RUTH DE LA TORRIENTE, DIEZ AÑOS DESPUÉS

Por: Leonardo Depestre

15 de Octubre de 2020

Por Leonardo Depestre Catony

Pablo de la Torriente nunca tuvo un hermano varón con el cual jugar a la pelota o a las bolas. Sus padres solo le dieron como acompañantes a cuatro hermanitas que hicieron de él un amigo, un compañero, un consejero. Tampoco fue el mayor pero por aquellos tiempos, la condición de varoncito entrañaba una seria responsabilidad. A José Martí le sucedió algo parecido: ser el único varón entre un ramillete de muchachas.

Claro que Pablo tuvo una escuela tempranera para conocer a las mujeres y esa escuela fue su propio hogar. Con razón, el Pablo adolescente y el Pablo adulto tuvieron la facultad, o facilidad, como prefiera, de entenderse muy bien con las mujeres y hasta de serles un compañero simpático, admirable.

Como casi siempre sucede entre hermanos, se tienen preferencias. Y Pablo tejió una mayor comunicación con Zoe y con Ruth, la más pequeña. Por cumplirse por estas fechas el décimo aniversario de la muerte de Ruth, centraremos estos comentarios en la relación que corrió entre Pablo y Ruth.

Ruth es una importante contribuyente al mejor conocimiento de cómo fueron sus hermanos, en especial Zoe y Pablo. Para Ruth, “Zoe fue una mujer que yo no dudo en calificar de extraordinaria; por su nobleza, inteligencia y rectitud. Se dedicó toda su vida al estudio, fue una bibliotecaria destacada. Influyó mucho en mi hermano, era su primera admiradora, compañera de juegos y aventuras. Ella recopiló y guardó sus documentos, libros y todo lo que se escribiera sobre él. A Zoe le debemos ese legado”.

En cuanto a Ruth, pues nació en 1913 en Santiago de Cuba, aunque su vida transcurrió en La Habana, y estudió magisterio solo por complacer a su madre. Después cursó mecanografía, taquigrafía e inglés, con los que pudo encontrar trabajo y ayudar a la familia. Trabajó como secretaria en el Ministerio de la Agricultura, en el Tribunal de Cuentas y tuvo la satisfacción (esto en premio a su eficiencia) de ocupar una plaza de oficinista en las Naciones Unidas, en Nueva York, durante los períodos de sesiones de la Asamblea General de la ONU. Ella diría de sí: “Me ha gustado todo lo que he aprendido, en lo que he trabajado. Creo que nadie ha disfrutado tanto de su trabajo como yo. Desde que empecé a trabajar, me gustaba tanto que habitualmente me quedaba después del horario de cierre. ¿Y a qué hora te vas, Ruth?, me preguntaban mis compañeros. Y yo siempre decía: Ahorita”.

Entrevistada por Miriam Rodríguez Betancourt y Jesús Arencibia cuando contaba ya 97 años, Ruth dijo algo muy interesante sobre su hermano: “No me lo imagino envejeciendo. Él hubiera sido todo el tiempo joven”. Entonces también expresó: “Nunca hemos utilizado su nombre para obtener  ningún beneficio. Él, que era un idealista, sería el primero en despreciarnos si lo hubiéramos hecho. Hemos pasado toda la vida cuidando un apellido…”

De la autoría de Zoe, nos quedó el libro de recuerdos Papeles de familia, y de ambas hermanas, el texto titulado Pablo: la infancia, los recuerdos, publicados ambos por Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

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