SILVIO SIGUE LEVANTANDO SU MANO Y LA GUITARRA

Por: Centro Pablo

3 de Enero de 2018

Por : Jorge Fuentes

Silvio y su obra son esa época en la que vivimos y que ahora se acerca a los sesenta años. Ha marcado nuestras vidas y agotado la juventud de varias generaciones. En ese tiempo transcurrido, en el que no han faltado adversidades enormes, muchas cosas han favorecido su poesía (música) y la mantienen, a fuerza de coherencia personal, sabiduría artística y por milagro de un sinnúmero de circunstancias, porque esa obra se ha erigido, también  en tiempo de derrumbes, banalidad generalizada, imposición de gustos dudosos a través de los medios y otras formas de comunicación, globalización neoliberal económica y cultural, incertidumbre existencial, indiscriminado desarrollo de la tecnología en perjuicio de la vida y canción posmoderna en interesada desconexión con la cultura, de erotismo barato y a veces obsceno.

De todos los países en los que se crearon movimientos musicales que nutrieron la nueva canción, la canción protesta y otras denominaciones de lo que luego también fue llamado canción inteligente, solo Cuba había pasado por una revolución que avanzaba en medio de uno de los contextos mundiales más ricos, complicados y difíciles de todos los tiempos. Los años sesenta están marcados por la guerra de Vietnam, donde Estados Unidos repite un genocidio por medios convencionales similar a lo que había hecho en Japón en la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo que bloquea a Cuba, continúa sosteniendo las dictaduras de América Latina y frenando la lucha anticolonial y los movimientos de liberación nacional. Pero internamente, además de un extenso y combativo apoyo de los norteamericanos al fin de la guerra y la devolución de los jóvenes soldados a casa, se desarrolla un movimiento nunca antes visto en pro de los derechos civiles y la igualdad racial; las drogas se convierten en hábito de enormes grupos y pasan a ser parte de la cotidianidad; proliferan los hippies en una suerte de evasión que deriva arte y costumbres; nuevas formas e intentos de revolución social y poética aparecen en Europa; Che Guevara, primero en El Congo y definitivamente en Bolivia, lanza la consigna de “crear dos, tres, muchos Vietnam” que inmediatamente se convierte en canción; las fuerzas de la OTAN y las del Pacto de Varsovia recuerdan la posibilidad inminente de una guerra atómica y la URSS y China dividen el mundo de la izquierda en pro soviéticos y pro chinos, todo con la banda sonora de los Beatles. Es esa banda sonora la que enriquece la nueva canción internacional y la Nueva Trova cubana en la que Silvio es una de las cabezas más importantes, con la característica de que mientras todos “protestaban” contra los regímenes dictatoriales en los que actuaban, los cubanos estaban en la primera década de su revolución, que ya para esa fecha se había convertido en una revolución cultural que los incluía. La nueva canción cubana era entonada por todos los ciudadanos y comprendida —porque ya no había analfabetos y millones de personas de todas las procedencias y lugares del país asistían a las escuelas y universidades. Entendida como un instrumento de lucha hacia afuera, en su pelea contra el capitalismo salvaje, y hacia adentro, como crítica, más bien autocrítica, en aras de trabajar por un modelo popular y perfectible. Esta visión crítica de lo interno la ha impulsado durante décadas, y lo seguirá haciendo si se mantiene por todos la misma coherencia que Silvio le ha imprimido a su poética.

No está muy claro, creo yo, qué le debe la Nueva Trova al gran recorrido de la música cubana. Sin exagerar, valdría la pena plantearse el problema, también, como un asunto de ruptura (no siempre para bien). En todo caso son notables las diferencias con las letras y las armonías de la Vieja Trova y también del Filin, este último caracterizado por una superación de las viejas corrientes de la poesía seguida de pasos al coloquialismo, las interinfluencias con la música norteamericana y de esta con la nuestra que además gestiona un nuevo modo de cantar. Es probable que el tema del amor, el manejo del asunto erótico que a veces  acompaña el intento épico en la Nueva Trova, sea algo en común con las corrientes anteriores, el yo que existe  y a veces persiste, a pesar de…, la existencia del otro como fórmula entre realidad y deseo, el tema de la patria en la trova vieja y el tema de la intimidad amorosa tratado de forma conversacional en la obra del filin y prefilin.

No obstante,  la Nueva Trova y Silvio, particularmente, tienen de todo. Si bien Silvio cantaba desde pequeño canciones tradicionales que oía en la voz de su propia madre, las primeras canciones que le escuché, cuando su repertorio era aún muy pequeño, no tenían absolutamente nada que ver con aquel movimiento y vine a sentir su presencia ya en su madurez, cuando deliberadamente constituían un homenaje donde se hacía evidente la calidad adquirida. Hay también algo que agregar: la Nueva Trova indagó en la música de Latinoamérica y del Caribe, probablemente como no lo haya hecho ninguno de los movimientos cancionísticos cubanos; pretendió aires de la canción y la música europea, particularmente, francesa, española, italiana y se vuelve a repetir el ir y venir con la música norteamericana (en esta ocasión más venir que ir por razones políticas que no permitían el intercambio), particularmente el country y el rock en sus diferentes variantes, incluida su versión cubana del momento. Era un afán de construir, compartir y expandirse que superaba la tradicionalidad, digamos, española y norteamericana de otros tiempos.

Lo mejor de la Nueva Trova en donde se incluye, sin lugar a dudas, Silvio Rodríguez, participó de un proceso de universalización siempre pretendido por la música cubana, en el momento que tenía las mejores condiciones para hacerlo, aunque estemos ante la paradoja de encontrarnos en uno de los peores instantes de aislamiento. El gran público de la juventud radicalizada en casi todas partes y los movimientos de izquierda encontraron en la Nueva Trova y otros cuerpos de la canción participativa una forma de recepción y expansión de sus ideas y las posibilidades de una convocatoria extraordinaria. Sin embargo, lo interesante de este fenómeno es que aun cuando en muchos casos se llegó a la propaganda burda y se creyó por algunos que se podía cantar el editorial de los periódicos de la vanguardia (y se sigue creyendo), la canción de Silvio ganó en rigor literario y en excelencia musical. Los movimientos y los autores que supervivieron a la tentación contenidista, al precio del sacrificio de la metáfora, cayeron en pecado mortal y se murieron. Silvio sigue, levantando su mano y la guitarra.

 


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