CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

POTE, EL SUCIDIO Y LA MEMORIA

Por: Leonardo Depestre

17 de Marzo de 2021

Por Leonardo Depestre Catony

La familia de Pablo de la Torriente Brau se estableció en La Habana en 1919, año en que la capital cubana conmemoraba el cuarto centenario de su fundación. Pablo cursaba entonces el bachillerato y no era aún la figura pública que llegaría a ser. Los sucesos que aquí narramos ocurrieron en 1921, hace justamente un siglo, y aunque no hemos encontrado en la papelería de Pablo hasta ahora publicada ninguna alusión a los mismos, estamos seguros de que a él, como a todos los habaneros, le dieron cuando menos mucho que pensar. Aquí le van.

Pote fue el sobrenombre con que se conoció a José López Rodriguez, gallego auténtico quien, pese a llegar a amasar una fortuna enorme para su época, nunca dejó de consumir los potajes o potes de su preferencia, los que le dieron el citado sobrenombre.

Su historia parece mera ficción. Pero no tiene un ápice de irrealidad. Fue este un hombre que transitó desde la pobreza hasta la fortuna y a quien la pérdida de su fortuna lo llevó a ahorcarse en su mansión del Vedado, el 17 de marzo de 1921, en lo que ha sido uno de los suicidios más recordados y sonados de la ciudad de La Habana.

Nuestro protagonista nació en Maside, Galicia, en 1862 y emigró en 1880 a Cuba, donde comenzó a trabajar como dependiente en el comercio de un pariente. Hasta ahí su historia es la del clásico galleguito trabajador y ambicioso decidido a demostrar a sus parientes que han quedado en la Península, que tomó la decisión correcta.

Fue en esta Isla donde comenzó a llamársele Pote, no de manera subrepticia sino pública. Pote demostraba así no solo su complacencia por el apodo, también su preferencia por llevar a la Galicia natal consigo, en sus costumbres, alimentos y lengua. Sin dejar de ser gallego pero asimilado por la idiosincrasia insular, llegó a ser uno de los empresarios más conocidos y mañosos de la alta sociedad habanera.

Analfabeto y pobre llegó Pote a Cuba. Laborioso hasta el cansancio y muy  ahorrador, gastaba solo lo indispensable, y ahorrando hasta los centavos, alcanzó a reunir lo suficiente para pasar a emplearse en una imprenta, decisión que marcó el inicio de un cambio drástico en el destino de su vida, pues en 1890 Pote se casó con Ana Luisa Serrano, rica viuda propietaria de La Moderna Poesía, asumió la dirección del buen negocio que representaba una de las mejores librerías de La Habana e hizo más, la convirtió en la primera librería y papelería de todo el país, prestigio que perdura en nuestros días..

Hombre de negocios siempre a la expectativa, con un olfato extraordinario para los negocios y conocedor de los efectos de la publicidad, al asumir la impresión masiva de los cuadernos rayados que vendía en La Moderna Poesía, colocó su fotografía, con grandes mostachos ligeramente torcidos hacia arriba, que acompañaban a los chicos a la escuela y estos aprovechaban para el ejercicio de todo tipo de habilidades pictóricas y diabluras. Al establecer en 1910, en la esquina de Obrapía y Bernaza, un taller de impresión para la realización de grabados en acero, absorbió entonces la impresión de los sellos de correo.

Los negocios se expandían cada vez más. Pero Pote sumó al dinero el cultivo de las relaciones políticas, muy buenas, con el mayor general y presidente José Miguel Gómez, a quien financió la campaña electoral que lo llevó a la presidencia y tenía acceso al palacio de gobierno en condición de hombre de confianza. De él consiguió un contrato en exclusiva para imprimir los billetes de la Lotería Nacional, negocio que el propio presidente había aupado y rendía formidables dividendos… ¡a uno y a otro! Tiburón se baña, pero salpica, admitía el propio José Miguel.

Pote es ya uno de los hombres más adinerados del país y se convierte en uno de los miembros más importantes de la Junta Directiva de la Compañía de Electricidad y Gas de La Habana, que en 1912 se fusiona con Havana Electric Railway, operadora de los tranvías.

El inefable Pote emprende entonces el más ambicionado de sus negocios, el de la asunción del control del Banco Nacional, con fuerte presencia de capital norteamericano. En manos de Pote el número de sucursales bancarias dispersas por la Isla aumentó considerablemente —a 121— e igual sucedió con la cantidad de millones de dólares que operaban en el contexto financiero.  Podía comparársele con el rey Midas: todo cuanto emprendía lo convertía en oro contante y sonante.

El campo de las inversiones del magnate galaico cubano seguía diversificándose. Adquirió centrales azucareros en la provincia de Matanzas, ocupó la presidencia de la Compañía Nacional de Azúcares, se convirtió en promotor inmobiliario y adquirió la fábrica de cemento «El Almendares».

Mas no es todo, en 1916 adquiere de sus antiguos dueños los terrenos de Miramar y se convierte en uno de los accionistas mayores de un proyecto de reparto sumamente promisorio desde el punto de vista económico, que tiene como centro vial una gran avenida, la Quinta Avenida, y pretende seguir el estilo constructivo de Manhattan, mediante la puesta en marcha de una concepción empresarial moderna. ¡Sencillamente inabarcable el diapasón de los intereses  del más avispados de los hombres de negocio de su época!

De los tiempos del gobierno de José Miguel Gómez había obtenido la concesión para la construcción de un puente sobre el río Almendares. Este, de tipo basculante o levadizo, unió el Vedado con la Quinta Avenida de Miramar y se inauguró el 28 de febrero de 1921. Recibió por nombre Miramar, o Habana, pero los habaneros decidieron nombrarlo el Puente de Pote, su patrocinador. Con ello se aceleró la parcelación de los terrenos, que cobran más valor e incentiva el desarrollo residencial del área, dando paso al surgimiento de nuevos barrios, repartos y ampliaciones de un área señaladamente aristocrática y lujosa. El puente fue demolido después de la inauguración del túnel de la Quinta Avenida, en la década del 50.

Sin embargo, la situación económica en Cuba ha cambiado para el año de 1920. La Primera Guerra Mundial había concluido a finales de 1918 y el período llamado de “las vacas gordas”, o “danza de los millones” gracias al alto precio alcanzado por el azúcar cubano, también llegaba a su fin, dando paso a la entrada de las tristes “vacas flacas”. En circunstancias como estas, que no son sino reflejo de una situación internacional de crisis, la quiebra de las entidades bancarias devino indicador infalible del terror financiero que se apoderó de los propietarios millonarios y de cuantos habían depositado sus ahorros en los bancos. Aunque Pote logró sobrevivir y cumplir con las principales obligaciones que le correspondían, cayó en un estado de depresión que lo llevó a ahorcarse.

Nuestro personaje ascendió pues en la escala social habanera hasta cimas inimaginables. Su carrera marchó indetenible desde el triunfo financiero rotundo hasta el fracaso ocasionado por la quiebra bancaria, conducente a su muerte. Ya lo dice el refrán: cuanto más alto se sube, más estrepitosa es la caída Y esa trágica muerte es la que lo inserta en la leyenda.

Finalmente, una curiosidad para el lector: el pequeño Empire State habanero erigido en las calles 13 y L del Vedado, e inaugurado en 1932, lleva por nombre Edificio López Serrano, el de su dueño… no otro que el hijo de José López Rodríguez, Pote.

Ha transcurrido un siglo de la fecha en que Pote se ahorcó, y seguirá pasando el tiempo… y seguirá Pote siendo parte de las historias reales de una ciudad pentacentenaria.

#PabloyNosotrxs

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