SILENCIOSO, SISTEMÁTICO, VALIOSO…

Por: Víctor Casaus

16 de Marzo de 2018

[URIS id=6789]

 

Hace unos momentos una amiga nos pidió unas palabras de recordación para Eduardo Ramos, cuya partida había anunciado Silvio en su blog hoy mismo, bien temprano.

El Centro Pablo reúne y comparte con ustedes aquí en nuestro sitio y en el boletín Memoria esos textos para el hermano Eduardo.

En la madrugada de hoy, viernes 16 de marzo de 2018, se nos fue Eduardo Ramos Montes, hermano, bajista y uno de los fundadores del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Pongo la nota que escribí en enero para su último disco, que debe salir pronto. Segunda Cita abraza a Popy, a Elis Regina, a Jean Carlo y a Laura, y desea el mejor de los viajes a este amigo querido, excelente músico e impecable caballero en todas las circunstancias de la existencia.

 

———————————-

Hace unos días, pensando las palabras que debía pronunciar como inauguración del Premio Casa de las Américas, cuando recordaba que en el próximo febrero se iba a cumplir medio siglo de que algunos trovadores de mi generación habían cantado por primera vez en aquella importante institución de la cultura Latinoamericana, recordaba que, aquel 19 de febrero de 1968, uno de los presentes concertantes fue Eduardo Ramos.

Yo había conocido a Eduardo un par de meses antes, porque habíamos coincidido en las actividades colaterales al Primer Festival de la Canción Popular, en el famoso balneario de Varadero. Recuerdo hasta la primera vez que hablamos, en los jardines del hotel Kawama, en cuyo cabaret nos habían asignado actuar. Eduardo por entonces era la segunda guitarra del importante grupo Sonorama 6, que dirigía Martín Rojas e integraban músicos que luego fueron de mucha trascendencia como Enrique Pla, Changuito, Carlos del Puerto, Carlos Averoff.

Eduardo ya escribía canciones con unas armonías muy particulares y llegó a desarrollar uno de esos estilos tan peculiares que son únicos. Sus temas me fascinaban, tenían unas atmósferas oscuras, con giros armónicos y melódicos inhabituales, y estoy seguro de que, en aquellos años en que yo me formaba, me sirvió de mucho la honestidad de un autor como él, para completar mi conciencia exigente respecto al arte de la canción.

Desde entonces fundamos una amistad invariable, basada siempre en goces y afinidades tanto estéticas como éticas. Recuerdo cuando vivía en el barrio de Pogolotti, con sus padres; recuerdo cuando nació cada uno de sus hijos. Vivimos años inolvidables en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC –donde él quedaba como director cuando Leo Brouwer se ausentaba–. Para aquel grupo legendario Eduardo escribió páginas fundamentales y, como bajista, fue uno de los autores de su sonoridad. En aquella etapa me ayudó con varias orquestaciones y fue el productor de mi álbum Tríptico. Después viajamos juntos a muchos eventos musicales.

Eduardo fue elegido, por aclamación, el segundo dirigente que tuvo el Movimiento de la Nueva Trova, y en los años 90, cuando fundamos los estudios Abdala, fue de los primeros en acudir a echarnos una mano, siempre con la responsabilidad que le caracteriza.

Para mi, más que gusto, es honor presentar este disco de uno de los músicos que más quiero y respeto, por ser siempre intranquilo, por no achantarse, por estar siempre dispuesto a dar un paso más, como hacen los que eligen el arte como forma de vida y se hacen niños para siempre. Así es Eduardo Ramos, quien tiene residencia en el infinito parque de diversiones de la música.

Silvio Rodríguez Domínguez
La Habana, 8 de enero, 2018.

 

SILENCIOSO, SISTEMÁTICO, VALIOSO…

Eduardo Ramos fue uno de los fundadores del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, una de las cunas principales de lo que hoy llamamos la nueva trova cubana. Allí sustituía a Leo Brower en la coordinación del Grupo cuando éste se tenía que ausentar por algún viaje. Eduardo fue parte querida de esa familia surgida al calor de la visión larga de Alfredo Guevara, esa figura imprescindible de la cultura cubana.

Como compositor Eduardo dejó canciones que forman parte de la memoria histórica y popular como la dedicada a los CDR. Como instrumentista fue un músico creativo y disciplinado al mismo tiempo. Así lo recuerdan Silvio y otros integrantes de aquel dream team formidable de la música cubana. En cada cuadra se le pudiera/debiera recordar hoy por su aporte silencioso, sistemático y valioso a la música nuestra y a la cultura cubana en general.

Víctor Casaus

 

 

 

 

 

 

 

 

COMENTARIOS

Nuevas propuestas