dicho ni yo había preguntado. Salimos del Taller por el Callejón de El Chorro, doblamos hacia la izquierda; Posada ágil, rápido, yo un poco detrás… entramos en el Restaurante El patio, uno de los más hermosos y concurridos de la capital, ubicado en plena Plaza de la Catedral de La Habana… atraviesa salones, sube escaleras, escaleras, más escaleras… yo, sin entender.

Llegamos a lo más alto, a la azotea, abre una puerta, me ofrece una silla, se excusa por la torre de sacos de cemento arrinconados en un extremo: “Estoy en construcción”. Me muestra lo que sería en un futuro, no muy lejano, “mi taller”, “¡aquí pondré la prensa!, ¡esta será la cocina… me encanta comer bien, acabo de comprar un excelente juego de cuchillos…!, aquí va el nuevo baño… me gusta esta vista… es hermosa, la ciudad-herida es mía…”

Ese fue mi primer encuentro con Posada, luego vinieron otros cinco o seis. No fui su amiga, pero esas conversaciones (que no tuvieron la formalidad que a veces se establece entre un artista y un periodista) fueron suficientes para admirarlo como persona y respetarlo como creador. Han pasado unos cuatro años de ese primer encuentro y al repensarlo me viene a la mente su mirada inquisitiva, juguetona, jodedora, pero por encima de todo azul, limpia y transparente.

Registrando en mis papeles encontré este texto, inédito hasta el momento, y que les muestro hoy. Una alerta: lo que leerán no es, precisamente, una entrevista “trabajada”, es la transcripción de esa primera conversación en la que, creo, está el carácter y el espíritu del Gallego, suelto y renovado en estos días en que la Sala Majadahonda del Centro Pablo exhibe la muestra Top hat, Imperialismo y fascismo vistos por Posada.

YO NACÍ en Villaviciosa, que antes se llamó Maliayu, un nombre bastante más hermoso que Villaviciosa. En ese Maliayu yo nací, y muy pequeño pues vino la guerra, o sea, la Guerra Civil Española, es una historia bastante vieja, ¿no?, y esa Guerra Civil pues trajo como resultado el inicio de la guerra europea, o sea, es el inicio de la guerra moderna, es el inicio de la barbarie, es el inicio de la guerra concebida, como se utiliza hoy, de exterminio, porque en esa guerra por primera vez se bombardea a una población civil. En pintura, que es lo que es el mundo más o menos mío, siempre se habla de Guernica, Pablo Picasso pintó Guernica, entonces, ¿qué coño es Guernica?, la jodienda es esa. Te cuento esto porque es el inicio de la barbarie, entonces los alemanes, que tenían una relación muy estrecha con el enano, Franco, meten la Legión Cóndor. Esta es de Goering, o sea, la Luftwaffe, las Fuerzas Aéreas Nazis dicen: “coño, pues vamos a experimentar a ver cómo funciona esto”, porque no lo habían probado cuánta era la capacidad de destrucción en una población civil, y se les ocurrió, pues, destruir la ciudad sagrada vasca, su pueblo; sencillamente metieron la Cóndor, y arrasó, absolutamente arrasó Guernica, esto es Cornisa Cantábrica, norte de España, País Vasco. Esa guerra se extendió por toda España, y yo, pues soy parte de esa historia, porque un día me dijeron: engánchate esta mochila —me la hizo mi madre— con lo que me tocaba llevar, y salimos con rumbo desconocido, es una historia larga, no la voy a contar ahora porque es novela, tiene varios capítulos, ninguno agradable, todos son muy fastidiados, son jodidos.

¿Por qué caí aquí? Pues mi padre, que acaba de morir, había venido antes como soldado, fue capitán; ¿llegó a Cuba por qué? Porque tradicionalmente los Posada han vivido en Cuba, como cosa graciosa, histórica, te puedo decir que el primer garaje —garaje en el sentido moderno—, donde tú recibes auxilio, chapistería, gasolina, mecánicos y demás, es fundado por mi familia, por mis tíos, o sea, mi familia, no tengo antecedentes de conquista ni nada de eso. Los asturianos siempre han sido unos muertos de hambre, pero sí mi familia a principios de siglo vino, y vinieron dos tíos míos, hermanos de mi madre, y fundaron el primer garaje moderno de este país”.

¿Aquí en La Habana?

Aquí en La Habana. Cuando tú llegas a Malecón te vas a encontrar el Torreón de San Lázaro y a la izquierda, allí estaba el garaje hispano-belga. Yo tengo las fotos en San Antonio de los Baños. Allí mis dos tíos fundaron este garaje.

Posada, volviendo a la historia, usted decía que la guerra es un capítulo viejo. Pienso que sí, que ya han pasado años, pero no puede ser de ninguna manera olvidado, y usted me decía que cuando tenía ocho años, cuando su mamá le cosió una mochila, se la puso al hombro…

Una a cada uno.

Una a cada uno. Yo tengo, he estudiado, he estado leyendo algunas cosas que se han publicado sobre usted, y dicen que tuvo la terrible experiencia de vivir en un campo de concentración. ¿Es así?

Sí, cuando nosotros salimos de Asturias, salimos en un barco de carbón, encontré fotos de él en Asturias, se llamaba Santiago López. En ese barco, que era solamente un barco de transportar hulla, carbón, pues ahí metieron gente, dos mil y pico en la bodega, y llegamos a Francia, pero cuando eso todavía estaba libre Valencia hasta Cataluña, Franco no había logrado apoderarse todavía de esos territorios, todavía estaba el Ebro, estaba toda la batalla pendiente, Teruel, todo, y pasamos a Cataluña; cae Cataluña, pues tenemos que volver a Francia y entonces los franceses, ya vendidos a Vichy, y Vichy vendido al Eje, a los nazis, a los fascistas, pues a todos los que venían los internaban en campos de concentración que estaban en el sur de Francia, cerca de la frontera española, como el gran campo en la playa de Argelés sur Mer, en la costa del Mediterráneo. Nosotros estuvimos un tiempo en uno de esos campos, en tiendas de campaña y custodiados por tropas coloniales francesas formadas por africanos.

¿Qué tiempo, aproximadamente?

No recuerdo, pero bueno, si quieres los datos pues los tengo todos anotados, fue mucho tiempo. De ahí, fuimos dispersados hacia los lugares donde alguien se ocupase de alimentarnos, porque en la guerra no había comida, o sea, no existía la comida como tal, de decir “yo quiero esto ahora” o “quiero esto”. Era cosa de robar una patata, pero sobre todo en los pájaros era donde yo era bastante bueno, nidos, huevos, pájaros. He sido siempre un desastre ecológico, pero bueno, desastre en el sentido del hambre, ¿no?, después fui cazador y también fui un desastre, hasta que ya con treinta años decidí no matar más y me volví verde.

¿Ecologista?

Verde en el sentido como los duendes irlandeses… donde realmente uno retorna al bosque, retorna al musgo. Me gustaría ser un hombre hecho de musgo.

Y toda esta experiencia, Posada, de estos primeros años de vida, esa permanencia, primero en su país, en España, después en Francia, luego el venir a Cuba, toda esta etapa que imagino…

Te voy a contar una cosa. En esa época de la guerra no había cómo salir de aquella, de aquel rollo, y mi padre había venido antes, o sea, ya las fuerzas republicanas pierden la guerra y entonces mi padre, bastante aventurero que fue siempre, pudo arreglárselas y llegó a Cuba. Pero hay un caso curioso y es que cuando nosotros salimos de Francia, y nos pueden sacar de ese horror, es porque mi padre compró certificados de nacimiento falsos, eso yo no lo había contado nunca. O sea, éramos cubanos, de San Miguel del Padrón, yo, mis hermanos, mi abuelo, mi madre y mi tía. Cuando nos llega la comunicación del consulado cubano, Cuba aún no había declarado la guerra al Eje, los alemanes ya habían invadido y ocupado Francia, en la cual nosotros vivíamos. Con el documento recibido, los alemanes nos permitieron atravesar la zona ocupada para dirigirnos a la frontera y llegar a España, que habíamos abandonado por ser mi padre combatiente republicano y entonces, tú sabes como es eso. Todo se magnifica, aquí inclusive nosotros magnificamos cosas, no somos ajenos a eso, ni inocentes. A veces resulta que al tipo cuando lo miran con una lupa dicen: coño, creía que me ibas a traer un elefante y es como una mosca, ¿no?, entiendes, eso lo hacemos todos; que quede claro que lo hacemos todos, al ser humanos, y el pobre hombre, el ser humano, se ve sujeto a todas esas puñetas. Vinimos para acá y llegamos a San Antonio de los Baños, cubanos, sin solución, porque en cuanto llegué a la escuela, a un gran amigo mío, Membrillo, un negro prieto que parecía un diablo, el primer día me dijo que era un gallego sicotudo, y me enfrenté al trópico. Acaba de morir hace unos días. Y así fue como salimos y llegamos, porque mi tío, uno de ellos, el que quedaba vivo, tenía un gran negocio aquí de automóviles y volvimos otra vez a instalar un poco la pertenencia o participación en esta nacionalidad. Realmente, como dicen aquí cuando alguien ya no sabe cómo resolver las cosas y eso, me quedé embarcado, y entonces yo cuando me bajé del barco me di cuenta que algo me había “atrapado”. No sabía lo que era.

¿Y después, con el tiempo, supo qué era lo que lo había atrapado?

Pues no lo sé todavía; pienso que me gustaría morir sin saberlo.

Usted ha dicho que ante la violencia mundial es necesario hacer una caricatura política nueva. Usted es humorista, pintor, grabador, diseñador gráfico, dibujante, ceramista, diseñador teatral, es decir, un hombre que realmente tiene una obra sólida. En su quehacer sigue manteniendo esos principios.

Siempre he sentido curiosidad, he sentido tanta por los demás como por mí mismo.

¿Curiosidad en qué sentido?

Quisiera saber de qué estamos hechos.

¿Y ha llegado a alguna conclusión

Creo que no soy más que un testigo y un curioso. Si dejo algo, es porque quiero ser eterno.

¿Le preocupa la posteridad?

Me preocupo por la posteridad del hombre y por su limpieza, por su honestidad, porque no movería un dedo cuando es injusto. Creo que el ser humano es un ser extraño, mágico, un ser capaz de lo más hermoso y lo más terrible.

¿Pero mágico para bien o para mal?

Depende de la hija’putez…hay gente que no tiene solución.

¿Y cómo llega al mundo de la gráfica?

Sabes que hay teorías sobre el origen de muchas cuestiones, de planetas, etc., pero hay una que habla sobre lo que sucede cuando se funden todas las culturas, donde se hace la amalgama de las cosas, y yo defiendo la caricatura política que creo esencial.

¿Y sigue siendo en estos tiempos esencial?

Sí, pero lo jodido es cuando te la dirigen, entonces deja de serlo. Creo que los hombres tienen que cumplir con sus destinos, y los destinos son libres, pero también para ser libre tienes que tener opiniones libres. Yo creo en ese origen mágico del hombre, creo que se traslada en todos los sentidos de su existencia… el hombre tiene que estar libre con su magia, con sus muertes, con su existencia. Si alguien interfiere en eso, es pecado porque es la intromisión en lo que no tienes derecho. Creo en la caricatura política honesta, es la caricatura política en la que uno asume cosas y las revela. No es una posición política decir “yo defiendo esta idea o aquella”, es decir: “tienes que defender lo que es injusto”. Un animal puede decir que se es injusto con él porque le matan quince hijos para que un hijo de puta se alimente. No compliquemos las cosas con ideas políticas. Lo que es injusto, lo es para cualquier teoría, porque se han cometido injusticias tanto en la derecha como en la izquierda. No quiere decir que estemos libres por ser de izquierda.

Pero no me contestó. ¿Cómo es que llega a las artes gráficas?

Yo me interesé siempre. Lo que pasa es que como tenía negocios lo fui dejando hasta un día en que me dije: me tengo que poner para esto porque si no, soy un desgraciado e irresponsable hombre.

¿Irresponsable?

Irresponsable porque cuando estallo lo dejo todo. En el otro soy muy jodido; demasiado exigente y machacoso con la gente.

¿Y qué dice la gente?

No sé, pregúntaselo… no puedo ver nada mal hecho.

¿Qué siente ante lo mal hecho?

Me siento triste.

¿Cuál es su reacción?

Violenta, muy violenta siempre.

¿Como buen español?

Como un buen hombre.

Sé que Nicolás Guillén fue un motivo importante en su vida pictórica, y sé que tiene planes con algunas cosas que tiene guardadas hace muchísimos años en relación con Guillén. ¿Por qué precisamente escogió usted como motivo de trabajo al Poeta Nacional cubano?

Para mí Nicolás era como un pan de centeno, pequeño, cuadrado, monolítico, sólido, y me caía bien ese mulato, muy bien; su petulancia me encantó, porque era infantil; a veces todos somos un poco petulantes, entonces esa petulancia de Nicolás era originaria también. Yo creo que Guillén, inclusive, nunca supo, yo creo que su personalidad lo superó a él en su concepto de sí mismo, llegó un momento que se desbordó todo para él, trabajador de caja, como se llama en la imprenta, y alardoso. Era un tipo atrapado en su propio personaje. Pinté mucho a Nicolás, durante años, y un día me dije: voy a dedicarle un homenaje. Aquí, cuando tú mandas a imprimir las cosas te llegan intactas o convertidas en leña, que es lo normal. No hay rastros porque no hay disciplina. Tú vas a la iglesia y preguntas: ¿dónde coño estaba el Padre Espada el día 14 de diciembre de 1724? Y el cura te dice: “espérate, me va a tomar un poco de tiempo”, pero va y allí está. Nosotros no. Das una caricatura y no sabes lo que va a pasar.

Pero usted ha logrado atesorar la mayor parte de su trabajo…

Era una ambición más que una disciplina… Vamos a suponer que se nos ocurra reunir obras de los humoristas que han hecho esta nación. Quiero que sepas que no existen… Juan David, por ejemplo, no existe.

¿Cómo que no existe?

¿Cómo tú puedes decir que existe? Cuando uno muere, lo que existe es lo que uno deja, lo que ha hecho. Pero si quieres hacer una colección de Juan David ¿dónde está? ¿Cuál es el humorista, antes de Juan David, en la historia republicana? Blanco. Vete a buscar cincuenta dibujos de Blanco y enséñamelos. ¿Cómo demuestras que existió? Rafael Blanco no existe. Lo que pasa es que yo soy un cabrón. Inevitablemente me van a tener que tragar por muchos siglos, pero me entristece no acompañar a Blanco, a David, a Torriente. Te das cuenta de que el caldo tiene muchos ingredientes, pero le faltan los principales… nunca va a llegar a ser caldo, ni va a ser una caldosa para un gorrión, para que lo sepas. No puedes evitarlo, ya no están. Este es un país de muela, muelero. Agarras el periódico: muela, la televisión: mucha muela, la radio: todo muela. Esencia poca, masa poca… entonces cuando profundizas te das cuenta que algo está fallando, porque la muela viene de molín —que es la piedra que circula, que muele el grano y deja harina que puede ser de maíz, de cebada, de centeno, de trigo— y te comes el pan y la muela espera, sigue girando…, pero lo que se come es el pan.

Dicen que tiene obsesión por la perfección y también por el trabajo.

Sí, yo soy loco. Estoy mal, el problema es que yo no paro. Cuando pude vencer la torpeza, porque fui muy torpe, y tenía treinta años, yo empecé de treinta años, ya no es tiempo para empezar, pero tengo un… estoy mal; genéticamente parece que me diseñaron para aguantar, ¿no?, y entonces, parece que hay Posada para rato. Entonces me dije: “si voy a durar lo que dura toda mi familia, pues hay Posada para rato”, puedo hacer una obra muy extensa si venzo la torpeza, porque yo nunca he ido a la escuela.

¿Autodidacto?

Totalmente autodidacto. En teatro, por ejemplo, estudié teatro estando en el Caimán, porque yo trabajaba en el Caimán y en los teatros, por ejemplo, trabajaba en el Caimán pero tenía un lugar de trabajo en el Guiñol, maravilloso Guiñol de los hermanos Camejo, una familia extraordinaria, talentos extraordinarios, y yo trabajaba con ellos en el Focsa, y ahí generaba los diseños para otros teatros. ¿Pero cómo yo aprendí escenografía? Yo aprendí solo, me fui a la Biblioteca Nacional y aprendí; todo lo que conozco de escenografía me lo aprendí solo, sencillamente analizando lo que habían hecho los grandes, y había pocos libros, pero los suficientes para empezar y después trabajé. He hecho cuarenta y dos obras en teatro.

¿Cuarenta y dos obras?

Cuarenta y dos obras he hecho en el teatro, que he hecho la escenografía, el vestuario, la utilería, que es un diseño muy complejo, y las luces, y he hecho cine, he hecho tres largometrajes, diseño completo de todo el vestuario de la película, solo.

¿Cuáles?

Con las FAR (las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas) hice Como nosotros, una película que hizo las FAR sobre la épica de los mambises; con Simón Escobar hice otra para la televisión, y con Alfonso Arau hice otra. Ahora Arau ha ganado el Oscar en Hollywood con Walking in the clouds, ganó eso. Quizás vuelva a trabajar con él; visitó La Habana hace tres meses y viene ahora en diciembre y quiere que yo vaya a trabajar con él de nuevo, pero ya yo estoy en otra, no sé, esa parte, la del cine, es muy machacante, es un devorador.

Sé que tiene muchísimos proyectos, en breve algunos se van a cumplir. La Feria del Libro de La Habana estará dedicada a España. Sabemos que va a tener una participación importante dentro de la Feria…

Con respecto a la Feria estoy ilustrando la revista Unión, que es monográfica, o sea, completa hecha por mí, que tiene veintiún dibujos a carboncillo y seis pasteles, que la está diseñando Pedro de Oraá, eso ya lo tengo. Y la solicitud del Caimán afortunadamente, no sé si será que quieren que lo haga todo.

¿Será algo especial?

Sí, sí, son especiales; el de la revista Unión es el homenaje a Calderón y a la Zambrano, dedicados a ellos dos nada más, es un número especial; y creo que el Caimán pretende hacer lo mismo. Entonces, ya terminé la revista Unión y voy a terminar, en cuanto me dé Fidelito (Díaz) los dibujos que lleve el Caimán. Al mismo tiempo, es posible.

¿Y por qué a usted le interesa trabajar estas dos figuras?

¿Cuáles?

Calderón y María Zambrano.

¿Por qué me interesan?

Sí.

Me interesan porque la Zambrano no, todavía… pero por ejemplo Calderón sí, Calderón lo tengo metido, atravesado hace mucho tiempo en mi vida, es un personaje; yo estoy haciendo un libro, o sea, quiero aislarme para terminarlo, que es La vida es sueño de Calderón de la Barca, que lo haría con Prats Sariol y un editor, un experto norteamericano que va a venir a vernos, es amigo de Prats, no mío, no lo conozco, a mí, lo lamento, pero no recuerdo el nombre, Prats sí, enseguida te dice fulano de tal, pero yo no, y entonces me aislaría y haría a Calderón, que es muy próximo a mí. Yo sueño mucho, y siempre estoy soñando situaciones y personajes, hechos cotidianos, no cotidianos, fantásticos, yo soy mucho del sueño, o sea, realmente, casi toda mi obra la hago en la vigilia; por ejemplo, hago un dibujo y lo dejo, y después cuando entro en el duermevela, ese extraño que tenemos los seres humanos, me viene el dibujo y me doy cuenta de los problemas que tiene el dibujo, y entonces me tengo que levantar y lo termino, y siempre me ha pasado eso desde joven. En el duermevela es donde hago eso, esto allá arriba parece que es un mecanismo muy especial, ¿no?, en el duermevela es donde yo me doy cuenta de los problemas.

No descansa, Posada, entonces.

No, yo pinto toda la noche y todo el día.

Entrar en el mundo creativo de un artista plástico es bastante complicado, pero ¿cuáles son sus manías a la hora de crear?

Primero, yo fumaba antes, pero curiosamente yo no podía fumar para trabajar, o sea, yo fumaba después que terminaba el trabajo, y siempre, yo nunca he fumado trabajando; ya yo no fumo, afortunadamente dejé esa puñeta y no quiero saber nada de ella, creo que es un desastre. La otra cosa es que yo nunca bebo cuando estoy trabajando, a mí me gusta tomarme mi cerveza de vez en cuando, un roncito no viene mal, pero tiene que ser después de que yo sé que ya está hecho el trabajo, y si no, no lo hago. Manía personal que tengo es que me aíslo, o sea, a mí me gusta estar solo, y dos cosas: una que no la puedo lograr, es el silencio, yo no oigo radio, nunca en mi vida he encendido un radio, no recuerdo, quizás una vez o dos veces haya encendido un radio; a la caja tonta le corté el cable.

¿El televisor?

El televisor, le corté el cable, para no tener la tentación, para que no me machaque, y le corté el cable, físicamente; no quiero saber nada de la caja tonta esa. Busco aislarme, porque busco reflexionar y tratar de ser más perfecto, tratar de ser más profundo, entonces, los ruidos externos me machacan.

¿Hace bocetos?

Nunca en mi vida he hecho un boceto, no sé hacerlos, no he perdido nada, creo, y yo he sido maestro de generaciones, de dibujo, pero yo nunca estudié, y entonces nunca aprendí a hacer un boceto, porque lo primero que te enseñan los maestros es a bocetar; entonces, al no caer en la trampa esa, pues me liberé de un espanto, porque realmente es un espanto el enseñar a bocetar a los alumnos.

¿Dibujante por excelencia?

¿Yo?, no.

¿En cuál de las manifestaciones en que ha incursionado en las artes plásticas se siente más cómodo?

Cómodo, en ninguna, curioso en todas. ¿Sabes lo que pasa con eso? Es que cuando tú descubres que tienes capacidad, y yo la tengo, descubro también mis defectos, y entonces, y yo soy muy exigente, no es fácil, tú lo sabes hacer, además te dicen: “Coño, qué bueno está eso”, entonces, si te llenas de ese orgullo fatuo, tonto, no continúas, y yo sé que lo mío es bueno, pero sé también qué es malo, entonces me vuelvo obseso y trato que sea mejor. Ahora me meto a hacer pasteles; los primeros eran una birria, pero siempre me decían: “Coño, están buenos, son buenos pasteles”, pero no, es que cuando tú estudias… Me fui a París, y entonces estudié a Degas, y encontré en ese artista una escuela, y yo decía: “¿Cómo este puñetero hizo esa cosa?”, porque de verdad es un genio, y cuando lo estudio, porque prefiero a Degas como maestro a que me lo venga a decir un maestro: “Mira, estúdiate a Degas”, ¿para qué yo voy a ese?, voy directo al monstruo, y me di cuenta cómo él hacía las cosas, y que tenía una disciplina casi férrea, una búsqueda constante. En aquella época, por ejemplo; no había fijador, hoy tú coges una bombita de aerosol y ya, entonces no había fijador, nadie sabía cómo fijar un pastel, y recientemente ahora, cuando yo estuve en París, se descubrió cómo él fijaba los pasteles: él cogía una cazuela con leche de vaca, la ponía a hervir, y cogía los pasteles y los ponía arriba del vapor de la leche, y ese vapor ascendía y se pegaba sobre el pastel y creaba una película grasa selladora, que adhiere el pastel, pero fue ahora que se descubrió. Entonces, por eso yo ahora cogí la obsesión de los pasteles y del carboncillo; me siento bien en todas, y me gusta; la vida, todo me gusta.

¿Los temas fundamentales que le interesa trabajar?

La fantasía, la magia, el hombre, el hombre mágico; a mí el hombre no mágico no me dice nada, a mí me interesa la magia. Por eso me siento tan bien en Cuba, porque es un país que afortunadamente nunca saldrá de la magia.

¿Por qué?

Porque vive con ella, o sea, un elegguá es un ser de la casa, es un ser vivo, está ahí con el cubano, está vivo, la magia en nosotros, aquí, es lo cotidiano, no es un ser extraño. Yo he oído burradas, ¿no?, hace unos años, cuando se decían algunas cosas…, burradas, las simplezas esas de decir que el hombre recurre a la magia por su ignorancia. No, no, no es así, la magia es una invención del hombre.

¿Una necesidad?

Una invención y una necesidad del hombre, no es porque no sabía, como dicen: “como no sabía el porqué de un rayo, pues entonces inventaban”, eso es bobería. El hombre es mucho más que eso, pero hay países donde abandonaron la magia, y Cuba no, Cuba la hizo suya y la vive cotidianamente. Es tan común un elegguá como el vecino de al lado.

…Forman parte del cubano.

Es parte de sus vidas.

Antes de hacer esta grabación me comentaba que le era difícil trabajar los temas de Cuba en La Habana, y trabajar los temas de Asturias, allí en esa su tierra natal; es decir, que necesitaba siempre como un distanciamiento, y yo quisiera que me hablara un poco sobre esto y sobre La ciudad herida, que es un trabajo que parece tener ya cierto adelanto.

Sí, en La ciudad herida estoy trabajando, el otro día vi a Eusebio (Leal) y le dije: “Oye, estoy haciendo una cosa ahí que te va a encantar”, porque Eusebio ha hecho una cosa extraordinaria. Yo digo que, por ejemplo, los próximos siglos, hay dos: en el santoral estará San Cristóbal y San Eusebio, ¿no?, o sea, yo veo a Eusebio subido como un niño grande en el hombro de San Cristóbal; pienso que va a ser así, en el sentido mágico pienso que va a ser así. Afortunadamente Eusebio ha hecho una cosa nueva, extraordinaria, inesperada, y entonces yo estoy haciendo la parte herida de la ciudad que él está salvando, pero intenté hacerlo aquí y no pude, porque la ciudad está latente… me machaca, me atrae, me hace vivir y no me deja reflexionar. Entonces me fui e hice, allá en Asturias, treinta y dos tacos sobre La ciudad herida, que ya empecé a imprimir. Ahora tengo dificultades técnicas, pero las voy a resolver y a hacer esta colección que se llama La ciudad herida. Sin embargo, en la distancia hago mejor a Calderón aquí en La Habana, o sea, yo, por un mecanismo que no sé cuál es, porque afortunadamente yo no sé cómo soy, y digo afortunadamente porque si no, si a lo mejor yo me enterase como yo realmente soy, pues a lo mejor no haría nada porque me volvería loco, ¿no? Entonces me miro en la distancia y no sé cómo soy. Yo tengo un problema: por ejemplo, cuando voy a hacer cosas, el otro día en una conferencia ahí que hubo en el Centro Cultural de España, me decía el agregado cultural español: “Le voy a hacer una pregunta, una cosa que puede ser abstracta, ¿cómo usted haría un libro para niños?” Entonces yo le dije: Pues tendría que tratar de comunicarme con aquel niño que fui yo.

¿Que existe?

Existe, pero tengo una característica muy extraña, y es que cuando me veo pequeño no me veo a mí mismo, yo veo a un niño, ¿no?, no me veo a mí, veo a un niño que no soy yo, porque ya yo no soy aquel niño. Lo veo a él con su vida independiente de mí mismo, yo no me recuerdo nunca a mí mismo como niño, sino, conocí a un niño y yo tengo la memoria muy, ¿cómo decirte?, una memoria muy atrás, o sea, me acuerdo desde los cuatro, cinco, seis años, hasta ahora, me recuerdo de toda mi vida, pero yo lo veo como él, como un ser independiente de mí mismo, él existe fuera de mí.

¿Qué es para usted la identidad?

Una vez una periodista en San Antonio de los Baños —durante lo que llaman Festival del Humor que más bien es un truco porque no es humor sino pujo malo; sacan cuatro botellas de ron para la calle y dos tambores y llenan el pueblo— me preguntó qué cosa era el humor y ahora tú me estás preguntado qué es la identidad. Yo uniría ambas preguntas. Afortunadamente el hombre no ha descubierto aún qué cosa es la magia… si algún día eso se descubre, va y crean una vacuna y nos dejan sin humor y sin identidad.

¿Sería terrible?

Algo peor que eso, sería inconcebible.

¿Es usted un artista habitado por las musas o por los fantasmas

No me vengas con la misma jodienda de artista. No, dime hombre… Musas y fantasmas es lo mismo.

Hay quien dice que las musas son para inspirar y los fantasmas para confirmar…

La inspiración no existe. El hombre no para de inventar cosas que no puede explicar.

Sin embargo grandes artistas sí hablan de musas…

Le ponen ese nombre como otro cualquiera. Después se ilustra y le ponen alitas dando vueltas … Para los antiguos, los románticos, eran las musas, después en la edad moderna Edison inventó el bombillo y se dice: se le encendió el bombillo. Es lo mismo. Es la musa transformada en un hilo de carbono.

¿Considera su trabajo bueno?

¿En qué sentido?

Estéticamente, hay quien dice que no.

No le hagas caso a nadie, ni a mí tampoco.

¿Y cuándo se sabrá?

Para qué vas a querer saberlo. No te das cuenta de que ese es un tema que no puedes meterte en él.

Debo meterme porque usted ha reconocido públicamente la influencia de los grandes pintores del siglo XIX, entonces, se supone que esos pintores sí han hecho una buena obra, han dejado una huella, y ahí va encaminada mi pregunta.

Pero, en qué aspecto buena obra.

Tomemos como principio que lo que trasciende es bueno y lo que no, es malo.

En esencia los críticos no son más que parásitos del creador. Debe de haber alguna razón que desconozco. Se ha producido una especie de extraño acompañamiento que es como el pez pega y la raya, el pez pega y el tiburón, siempre tienen pegado un bicho debajo que se alimenta de los restos.

De lo que es trascendente en el ser humano solamente queda una porción pequeña porque lo demás es arrollado, destruido por sistemas. Los sistemas machacan, muelen, trituran. Me he inspirado en los que quedaron de lo que machacaron porque, por ejemplo, me he inspirado en varios grandes alemanes, pero ellos no son más que residuos de una tremenda cultura humanista que fue machacada por el fascismo, que fue desaparecida, tragada por el tragante del fascismo y no queda nada de ellos. Son solo fragmentos pequeños de algo hermoso que sucedió en Alemania. Trasládame eso a Italia, a España o aquí, o adonde te dé la gana. Me inspiro en los restos de eso porque fueron humanistas. No pensemos ahora que si eres comunista ni puñeta. No, porque entonces llegamos a un callejón sin salida.

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