CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

SOLO RESISTIENDO PODEMOS SOSTENER NUESTRA IDENTIDAD

Por: Estrella Diaz

14 de Noviembre de 2017

(Entrevista exclusiva con el trovador Ricardo Flecha)

Ricardo Flecha, destacadísimo cantautor paraguayo, llegó a La Habana para participar, este domingo 12 de noviembre, en un concierto a efectuarse en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y tiene el marcado propósito de festejar el 19 aniversario del espacio A guitarra limpia y celebrar los 70 años de Vicente Feliú, fundador del movimiento de la nueva trova.

Apenas unas horas luego de su llegada a La Habana, Flecha —aun un tanto cansado del extenuante viaje— dedicó unos minutos a conversar sobre diversos temas.

“En esta oportunidad venimos a una celebración de la amistad: es la primera vez que voy a tocar en el Centro Pablo, un espacio cultural muy prestigioso, y estoy muy feliz porque se trata de festejar los 70 años —según mi criterio— de uno de los mejores seres humanos y gran trovador que es Vicente Feliú, artista indispensable para todos los que abrazamos el difícil camino de construir a través de las canciones una sociedad mejor, más justa e inclusiva.

Este será un concierto muy importante porque estará, también, el brasileño Pedro Munhoz y el colombiano Jaz Arenas junto a otros trovadores cubanos: Karel García, Aurora de los Andes Feliú, Rey Montalvo y Pepe Ordás.

Estoy muy feliz de estar este noviembre en La Habana porque, también, es el cumpleaños de otro amigo, que es Silvio Rodríguez: por eso en esta ocasión voy a cantar algunos temas de él en guaraní, al igual que algunas canciones de Feliú.

Para los músicos Latinoamericanos ha sido muy importante el proyecto Canto de todos, que encabeza Vicente, porque es una revisión de todo lo que fue la nueva canción latinoamericana a partir de los nuevos trovadores de varios países del sur y del Caribe. Esto es esencial porque renueva el compromiso de construir un mundo mejor, que es lo que pretendemos y soñamos hacer a través de la música.

Usted nació en 1961 y siempre estuvo vinculado a la música, pero 1984 marcó un hito importante en su vida.

En ese año se separa uno de los grupos más emblemáticos de la nueva canción paraguaya, que se llamó Juglares. A partir de ese momento comienza una nueva etapa no solamente desde el punto de vista musical sino también poético. Juglares nació en la Universidad en 1973, precisamente, en el cincuentenario de la guarania, que nos pertenece a los paraguayos. De hecho, un tema que todo el mundo conoce —“Recuerdos de Ipacaraí”— está compuesta basándose en ese género musical: la guarania.

Cuando nace Juglares, América Latina atravesaba un momento muy difícil porque estábamos rodeados de dictaduras; en ese contexto empieza a tocar en universidades, en los sindicatos, en iglesias —que aportó una gran cantidad de curas muy progresistas. En 1985 tres integrantes de ese grupo formamos otro proyecto musical que se llamó Ñamandú.

Ñamandú tiene que ver con la cultura que defendemos, que es la guaraní. Ñamandú es el dios principal que se considera el padre primero/último, el dueño de la palabra alma. Usando ese nombre era una forma de reivindicar el guaraní porque durante muchos años ese fue un idioma prohibido por las clases dominantes. Sin embargo, el pueblo lo empleó como elemento de resistencia durante muchas de las etapas de la historia del Paraguay.

¿Cuáles son las características musicales de la guarania?

La guarania, que está concebida en 6 por 8, se creó el año 1925 y es un género que proviene de —o más bien que está emparentado con— las cancionetas italianas porque los primeros profesores de música que llegaron a nuestro país llegaban de Italia y arrastraban una marcada influencia de la música clásica. A Paraguay le faltaba una música que reflejara los sentimientos de los paraguayos, aunque hay que reconocer que estaba la polka, que expresaba el sentir de la zona campesina. Los que vivían en la ciudad tenían una visión más urbana y la guarania nace en Asunción, la capital, como respuesta a esa necesidad de expresión.

Tengo entendido que uno de los méritos que se le reconoce a usted es que ha trabajado mucho en el rescate de los temas tradicionales y de la música campesina, ¿no hay una contradicción?

Absolutamente ninguna porque el idioma guaraní une los dos géneros. En Paraguay hay un gran porcentaje de personas que habla y entiende el guaraní, me atrevo a asegurar que casi un setenta por ciento.

El guaraní hace el trabajo de amalgamar la música campesina porque hay que partir de la base de que ese idioma se habla mucho en el campo y hay una migración constante del campo a la ciudad; esas personas que llegan a las ciudades arrastran lo suyo y, a la vez, adquieren los hábitos citadinos porque el paisaje es diferente, la problemática es otra —ya no se trata de no tener tierras o ser expulsados de ella—, sino que aparecen otros sentires en la ciudad.

¿Cómo nace su relación con Cuba, cuándo se prende esa chispa de la solidaridad?

El gran culpable del enamoramiento tan fuerte tiene que ver con la revolución cubana, el Che y también Vicente Feliú: en el año 1987 coincidimos en Lima, Perú, y esa fue la primera vez que, en toda mi vida, veía a un cubano.

Vivo en un país en el que la dictadura era feroz y tenía un slogan que decía: “democracia sin comunismo”. Por lo tanto todo lo que tenía que ver con esa forma de pensar no solo olía mal, sino que te podía costar la cárcel, la persecución y hasta la vida. El hecho de decir que uno abrazaba las ideas del comunismo era un signo de subversión y muchos compañeros fueron presos por el solo hecho de encontrar en sus casas o lugares de trabajo, literatura comunista.

La verdad es que la revolución cubana marcó el mundo, pero a América Latina mucho más. Creo que soy el primero en cantar en Paraguay, en el año 1979, “Mariposas” una canción de Silvio Rodríguez.

¿La cantó en guaraní?

No, en español. En aquel entonces nos llegaban de forma clandestina los casetes de Silvio, de Pablo, de Noel y los escuchábamos en casas de familia hasta que, poco a poco, nos fuimos soltando y comenzamos a hacer conciertos en vivo; la luchas sociales empezaban a tener más fuerza y era más difícil la represión. Los setenta y ochenta fueron años difíciles. En 1987, con Vicente, comenzamos a comunicarnos y a materializar ideas y a organizar encuentros con músicos del entorno de América Latina.

En el año 2003 empiezo un gran proyecto que se llama Los cantos de los karai  que me dio la oportunidad de grabar con los más importantes cantautores de América Latina un disco con sus obras —en español y en guaraní—. Los karai son como los chamanes de los guaraníes, los encargados de no mentir nunca, los responsables de llevar a toda esa gran masa de nativos hacia un lugar que, traducido al español, quiere decir “la tierra sin mal”: algo parecido al paraíso, pero que existía sobre la tierra y que había que marchar hacia donde salía el sol.

Me llamó mucho la atención la parte en que ellos decían que eran “los dueños de la verdad y que no mentían nunca”.

De alguna manera lo que intenté hacer fue una analogía entre todos los cantautores de América Latina para que cada quien hablara de la realidad de sus pueblos.

Entre los cantautores que participaron en el proyecto está Chico Buarque…

Y también Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, Luis Enrique Mejía Godoy, Danny Rivera, Mercedes Sosa, Teresa Parodi, Víctor Heredia, León Gieco, Juan Carlos Baglietto, es decir, un grupo grande de intérpretes y jóvenes  como el proyecto Negro y blanco, de Bolivia, Pancho Villa, de Chile, y otros dos creadores que no son latinoamericanos, pero  sí que tienen gran peso en la cultura iberoamericana: Paco Ibáñez  y Luis Eduardo Aute.

Operativamente, ¿cómo se materializó ese disco, que es multinacional?

Demoró diez años en hacerse: canté con todos ellos y en muchos casos me tuve que desplazar a diversos países como Nicaragua, Argentina, Uruguay, Brasil y Cuba tratando de enamorar a todos a partir de un proyecto inclusivo y único: creo que no existe otro proyecto que tenga en cuenta a la cultura originaria y que se cante en ese idioma temas como “La flor de la canela” de Chabuca Granda o “Pequeña serenata diurna”, de Silvio; con Danny Rivera hice una versión de “Capullito de alelí” en español y en guaraní.

Sinceramente es una experiencia muy enriquecedora porque lo que nosotros intentábamos decir era que mi país —que estuvo olvidado durante muchos años— seguía por la izquierda. Queríamos alzar la voz para que supieran que existíamos, que teníamos cosas que decir y que contar y, también, elementos que aportar para la construcción de un mundo mejor que es, en definitiva, lo que queríamos y queremos.

¿Y en el caso de Silvio Rodríguez en clave de guaraní, proyecto discográfico que tuvo en su centro parte de la obra del autor de Ojalá?

Eso sucedió hace un año atrás y fue una experiencia rica porque las canciones de Silvio son muy complicadas musicalmente y como texto. Silvio, según mi criterio, es esencialmente un poeta que ha bebido de la trova tradicional cubana, pero también de los grandes  poetas —no solo  Martí porque creo que en América Latina no hay quien escape al influjo y al embrujo de la poesía de José Martí—,  pero esta también César Vallejo. Y Silvio es hondamente “vallejiano”.

¿El idioma guaraní posee la riqueza suficiente para enfrentar un reto lingüístico de esa magnitud?

Sí, el guaraní que salió de las selvas, entró también en la ciudad y allí sufrió mutaciones porque en realidad como es un idioma onomatopéyico las palabras se forman de acuerdo con la manera en que —por ejemplo— se va a nombrar un objeto y tiene que ver con la sonoridad del objeto, con la forma y para qué sirve.

Todo eso se compatibiliza para que sea armónico con la melodía, para que el texto no pierda consistencia ni la canción tampoco. Fue un trabajo muy fuerte y tengo que recordar que ese proyecto lo hizo un poeta exiliado que vivió mucho tiempo en Cuba.

Nosotros los paraguayos estamos muy orgullosos de tener ese rasgo cultural que nos identifica y que hace posible que nos podamos comunicar entre nosotros, pero deseábamos también decirle a América Latina que estábamos en la misma sintonía.

Para el 2018, ¿cuáles son sus planes profesionales? 

Tengo un compromiso con un amigo: Chico Buarque de Holanda y estamos empezando a trabajar sobre sus textos. El mundo guaraní realmente es amplio y abarca parte del Brasil, una porción importante de Bolivia y de Argentina.

Queremos hacer ese disco no solo por la calidad poética y musical de Chico sino porque, de alguna manera, queremos conectarnos con el gigante sudamericano, aunque los músicos siempre hemos tendido puentes y hemos buscado formas de comunicarnos. Vamos a hacer un trabajo similar al que realizamos con las canciones de Silvio.

¿Puede entonces decirse que su trabajo ha sido siempre de resistencia cultural? 

Totalmente de resistencia, pero también de futuro, de esperanza. Creo que es importante resistir porque creo que solo así podemos sostener nuestra identidad cultural.

El contexto político actual latinoamericano es adverso, ¿qué puede hacer la cultura?

Mucho, pero no se puede olvidar que los que trabajamos en el arte siempre tuvimos adversidades y estamos acostumbrados a ellas.

Lo que estamos haciendo es lo que nos toca hacer y —como diría Silvio— lo estamos haciendo “a tiempo y sonriendo”.

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