CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

SUCESOS DE LA HABANA DE PABLO

Por: Marta

17 de Septiembre de 2019

Alzamiento del 8 de noviembre de 1933 y muerte de Blas Hernández

Por: Leonardo Depestre Catony

Parecía que el agitado año de 1933 terminaría sin otros grandes y dramáticos sucesos —caída de Machado, golpe militar del 4 de septiembre, combate del Hotel Nacional…— cuando el 8 de noviembre se escuchó nuevamente el tableteo de ametralladoras y el ruido  de los morteros.

Nos referimos al alzamiento contrarrevolucionario que tuvo lugar en esa fecha, organizado por el Partido ABC, al cual se sumaron altos oficiales destituidos y fuerzas de derecha que contaban con el apoyo de la embajada norteamericana. Observará el lector, por la fecha de los sucesos, que transcurría el mandato provisional de Ramón Grau San Martín, también conocido como gobierno de los 100 días, que nunca obtuvo el reconocimiento oficial del gobierno de Estados Unidos.

Después de los sucesos sangrientos del Hotel Nacional y esencialmente con los mismos protagonistas —“abecedarios” de derecha y una parte de la oficialidad—, continuaron las actividades conspirativas, centradas en el cuerpo de aviación, que había tenido al coronel Julio Sanguily como jefe, aunque ya no lo fuera por haber sido destituido.

El coronel Fulgencio Batista, jefe del Ejército, aun peligrosamente embozado, se mantenía al tanto de tales movimientos, al igual que el secretario de Gobernación Antonio Guiteras, también alertado y que contaba con el sostén de las fuerzas de la Policía y la Marina de Guerra. Pero los sediciosos no habían aceptado la lección del 2 de octubre anterior, en que ciertamente causaron numerosas bajas a las topas gubernamentales, y se alzaron de nuevo el 8 de noviembre, en la madrugada, cuando el cuerpo de aviación se sublevó, bombardearon el domicilio de Batista y lo mismo intentaron hacer en el Palacio Presidencial, aunque las ametralladoras de Palacio los repelieron.

La capital amaneció aterrorizada por los francotiradores, los sediciosos dominaban algunas instalaciones militares, incluido el Castillo de Atarés y la jefatura de la Policía Nacional. Pronto la situación se revirtió, el propio Guiteras dirigió las tropas del gobierno, apoyadas por estudiantes y trabajadores armados, y a partir del mediodía comenzaron a desalojar a los amotinados de las posiciones ganadas en edificios y cuarteles.

Entonces los alzados concentraron su resistencia en el Castillo de Atarés, bajo el mando del autotitulado coronel Blas Hernández, caudillo de origen campesino, bravo pero de escasa cultura y carente de una ideología definida, quien había  combatido a Machado, aceptado la Mediación del embajador norteamericano, sostenido conversaciones con Batista y cambiado más de una vez de orientación política.

Con los albores del día 9 de noviembre los leales se desplegaron en las inmediaciones de Atarés, provistos de cañones, morteros y el apoyo de los cruceros Cuba y Patria posicionados para bombardear. Lo que allí ocurrió se suele denominar como “masacre de Atarés”. Los ocupantes se rindieron en la tarde y entraron las fuerzas leales a Grau. Como cifra oficial se dio el número de 150 muertos y 200 heridos, aunque los testigos y otras fuentes afirmaron que la realidad arrojó números muy superiores de muertos y heridos dada la gran concentración de hombres refugiados en el castillo. Hubo además varios cientos de prisioneros. A Blas Hernández lo hicieron prisionero ya herido y a continuación lo ultimaron, práctica que se utilizó con otros prisioneros y fue abiertamente denunciada por la prensa.

En carta a Raúl Roa desde Nueva York, documento publicado bajo el título “Álgebra y Política” y fechado el 13 de junio de 1936, Pablo de la Torriente contribuye a desentrañar la madeja de aquellas jornadas tan convulsas y expone sus criterios:

El ABC es hermano de Batista; pero ellos son Caín y Abel (Abel era un cabrón también, desde luego). Los dos aspiran a la misma comida y al mismo premio. (…) El ABC odia a Batista porque le quitó la oportunidad de ser más vil que él. Batista odia al ABC porque, para el imperialismo, para “su padre”, el ABC, esto es “su hermano”, es —sería— aún peor que él, si pudiera utilizarlo. Por eso jamás se pondrán de acuerdo en el fondo.

Puede el lector sacar sus propias conclusiones.

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