CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

SUCESOS DE LA HABANA DE PABLO

Por: Leonardo Depestre

6 de Noviembre de 2019

Caffery llega, “ajusta” y se va

Por: Leonardo Depestre Catony

Jefferson Caffery no fue una figura intrascendente dentro del servicio diplomático norteamericano. Era graduado de la Universidad de Luisiana en Lafayette y obtuvo un título de licenciatura de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans, en 1906, ingresó en el servicio exterior en 1911 y estaba en curso la Primera Guerra Mundial cuando se le destinó  en Persia (Irán). Con posterioridad se le trajo a Washington para organizar los pormenores de las visitas del rey de Bélgica y del príncipe de Gales, fue segundo al mando en la embajada en Madrid y en 1933 sirvió por corto tiempo de Secretario Adjunto de Estado en su país.

Tal era, grosso modo, el diplomático que el 18 de diciembre de 1934 desembarcó en Cuba para asumir el cargo de embajador, en sustitución de Benjamín Sumner Welles, declarado persona non grata por el gobierno de los Cien Días presidido por el doctor Ramón Grau San Martín. Al igual que su antecesor, de inmediato contactó con los sectores contrarios al gobierno e inició su labor de zapa. Le dio garantías a Batista de que el gobierno de su país lo confirmaría al frente del Ejército y conspiró para el derrocamiento de Grau, “cometido” que al fin se consumó con la renuncia del presidente. En todo lo que vino después (gobiernos efímeros de Carlos Hevia, Manuel Márquez Sterling, Carlos Mendieta), en todo, repetimos, estuvieron presentes la anuencia de Caffery y la bota de Batista, al punto de que al último de los gobiernos citados se le denominó “de Caffery-Batista-Mendieta”, por ese orden, como prueba de la preponderancia de la palabra del embajador norteamericano en los asuntos internos cubanos.

En la edición del semanario Bohemia del 13 de enero de 1935 se lee: “El embajador Caffery se ha marchado”, en tanto la foto la foto lo muestra en los momentos en que se despedía del presidente Mendieta. “Su viaje, según ha publicado la prensa de Cuba, se relaciona con la información que va a suministrar a la Cancillería de su país acerca de los asuntos de Cuba”, asevera la nota, que en dos palabras se resume así: “Misión cumplida”.

Después a Caffery se le nombró embajador en Brasil, y cerró su carrera en el Vaticano. Recibió la Gran Cruz de la Legión de Honor de Francia y la Copa del Servicio Exterior de los Estados Unidos. Permaneció por más de 40 años en el servicio exterior estadounidense. Murió el 13 de abril de 1974.

En la correspondencia de Pablo aparecen numerosas referencias a Caffery, merecedoras de análisis. Aquí entresacamos dos:

Al lado de Caffery, los asesinos políticos del renacimiento italiano son meros protagonistas románticos. (En carta del 20 de abril de 1936 a Raúl Roa) 

Si la política de Roosevelt decide tomar otro camino en Cuba, cambiará a Caffery. Mientras Caffery esté en Cuba, puede considerarse que la Cancillería yanqui sigue en observación, sin decidir nada. Es un buen síntoma que se hable ya de su traslado. Caffery ha venido ya aquí y se ha instruido. (Carta del 13 de junio de 1936 a Raúl Roa).

 

¡Buen ojo el de Pablo!

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