CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

REVOLVIENDO EN EL CENTRO

Por: Estrella Diaz

13 de Julio de 2021

UN LLAMADO DE AMISTAD Y GANAS DE HACER

Texto y fotos: Estrella Díaz

Hoy con esta sección Revolviendo en el Centro, queremos recordar a la querida trovadora Sara González, ya fallecida, y quien cumpliría 70 años este 13 de julio. Y lo hacemos con una nota escrita por esta reportera quien a finales de diciembre de 2010, visitó el sitio habitual en que la reconocida cantautora ofrecía su peña habitual: durante cuatro jornadas una veintena de artistas visuales, todos de gran reconocimiento, acudieron allí para intervenir muros y paredes.  

Cuando este domingo 26, a las cuatro de la tarde, la trovadora Sara González de la bienvenida a los que acudan al “Jardín de la Gorda”, su habitual peña mensual, quedará abierta al público una suerte de galería (al aire libre) de arte contemporáneo cubano.

Durante cuatro días veinte artistas –de distintas generaciones y tendencias- convocados por Sara, confluyeron en la Casa Iberoamericana de la Décima, en la capitalina barriada del Vedado, y allí en un ambiente de absoluta cofradía y fraternidad –entre risas y choteos siempre respetuosos- intercambiaron ideas, pinceles, tintas y diluyentes e intervinieron los  muros que bordean el patio. Cada quien entregó lo mejor de su arte de una manera absolutamente desprendida y altruista: hubo, entonces, explosión de colores y comunión de almas.

Zaida del Río llegó con sus siempre  mujeres-pájaros; Rubén Rodríguez con su erotismo contenido; Sigfredo Ariel con sus guiños helénicos; José Fúster con su paleta colorida y esperanzadora; Juan Moreira con una paloma de leve trazo; Javier Guerra con un nuevo billete y una nueva propuesta; Diana Balboa con el mundo de la música y los sonidos pegados al pincel; Alberto Lezcay como a quien le pesa despojarse de la escultura; José Omar Torres con sus eternas ciudades volantes; Rafael Pérez Alonso con el mambí y su tres, que es una joya; Alicia Leal con su virgen, casi, instalativa; Aziyade Ruiz con una figuración tan enigmática como seductora; Ernesto García Peña y ENE –como familias que son: padre e hijo- compartiendo un mismo espacio a partir de un ofrecimiento integrador; Cómas con un conceptualismo que apabulla; Agustín Bejarano con una impresionante economía cromática sacó del muro todos sus misterios; William Hernández con un estupendo dominio del dibujo y del humor; Abela se inclinó hacia singulares y simpatiquísimas apropiaciones mientas que Kamyl Bullaudy volvió a fascinar con la iconografía martiana, esa que domina al dedillo y que ¡tan conmovedora y cercana nos resulta! Por último se incorporó Cristhian del Río, quien en el momento de redactar estas líneas aún gestaba su obra.

CON EL MINISTRO

De sorpresa llegó al Jardín de la Gorda el ministro cubano de cultura, Abel Prieto, quien no pudo sustraerse de hacer algunos trazos, una manera también de apoyar este proyecto del que dijo “sentirse muy feliz por haber sido invitado”.

El grupo de artistas que está representado aquí –dijo el titular de cultura- ha hecho cosas muy hermosas y con este proyecto se “consolida el Jardín de la Gorda como un espacio de creación en el corazón del barrio”.

Recordó que en varias oportunidades ha asistido los conciertos y “siento que hay una comunicación con la comunidad, con la gente maravillosa que es asidua a la peña e igualmente percibo que aquí se dinamitan las divisiones entre los géneros y todo eso le logra gracias al carisma de Sara y a su relación con las demás artes”.

En otro momento del rápido diálogo sostenido con esta reportera, significó Abel Prieto que este proyecto da la posibilidad de un acercamiento a un grupo de personas que habitualmente no van a las galerías: “esta cercanía facilita que nuestros artistas sean conocidos por un público diferente al que, habitualmente, asiste a los museos y ello implica que se acerquen, de un modo particular a creadores que representan parte de la vanguardia plástica cubana”.

Creo, dijo, que con esta inyección de arte el Patio de la Gorda adquiere una densidad  particular, algo que ya tenía, pero que con estos hermosísimos cuadros virtualmente  adheridos a los  muros conquista una solidez cultural superior: “se nota que los artistas trabajaron con seriedad  y eso tiene que ver en el respeto que sienten por el trabajo de Sara; en lo personal ella sabe cuánto la quiero y la admiro como artista y como persona”.

CON SARA

Sara –con quien, también, de manera muy informal conversamos- contó que desde hace muchos años se ha preocupado por estrechar vínculos con los artistas de la plástica.

Esa relación, dice, comenzó durante un concierto que realizó en Cinemateca de Cuba: “recuerdo que Isidro López Botalín (pintor y grabador), era el que proyectaba las imágenes de diferentes pintores cubanos y esas imágenes conformaban la escenografía que incluía once telones de pintores. Esa experiencia fue como el germen y siempre he tratado de continuarla”.

Contó que al comenzar las peñas en el Jardín, trajo cuatro banderolas que utilizó en un espectáculo realizado en el Teatro Amadeo Roldán en el que participaron Anabell López, Liuba María Hevia, Marta Campos y ella. “Cada una de nosotras, rememoró, tenía una gran banderola pintada por diferentes artistas –Zaida del Río, Eduardo Roca Salazar (Choco), Carlos del Toro y José Omar Torres-. Esas banderolas –después que ser utilizadas en el espectáculo- no era funcional guardarlas en la casa porque tienen una dimensión teatral y decidí traerlas para el Jardín y colgarlas a manera de telón de fondo”.

Acotó que en la medida en que uno va tomándole cariño a los lugares se “comienza a soñar con mejorarlo y así empezamos a traer plantas, sillas, y demás, pero la idea de convocar a un grupo de plásticos me rondaba por la cabeza” desde hace mucho y se materializó recientemente: “hace apenas unos días asistí a la inauguración de una exposición dedicada al centenario de José Lezama Lima en la Biblioteca Nacional José Martí y allí coincidí con un grupo de pintores y les comenté esta idea y, de inmediato, todos me apoyaron y me dije: ahora o nunca ¡la chispa se encendió!

Tengo que decir ‘gracias a la vida que me ha dado tanto’, entre otras cosas por el poder de convocatoria y la gran cantidad de amigos que tengo; cuando muchos de ellos comenzaban sus carreras yo iba a sus exposiciones a cantar.

Este proyecto es el resultado de muchas afinidades cultivadas con los años y que se acentuaron en los días en que en nuestro país se desarrollaban, casi a diario, las Tribunas Abiertas en reclamo del retorno a la patria de Elián González. Ese fue un período en que me relacioné mucho con los artistas de la plástica y este proyecto no es más que un llamado de amistad y de ganas de hacer. Hay varios artistas como Choco, Rancaño y Kcho –a quienes quiero mucho y que no están en estos momentos en Cuba- esa es la razón de sus ausencias, pero quizás en un futuro podamos inventar algo.

Espero que cuando el público se enfrente a estas obras se quede con la boca abierta y que se sienta más que feliz: esa es la idea, que la gente sea más feliz. Tenemos ganas de que pasen cosas mejores, que la solución a nuestros problemas está en nosotros mismos, pero que hay que enfrentar la vida con optimismo, con alegría. De alguna manera, ese sería mi modesto mensaje de fin de año para todos los cubanos.

Prensa

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