SUCESOS DE LA HABANA DE PABLO

Por: Leonardo Depestre

17 de Junio de 2019

Asesinato de Pío Álvarez, un revolucionario temerario

Por: Leonardo Depestre Catony

Ángel Pío Álvarez llegó a ser considerado el revolucionario más buscado de Cuba. Los carteles ofrecían 5 000 pesos de recompensa por su captura. Había protagonizado el atentado al capitán Calvo, Jefe de la Sección de Expertos de la Policía, y encabezado el comando revolucionario que cobró la vida de Clemente Vázquez Bello, presidente del Senado, aunque este atentado solo debía ser el paso previo para atentar con el presidente Machado, quien seguramente asistiría al entierro de su amigo y correligionario en la necrópolis de Colón.

Nuevamente ahí estaría el temerario Pío Álvarez. Para ejecutar el plan se habían colocado 200 kilos de dinamita en una tubería que se haría estallar en el cementerio, pero todo se frustró cuando la viuda de Vázquez Bello decidió inhumarlo en Santa Clara, su ciudad natal.

Pío nació en la región de Asturias y llegó a Cuba en su niñez, a los 12 años. Estudiante universitario de ingeniería, vivió solo 32 años. Figuró entre los fundadores del Directorio Estudiantil Universitario (DEU), del cual llegó a ser uno de sus más importantes dirigentes y cabeza de los grupos de acción revolucionaria. Una anécdota ilustra hasta dónde llegaba la temeridad de este joven. En cierta ocasión un control de la policía le ordena detenerse y pregunta qué lleva en el automóvil. Pío jocosamente le responde: “Nah…, ametralladoras, granadas, recortadas, cosas así”. El agente lo toma en broma y deja marchar. Sin embargo, cuanto Pío le dijo era cierto.

Detrás de Pío Álvarez se encontraba toda la policía y el cerco en torno suyo se cerraba. Se había preparado un plan para su salida al exterior por avión, bajo una identidad falsa, y se afirma que en el último momento el propio Pío decidió no hacerlo.  Al día siguiente, 4 de enero 1933, se hallaba en una casa del Vedado. Una delación condujo a su apresamiento por la Sección de Expertos de la Policía Nacional, que lo sometió a torturas terribles. En condición de moribundo se le arrojó a una calle de Santos Suárez, mas al conocerse que aún estaba vivo en un centro hospitalario, acudieron a rematarlo.

A Pío Álvarez, joven hoy casi total y lamentablemente desconocido, demasiado olvidado y reducido a pequeñas citas cuando de mártires del machadato se habla, se le admiró y respetó entre los suyos, se le temió entre las fuerzas represoras del gobierno de Machado, y se le ultimó a quemarropa, “víctima de la horrenda cruzada del machadismo contra la juventud renovadora y culta”.

En su trabajo “Lo que han matado no es un muñeco; es mi hijo, afirma la madre del joven J. Pérez”, diario Ahora del 31 de julio de 1934, Pablo de la Torriente Brau escribe:

Juntos cayeron Julio Pérez, Pío Álvarez, Rubierita, Carlos Manuel Fuertes…

Alguien dice por ahí: “Sacrificio estéril… sangre inútil…” ¡Mentira!.. ¡Sangre para nuevos caminos!… Enseñanza magnífica para los nuevos luchadores. Nunca ha sido inútil ni estéril la sangre de un héroe!

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